Víktor Gómez: “La poesía no se vende porque no se vende. Escribo fuera de las lógicas mercantilistas del sistema”

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

Aprovechando el paso del poeta valenciano Víktor Gómez por León, donde el pasado 15 de septiembre presentó su último libro, “Mediodía” (Ed. Eolas), aprovechamos para hacerle esta entrevista. Las fotografías son de Pedro P. Grande (León Literario).

Por ELOÍSA OTERO

Víktor Gómez (Madrid, 1967) reside en Valencia y es autor de poemarios como ¿Bailas? Nueve aproximaciones al cuerpo (2015), Trazas del calígrafo zurdo (2013), Pobreza (finalista del Premio de la Crítica Comunidad de Madrid en 2015), la plaquette Diciembre, ilustrada por Miguel Ángel Curiel (2011) o Huérfanos aún (2010), entre otros títulos. Su último libro, Mediodía, es el primero de la nueva colección Tercer Gesto que coordina Rafael Saravia dentro de Eolas, el sello editorial del librero y editor leonés Héctor Escobar.

—Has comentado alguna vez que el título es lo primero que se te ocurre siempre, antes incluso de empezar un libro. ¿Por qué “Mediodía”?

—Es algo inconsciente, involuntario, que me viene pasando con cada libro que escribo. No tengo una idea preconcebida de temática, a veces sí la tentativa de no repetirme en lo formal, en lo que serían gramáticas de la creación. Me pasó con “Mediodía”, al igual que con “Pobreza” o con “¿Bailas? Le dijo la soga al ahorcado”. Esa palabra o frase me vienen siempre en un estado de duermevela, o previo a dormirme, en un umbral donde el yo se va diluyendo y aparece como una nota musical, como una imagen, según los casos. En el caso de “Mediodía” yo llevaba como tres meses reabsorbiendo y encajando qué era ese libro recién publicado llamado “Pobreza”, intentando comprender que había ahí fuera de mi control, de mi consciencia, y reflexionando sobre la devolución de lectores, sus impresiones. Estando en la cama, a la hora del yoga ibérico, me vino muy potente la palabra, “Mediodía”. Me levante de la cama y abrí un archivo (yo trabajo siempre con varios archivos abiertos a la vez) que titulé Mediodía, sin saber qué iba a ir entrando en él. A los pocos días, aún sin textos, sentí urgencia por reflexionar por el “entre”, por lo que ocurre justo antes de tomar un cambio de dirección vital. Pero cuando me puse a escribir, no habló un yo poético, sino muchos, y esa es la primera parte o fase del archivo Mediodía, llamada Intermezzo.

—En este libro hay una presencia femenina plural, y una crítica del patriarcado. ¿Por qué? ¿Son mujeres reales las que se escuchan aquí? ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de este poemario?

—Al recapitular un tiempo después los textos de Intermezzo, detecté que se habían filtrado emociones, visiones, reflexiones, de conversaciones con amigas, conversaciones de la vida corriente, de la intrahistoria de las mujeres de mi tiempo. Y caí en la cuenta de que más allá de lo teórico, en la praxis, el Patriarcado es extremadamente deshumanizador, violento, injusto y productor de daños sistemáticos y realidades alteradas en las que el 50% de la población humana está siendo maltratada, desde una desigualdad camuflada a la violencia de género más mortífera o daños psicológicos gravísimos. No porque en las conversaciones (con algunas amigas) salieran estos temas específicamente. La cosa fue así, observé que cuando una mujer tiene un conflicto, problema, enfermedad, daño, y tiene que afrontarlo, su manera de primero verlo, valorarlo y luego actuar, así como la respuesta social o familiar o laboral a su defensa de la vida digna, es muy distinta a la de mis amigos varones, o incluso a mí mismo. Lo vi en lo más básico, afectivo o práctico, de sus vidas, y subiendo la escala, en testimonios de terceras personas, conocidas o no. Así que fue como abrir los ojos y ver. Ya no es una cuestión teórica o ideológica para mí repudiar del patriarcado y luchar por abolirlo en mí mismo primero, en mi vida cotidiana e intima, en mi escritura o en mis intervenciones públicas en último término, sino de ayudar a hacer visible la ferocidad y ignominia del patriarcado, sostén del capitalismo y la mayoría de los neofanatismos religiosos o ideológicos, hacerlo visible, y empezar a cambiar uno, pero no sólo, sino con ellas y con ellos, con la comunidad, pues no veo solución al Patriarcado en clave de guerra de sexos tanto como en una comunidad en la salud de los vínculos transgénero.

