“El amor”. Un poema de Ahmad Yamani

Hames Bitar y Ahmad Yamani, en la cripta leonesa de Cascalería. © Fotografía de Marcelo Oscar Barrientos Tettamanti.

Hames Bitar y Ahmad Yamani, en la cripta leonesa de Cascalería. © Fotografía de Marcelo Óscar Barrientos Tettamanti.

Reproducimos aquí uno de los poemas que leyó el poeta egipcio Ahmad Yamani en León, durante el recital que ofreció junto al músico sirio Hames Bitar al laúd árabe, el pasado martes 5 de julio en la cripta de Cascalería, dentro del ciclo “Roma en el espejo / Subterráneo de cultura”.

EL AMOR

El amor
era un solo golpe sin hacha
ni mano.
Era un balde de agua fría
donde nadan la cabeza y los pies.
Y era una cama en un hospital
y la sangre que goteaba de la habitación al baño.
El amor
era el vómito en las casas de los amigos
que corrían aquí y allá
buscando la esperanza de sobrevivir.
El amor
era hiriente como una espina en una rosa
en un jardín mojado en una casa abandonada
donde vivió un hombre solitario
y fue enterrado en una de sus habitaciones.
El amor
era la habitación.
Era el zapato que no pareció del hombre.
Era la cortina desgastada
que cubría un poco sus restos.
El amor
era la criada, del hombre solitario,
quien golpeaba a los niños intrusos
y se iba a llorar sola
más sola del dueño de la casa.
El amor
era el momento en que golpeaba a los chicos
que subían a los árboles de morera
en el jardín abandonado.
El amor
nunca ha sido el árbol de morera.
El amor
era ella
con su cara redonda y sus ojos distraídos
ella que era una vez.
El amor
era un salto desde el décimo piso
era fragmentación en el camino
y las gotas de sangre de la acera a la ambulancia.

El amor
era el delgado cuerpo que fue arrojado una vez desde el coche
era el coche que chocaba contra la farola.
El amor
era el armario cerrado
en la habitación cerrada
en la casa cerrada del abuelo.
El amor
era el cigarrillo encendido
del guardia de la casa del abuelo.
El amor
era el ladrón que iba a robar la casa del abuelo.
El amor
era la señora enferma
era el pánico de su cuerpo marchito,
sus ojos,
y los alimentos cocidos que le llevaban
El amor
era el hacha que golpeaba.
El amor
era la mano que sostenía el hacha.

Un Comentario

  1. Simonetta de la Peña

    Emocionante y desgarrador poema.Un gran poeta un saludo

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