Muralismo en León

Graffiti en el barrio leonés de El Crucero, en la zona donde estuvo el paso a nivel, en la calle Doctor Fléming.

Por SALVADOR ARMESTO

Miré los muros de la ciudad mía. Miré estos muros de León, la ciudad mía, condenados a vacíos agónicos, que consolidan la identidad mediocre y conformista de la urbe, sin aflorar en ellos nada más que el castigo del tiempo. Y siento que la desolación que impera contradice la retórica capitalina, traiciona su historia y claudica del futuro. León se ha automarginado de uno de los hechos artísticos que más han contribuido a transformar radicalmente otras capitales contemporáneas: el graffiti, muralismo realmente, urbano.

Si hay un arte público propio de los siglos XX Y XXI este es el muralismo urbano. Desde hace cien años pequeños o grandes dibujos sobre pequeñas o grandes paredes, obra de pequeños o grandes artistas, han tatuado la piel de innumerables ciudades, grandes o pequeñas. En León no. León se mantiene impoluto, triste, desdibujado y solo. Salvo por los vandalizados murales del maestro Manolo Sierra, el muy poco afortunado intento de gentrificar los alrededores del más que futuro, fantacientífico, Palacio de Congresos y unos depósitos de agua en Cantamilanos que resisten con cierta dignidad el paso del tiempo. Y alguna otra cosilla suelta o semiescondida.

No sé las razones de tan poca actividad, no puedo explicarlas. Sin embargo, aquí al lado, en La Bañeza, quizás porque el espíritu lúdico y festivo de sus gentes lo propicia, la ciudad se ha transformado gracias a sus muros en un festival de color, creatividad y sorpresa. Eso que ganan ellos. Pero porque se lo han trabajado. El Festival Art Aero Rap que organizan todos los años quizás sea uno de los más importantes de España es este campo artístico. También es cierto que gracias a esta inercia o dejadez autocomplaciente León se ha librado, gozosamente, de tener un mural en exteriores de Vela Zanetti. No hay mal que por bien no venga. Opinión mía.

Depósitos de agua de Cantamilanos, en León, intervenidos por Salvador Armesto.

Lo que importa ahora es que ese mal no dure cien años más. Y no es responsabilidad, en este caso y en estos tiempos de desolación económica, de la autoridad municipal y espesa poner remedio a esta desertización pictórica. No. Las medianerías tienen dueños. Sobre ellos cae la responsabilidad de su desidia. Y el reto de ponerle remedio. No es mucho más caro sanear y pintar una medianería de blanco que enriquecerla (enriquecerla, no empoderarla, seamos serios) con un dibujo.

Los propietarios o comunidades en algunos casos se podrían acoger al Plan de Rehabilitación Integral de Vivienda de Castilla y León o ARI’s o similares (y si no fuera así dichos planes se deberían replantear). En entornos no protegidos urbanísticamente no hay que descartar el patrocinio privado. El arte puede maridarse (oh, dios mío!!!, maridarse) con la publicidad sin tener que ser complaciente o meramente decorativo.

Podría ser que también las empresas de restauración de fachadas tengan su parte de responsabilidad en el asunto al no proponer más que pintura plana para estas superficies. Quizás (quizás, quizás…) unas jornadas dirigidas a empresas y propietarios sobre el tema del muralismo urbano propiciadas por alguna de las instituciones locales, ayuntamiento, MUSAC, ILC…, contribuirían al necesario encuentro entre artistas, empresas del ramo y comunidades de propietarios.

Por descontado, la prensa también tiene su función. La difusión y el apoyo que la prensa y otros medios puedan prestar, mas allá de la polémica, a estas iniciativas y artistas contribuye a crear el clima necesario, el sustrato, para que esta actividad, necesaria e ineludible prospere y llegue al público, expandiendo el fenómeno. Lo que si esta en conflicto con el arte, con la vida y con los tiempos en que vivimos y con el renacimiento visual y plástico de esta ciudad nuestra es la pasividad. La nuestra. Así que un poco de perrea no vendría mal.

La ciudad de León no es solo la catedral y las ruinas romanas. No es solo memoria antigua del arte. Tiene que seguir siendo y produciendo arte. Arte público. Arte Contemporáneo. No vaya a ser que con poner cristales de colores en la fachada del MUSAC demos por agotado el cupo.

Por no hacer esta diatriba demasiado extensa acabo mencionado solo algunos de los muchos nombres y talentos que, de tener los medios y la oportunidad, contribuirían a desterrar la tristeza de los muros vacíos de esta ciudad del poniente peninsular, sin demérito de nadie no nombrado: Carlos Cuenllas, Caetano Cae, Luis F. Sanz, Manuel García Juan, Pablo García, Alejandro Sáenz de Miera, Javier Largen, Rafa Murciego, Graciela Fernández, Laura GBécares…. y todo aquel que tenga ganas y quiera moverse.

Cada pared vacía aprisiona el espíritu de un trabajo pictórico nonato. Cada pared vacía es una lápida. No hagamos de nuestra ciudad un cementerio. Cuanto mejor caminar por nuestras calles mirando al alto que mirando al suelo. Ahh!!!, donde dije medianerías digo cierre metálico de comercio o garaje y cualquier superficie mas o menos plana y vertical a pie de calle y tan amigos.

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* Salvador Armesto es artista de varietés y gran vedette culturalista.

Mural contra la violencia machista, en la calle esquina de la calle Ramón y Cajal con la calle Renueva, recién terminado por el pintor Manuel Sierra en 2015. La pared es propiedad de una comunidad de vecinos que dieron su consentimiento para pintarlo.

 

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