En los poemas, de manera oculta (en clave hermenéutica) o visible, hay un predominio de voces de mujeres; desde sus autenticidades y singularidades los textos han procurado ir de lo biográfico a lo universal, pues es ahí donde nos la jugamos, donde podemos empatizar, donde debemos “abrir los ojos” pese a que en el mediodía (ese “entre” de imprevisible avance) suele ser la luz cegadora. Por ello, quizá, no sólo haya que ver con los ojos, sino con todos los sentidos, intuición y máxima atención al otro/a. Salir de sí, salir de sí es también un “entre”, un mediodía; empatizar, simpatizar con una ella o un él, es también una suerte de extrañeza, de riesgo, de fortuna, qué sólo supe dejar fluir en los poemas, con ese no saber sabiendo, con esa incompletitud del lenguaje y límites de nuestra conciencia.

—¿Por qué escribir poesía para hablar sobre el patriarcado? ¿no sería mejor escribir un ensayo?

— Creo que lo uno no anula a lo otro, ni lo sustituye. Habrá que escribir ensayos (quien sepa), poemas, obras de teatro, artículos de prensa, charlas en aulas, barrios, centros de trabajo… yo soy un poeta autodidacta, con inmensas lagunas en el campo teórico y del conocimiento. Un poeta que aún está en la fase primordial de aprender a leer (con la profundidad y criterios sustanciales) y a escuchar-ver, que es ciencia bien difícil y sin la cual nadie va a legar textos de interés perdurable. Literatura y ensayos feministas los hay muy variados, más o menos acertados, algunas autoras para mí son imprescindibles: Clarise Lispector, Simone de Beauvoir, Juana Inés de la Cruz, Safo, Judith Butler, Paul B. Preciado, Concha García, Susan Sontag, Julia Kristeva, Teresa de Cepeda y Ahumada, Guilles Deleuze, Francis Foucault, etc.,

—Algo que aparece en este libro es la idea de que escribir poesía es escribir a la intemperie… ¿Puedes ahondar más en esto?

—Hay muchas razones para escribir, y muchas maneras de entender la función social y cultural de la poesía. Hablando por mí, como lector en ciernes y como poeta de tentativas libertarias, emancipadoras, sanadoras, interrogativas, advierto dos grandes grupos de escritores: los que escriben desde el Poder que otorga el Sistema Capitalista y la Industria Cultural light, el pensamiento único, etc., y los que buscan como pueden y saben romper con esos discursos hegemónicos que priorizan el tener al ser, el poder a la convivencia horizontal y armoniosa, el consenso de los apaciguados y “normalizados” al disenso creativo y complementario de las singularidades en respetuosa lid por un mundo heterogéneo y justo, los que abogan por el progreso y modernidad a la máxima velocidad y rendimiento inmediato y los que piensan en “verde” por la sostenibilidad del Planeta. Cuando escribes, como es mi caso, fuera de las lógicas pragmáticas y mercantilistas del sistema, e incluso fuera de cualquier bandera excluyente, sea del signo que sea, cuando vas “por libre”, estás escribiendo desde la intemperie. No te adscribes a ningún grupo en concreto de poder o contra-poder, tienes afinidades, identificaciones, pero no eres dogmático, no eres sumiso, y eso es vivir un nomadeo, vivir a la intemperie. Unos y otros no te reconocen, en principio, como “uno de los suyos” así que navegas en solitario. No estoy diciendo que mi escritura sea mejor o peor que otras. Eso no lo puedo saber. Ni si mi escritura me sobrevivirá, tampoco lo sé. Sólo sé que soy lo que escribo y escribo desde donde soy, interiorizando de unas y otras personas lo que me parece sanante para la vida y la convivencia. Escribo para la salud de los vínculos, y esa salud depende, entre otras cosas, del respeto, libertad, autonomía y amor por ambas partes.

—También es éste un libro “abierto a la escucha”, a otras voces…

—Escuchar y leer son básicos en la formación de una persona que quiera ser sociable, que desee el bien común, que apueste por una poesía que mire al mundo, lo abrace, sea compasiva y no destructiva o falazmente neutral. Escuchar y leer es darse la oportunidad de conectar con una realidad muy superior al individuo. La realidad del Uno. Creo que lo que llamamos Universo es un Uno, y nosotros, siendo una parte brevísima e ínfima de ese uno, albergamos en nuestra esencia, genética, mental, todos los elementos conocidos del Universo. No somos los dueños de nada, ni de un terruño, ni de un país, ni mucho menos del planeta. Somos huéspedes, deberíamos ser agradecidos, hospitalarios y responsables. No la propiedad, sino el uso, es lo que debería primar, de bienes y servicios, de viviendas, espacios públicos o privados, del conocimiento, de la información. Sin tener acceso al conocimiento e información escuchar y leer es incompleto y estamos en manos de las Multinacionales, verdaderas personificaciones de la Hydra griega o de Legión, esos demonios de la mitología judía.

—¿Qué es para ti la poesía, cómo llegas a ella?

—La poesía para mí es escritura creativa. Y dentro de las escrituras creativas heterodoxas hay muchas formas de ver-enunciar, que diría Foucault, y que responden a cada época y lugar. Para mí la poesía es lo que emerge de lo más hondo de lo más hondo del ser humano, algo misteriosamente relacionado con la espiritualidad y la consciencia, y que por ello se manifiesta dentro de una estética que es una ética bajo la forma artística, donde la razón que siente, la intuición, la imaginación, el deseo y la insurrección se manifiestan en textos artesanamente elaborados y bellos, incluso cuando abordan los temas más dolientes de la condición humana. Es el caso de Emily Dickinson, Clarise Lispector, Antonio Gamoneda, Blanca Varela, Antonio Méndez Rubio, Julieta Valero, Tomás Sánchez Santiago, Anna Ajmatova, Esther Ramón, Arturo Borra, Benito del Pliego, Laura Giordani, Teresa Soto, Eduardo Milán, Yaiza Martínez, Pedro Montealegre, Daniela Camacho, Forrest Gander, Alejandra Pizarnik, Paul Celan, Juan Soros, Marta Agudo, Olga Muñoz, María Auxiliadora Álvarez, Soledad Fariña, María Salgado, José María Gómez Valero, David Eloy Rodríguez, Ana Cristina Cesar, Luz Pichel, Chus Pato o Daniel Bellón. Todos estos poetas y otros abordan lo más importante y a veces doloroso, pero su escritura produce un placer estético, una liberación de endorfinas y la posibilidad de enfrentarse a los aspectos más conflictivos de la vida, con conciencia intensificada y energías renovadas que permiten resistir e insistir en las utopías practicables.

—¿Es para ti la poesía una forma de escritura autobiográfica?

—Sí, bajo mi proceder, en sentido derridiano. No porque uno necesite hablar de lo que ha comido hoy, o de cómo lo pasó el fin de semana, o de si le duele una muela. Sino porque aborda (al haber interiorizado las problematicidades de la existencia humana, de los conflictos y de los deseos, de las necesidades y de los agravios) en su escritura desde su yo lo que escucha-ve, lo que más le duele o más desea. No hablando de tu yo, sino desde tu yo, cuando éste ha sido enriquecido y removido por las vidas de otros, las lecturas, viajes o contactos con la naturaleza o la civilización (bastante incivilizada).

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

—¿De qué se tiene que defender la poesía en estos tiempos que corren? ¿La poesía es política? ¿Qué papel juega la política en la poesía, que no viceversa?

—En primer lugar la poesía se ha de defender de los poetas, tantas veces vehementes, intransigentes, malos competidores, letraheridos o seducidos por esa estulticia de la fama, el reconocimiento, la egolatría. Los poetas que buscan la discordia, que practican la hipocresía de defender unos valores con sus palabras y otros con su corazón, que dividen a la constelación de poetas heterogéneos pero con conciencia anticapitalista y antipatriarcal, esos son los que más daño hacen a la poesía, y a la ciudadanía. Son los menos, pero hacen mucho ruido y daño. Y también la poesía se ha de defender de la publicidad, la propaganda y el dogmatismo, de la retórica torticera de los comerciantes de humo, de las usurpaciones que hacen del lenguaje y las palabras los taimados y sátrapas, los impostores, los asesinos. Me interesan las praxis poéticas que remueven el lenguaje, lo cuestionan, horadan en busca de su esencialidad, desarticulando los simulacros y artificios de los que se valen los charlatanes mediáticos. También se ha de defender de la banalización del pensamiento y escritura poética. “La poesía no se vende, porque la poesía no se vende” sigue siendo para mí una regla de oro a la hora de leer y de intentar escribir. Por eso leo a Ildefonso Rodríguez, Valerie Meyer, Miguel Suarez, Mercedes Roffe, Raúl Zurita, Olga Novo, Victor M. Diez, Pilar Fraile Amador, Maurizio Medo, Ko Un, Paca Aguirre, Félix Grande, César Simón, Martha Asunción Alonso, Lucía Boscà, Juan Carlos Pajáres, Patricia Esteban, Alba Ceres, Carmen Beltran, Angela Segovia, María Delgado, Enrique Cabezón, Rocío Cerón, Ambar Past o Ernesto García López, por citar a otros pocos. Todos los poetas, escritores o pensadores, mencionados hasta ahora son mis maestros involuntarios. Ellos son mi fuente de resistencia, mis mudos interlocutores los ya ausentes, mis vivos conversadores los aún presentes.

—Has promovido libros corales como “Por donde pasa la poesía” (Ed. Baile del Sol, 2011), una antología que constituye toda una defensa de las singularidades de la poesía española actual. Esta antología surgió a partir de una polémica con una serie de poetas de la experiencia que, enarbolando su necesidad de “poesía entendible”, una vez más arremetieron contra Gamoneda, al que acusan de “oscuridad y hermetismo”… Háblanos un poco de todo esto… 

—Sobre la vieja disputa del intento de definición por dicotomía de si la poesía debe ser un lenguaje claro ú oscuro, culto o popular, hermético o sencillo, he llegado a la vivencia y por tanto convicción de que sólo hay dos grupos de poesía: la que me aporta y enseña, y la que no me aporta nada. En ese sentido, uno de los que más me ha aportado, sin duda, es Gamoneda, pero también en otra línea muy distinta, El Colectivo de la palabra itinerante, David, José María, Carmen, Alberto, Juan Antonio, etc., con poéticas que conjugan maestría expresiva y verbal con una accesibilidad rápida por parte de cualquier lector, aunque sea lego. Antonio Méndez Rubio y Enrique Falcón fueron mis primeras lecturas con conciencia crítica y política del lenguaje, con aprecio por la diferencia, por la auto-exigencia y por ciertas hermenéuticas adscritas a las poéticas no domesticadas, osadas y experimentales, vanguardistas, postvanguardistas, o para ser más exacto, a lo que es para mí la poesía que me aporta: aquella que crea, no copia, aquella que profundiza, no es superficial, aquella que es auténtica, no una impostura. De los neobarrosos a la que se llamó poesía del silencio (qué malas son las etiquetas, no ayudan más que para generar disputas de idiolectos, como decía Barthes), de las escrituras más sucintas y desnudas, a las más densas y extensas, acumulativas, pienso en Antonio Porchia o Juarroz en sus aforismos verticales, hasta Reynaldo Arenas, Ana Gorría, María Ramos o Roger Santibañez, desde Safo a Lorca, hay poesía que te remueve y pellizca, y pellizca justo donde debe, y te hace saltar de la silla (sedación, inmovilidad) y tiene múltiples maneras de exponerse como se puede advertir en Por donde pasa la poesía, libro coral, que no antología (no practico ni sigo las antojologías, salvo alguna muy singular excepción), que edite junto al librero y activista cultural Miguel Morata.

—¿Por qué alguna gente escribe claro y diáfano y otros optan por la dificultad? ¿Crees, como decía Jean Genet, que “la oscuridad es la cortesía del autor para con el lector”? ¿Por qué optas tú por una especie de “oscuridad”, si se puede decir así?

—Derrida habla de hospitalidad con el lector, cuando un texto es, como decías, “oscuro”, término en sí dudoso, ya que es oscuro para algunos y preciso y claro para otros, según lo que se busque en la lectura. Suele ocurrir que cuando leemos buscamos en los textos de otros modelos de escritura compatibles con nuestras preferencias y alcances, huyendo del esfuerzo de salir de sí, e ir a la intemperie de un texto con otras claves y propuestas, que compartamos o no, parcial o totalmente, en cualquier caso nos van a enriquecer y abrir la mente. La hospitalidad del llamado texto oscuro, difícil, extraño, hermenéutico, es que el lector acaba de completar el sentido, la (in)utilidad, la experiencia estética y emocional o intelectual, dándole al poema una dimensión mayor, una solvencia en la propuesta de dialogo y crecimiento mutuo, lector-escritor, es decir, comunidad, polis. Se facilita así una posible amistad, y una devolución al escritor, que en un texto cerrado, claro y sin posibles complementaciones del lector no se daría. Es la diferencia entre un “sermón” y un poema. Entre un programa electoral de un partido político a la vieja usanza y Los cantos de Maldoror. En mis inicios, fue el gran poeta Julio Obeso, una persona que me animó en mis tanteos y búsquedas de una voz poética propia, más allá de los modos hegemónicos, previsibles o convencionales. Justo él, cuya voz es una de las más singulares en el desarrollo de una imaginación y belleza expresiva sanadora. Julio me animaba, en contra de la opinión de otras personas en aquellos comienzos cercanas, que les parecía que me perdía, que erraba en mi intento de abrir una trocha propia. Eran los años 2003-2005.

—Aquí te voy a lanzar dos preguntas propuestas por Tomás Sánchez Santiago. La primera es esta: “A pesar de que aceptas que el lenguaje oscuro es, en tu caso, el lenguaje natural del poema, tengo la sensación de que en Mediodía hay una tensa convivencia entre hermetismo y explicitud: el poema puede presentarse como oscuro pero tu discurso es explícito. ¿Lo ves tú así?”

—Lo ven así otras lectoras a las que admiro y llevo años siguiendo como lector, sea el caso de Julieta Valero o Pilar Fraile. Parece que tú mismo lo ves, y yo desde luego lo trabajé durante la parte de montaje y ajustes del libro. La simultaneidad o superposición antes que la dicotomía o la antítesis. Así intenté proyectar los poemas de Mediodía. Al igual que creo que el deseo y la insurrección son dos partes de una misma ciencia, la ciencia de resolverse en ser humano orientado a la dignidad y el goce, la compasión y la creatividad, la convivencia y la soledad. En Mediodía, también en Pobreza, la escritura es en cada texto fiel a lo que el cuerpo me demandaba, porque la mente es el cuerpo, y la experiencia de vida y de lectura me llevan a las identificaciones antes que a formar una identidad, a lo líquido, antes que a la roca, al nomadeo, antes que al asentamiento.

—Segunda pregunta de Tomás: “En tu poesía hay una implicación del pensamiento en el lenguaje que lleva al poema a estratos profundos. Es como si formara parte del lenguaje también aquello que uno piensa y no estaba destinado a decir…”

—Supongo que sí. Ojalá. Eso lo puede decir más bien el lector. Me agradaría que así fuera. Eso leo y busco yo en otros autores que leo, como Julia Castillo o Rafael Cadenas. Desde luego yo sé bien poco, de algunas cosas, y quisiera pensar que mis poemas saben algo más que yo de la vida y sus afanes, del lenguaje y sus conflictos, de lo político y lo íntimo.

—Llevas algún tiempo preparando una antología muy especial de poesía mexicana, en la que habrá muchas mujeres. Cuéntanos un poco cómo estás trabajando en este proyecto… 

—El proyecto mexicano es fruto de un enamoramiento. En mayo estuve una semana en Toluca junto a Rafael Saravia (amigo y una de las personas que más me ha ayudado a comprender la gestión cultural y la generosidad como praxis natural) y Cecilia Quilez (poeta que ha desarrollado una singular exposición de la lírica votiva como ejercicio libertario y emancipador del patriarcado y que también me ha enseñado a moverme en el campo de la gestión cultural), conocí un poco sobre el terreno la cultura mexicana, su riqueza, variedad de registros y circunstancias, su hospitalidad con los extranjeros, muy especialmente con los españoles.

Y pensé que era una oportunidad y una exigencia, una necesaria devolución, indagar y exponer al público español las cinco orillas de la poesía mexicana. El libro coral, que no antología, se llama Constelaciones: las cinco orillas. Y eso responde a cinco grupos de escrituras que se dan en México:

  • Los poetas nacidos en México y residentes
  • Los poetas nacidos en México y exiliados
  • Los poetas no nacidos en México y residentes
  • Los poetas de los Pueblos originarios
  • Los poetas de la frontera EE.UU-México

Ni que decir tiene que dentro de cada uno de esos grupos hay una compleja variedad de estilos y autores, temáticas y generaciones aún vivas, que ralentiza el proceso de selección, pero que pretende demostrar la hipótesis de que la poesía no es una sino una multiplicidad de multiplicidades, algunas yuxtapuestas, otras diametralmente opuestas y otras complementarias y que sólo la suma de todas las singularidades puede concebirse con La Poesía, inabarcable e indefinible, prácticamente. Nos desborda, como la vidamuerte misma.

En este proyecto me están ayudando y orientando especialmente Daniela Camacho, Ivett Tinoco, Benito del Pliego y también algunas personas más. Espero que para el 2019 este terminado y se pueda presentar en España y en México. Recogeremos a no menos de 35 poetas. Y cada uno con 20 páginas de textos, para que se pueda alcanzar su techné y su aura, que diría Benjamin.

—Sobre tu labor como editor y director de alguna colección de poesía: ¿Por qué diriges una colección de poesía? ¿Cuáles son tus criterios para la selección de autores, qué te interesa, qué tipo de catálogo te gustaría que se fuera componiendo con el tiempo?

—Dar la voz de otros al público, compartir hallazgos, textos sanadores y activadores de la conciencia, de la compasión, del goce de la lectura humanizadora. Sacar a la luz poéticas en fuga de esa carnicería e índice de arrase que es la cultura masiva y banalizada. Edito y divulgo libros para compartir con la gente libros que a mí me ayudan a mejor vivir y convivir. Me interesan los libros que llevan cargas de profundidad de amor a la vida digna, a las utopías practicables, a otros modos de entender lo social, lo político y lo íntimo. Libros que liberen. La libertad, como buscara Cervantes a través de su D. Quijote o Gamoneda de su obra, o la ya mencionada también Emily Dickinson.

Con el tiempo espero que el catálogo de libros publicados en mis colecciones no se conozca o reconozca tanto por el nombre de sus autores como por las apuestas poéticas, vivaces, creativas, que confluyen en el Caudal de las poéticas que durante siglos han ido alimentando a tantas personas deseosas e insurrectas de una vida mejor, del Bien Común. Así, la Colección ONCE de poesía y ensayo, que co-dirijo con el gran Javier Gil Martín (parte inteligente del tándem) en la editorial Amargord, donde quisiera por ejemplo sacar lo próximo que publique Laura Giordani en unos años (poeta a la que admiro por como conjuga lo profundo y espiritual con lo cercano y claro, dando como resultados poemas, textos de una belleza y verdad incontestables. Lo mismo, aunque el estilo sea distinto, podría decir de Lola Andrés), o la próxima colección de libros de Estudios Culturales (ensayos) llamada Nuevos Mapas para el Siglo XXI y que se inicia con un maravilloso texto de Gabriel T. Chalk: “Canibalismo textual” y que junto a otros 3 títulos aún por determinar aparecerán en abril-mayo del 2017. Espero poder contar con autores como Sarah Martin, Ricardo Potchar, Yaiza Martínez, Ana Alonso, Antonio Méndez Rubio, Ivett Tinoco, Vicente Gutierrez, Ernesto García López, Amelia Gamoneda, Gema Polanco Asensi, entre otros y en materias tan dispares como la física teórica, la poesía, la filosofía, la biogenética, etc., la antropología cultural, las nuevas tecnologías, los asuntos sociales vistos desde la medicina o la asistencia profesional, periodismo, matemáticas, etc., Esta colección está dentro del prestigioso sello editorial Grupo 5 y contará con un Consejo Editorial de 33 personas de muy variados campos del saber científico, tecnológico y artístico.

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León, acompañado por los poetas Víctor M. Díez y Eloísa Otero. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

Víktor Gómez durante la presentación de su libro en El Gran Café de León, acompañado por los poetas Víctor M. Díez y Eloísa Otero. © Fotografía: Pedro P. Grande / León Literario.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

  1. CRACIAS AMIGO VIKTOR, ERES TODO UN GENIO, PUES DEJAS EN ESTE ESCRITO,, MUCHSA RAZONES PA SERLO., QUE SEPAS QUE ESTOY DE ACUERDO, QUE TODO EL QUE NO ESTE DENTRO , DEL SISTEMA ESTABLECIDO, NO SERA BIEN RECIBIDO, POR LOS QUE CONTROLAN ESTO, , Y A LA HORA DE VENDER LIBROS.,, LLEGARAN POCOS INGRESOS.

    ANGEL ARROYO

  2. Pingback: Poemas para el Día Mundial de la Poesía -

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