Mercedes Herrero: “¿Por qué se van los jóvenes y qué pasa con los que hemos apostado por esta tierra?”

Mercedes Herrero, directora de Pez Luna Teatro.

“No sé si (los responsables públicos) saben lo lejos que nos tienen, no sé si estamos en el mismo territorio donde están ellos…”

“Palencia y Castilla me duelen porque hay una falta de reconocimiento a los hijos y las hijas de aquí…”

“Actualmente, lo más vergonzoso es la cuestión de la emigración que asalvaja al ser humano”

Seguramente no hay un mejor actor ni una mejor actriz, hay caminos…”

 “A los jóvenes (actores) les diría: trabaja y no esperes jamás una llamada” 

Por ISAAC MACHO

Mercedes Herrero es la última actriz premiada por la Unión de Actores y Bailarines de Castilla y León como mejor intérprete femenina 2016 por su personaje en Acunar al viejo árbol. Optimista, pero no ciega ni loca, la directora de Pez Luna Teatro critica a los responsables públicos que dejan escapar a los jóvenes actores de la región y tampoco comprende cómo desatienden a los profesionales de las artes escénicas que han decidido quedarse. Como ser humano, le sonroja el tema de la emigración y reivindica su papel de creativa frente a la tarea de la gestión, papel “forzoso” para el que nunca se sentirá preparada.

—Actores y actrices suelen decir que el teatro es el máximo altar al que aspiran en su carrera profesional, pero lo cierto es que cuando les ofrecen trabajo en una serie de televisión o en el cine, lo dejan todo…

—Hay gente a la que le enamora la cámara, ¿por qué no? Desde luego tiene su belleza, aunque no es mi caso, evidentemente. El cine nunca podrá tener la comunicación que tiene el vivo, el contacto con el público, la respiración, el instante, ese veneno… El teatro es vértigo, es abismo. El precipicio del cine o la televisión supongo que será diferente.

—¿Vivimos tiempos de confusión?

—Sí y grandes… De confusión y de deshumanización. Me parece que respiramos un tiempo de mucho ruido porque vamos a echar al caldero la palabra supervivencia que significa comer. Entonces, ante una necesidad tan básica, como es comer, pagar el alquiler, el agua, la luz, etc., mantenerte en el oficio es convivir con el caos y puede que te salten los valores por los aires. Llegas, incluso, a olvidar los comienzos y aunque los recuerdes tienes que pelearte con tus contradicciones porque, al fin y al cabo, la palabra que emerge es supervivencia. ¿A dónde vamos si no caminamos hacia lo de antes y lo de ahora es caos?, ¿qué estamos construyendo? Dicen que los conflictos humanos ayudar a crecer, que se medra con las crisis, pero no tengo claro hacia dónde va la prosperidad.

—¿Cómo son las relaciones entre profesionales, compañías y autores?

—Están por sembrar. Me tengo por una persona positiva y pienso que se puede plantar mucho. Si en esta Comunidad hace años que no hay un Congreso de Artes Escénicas, seguramente, eso puede que sea porque no hay deseo, porque quizá haya que limar… porque vivimos en el capitalismo y el capitalismo es comercio, comprar y vender y eso cobra un espacio importante de cómo puedes estar junto a… para que las relaciones sean sanas y la creación amplia. Habrá que descubrirlo. Considero que no se dan esos vínculos pero sería necesario.

—Isabelle Huppert escribía en el manifiesto del Día Mundial del Teatro que el teatro “siempre renace de sus cenizas”. ¿La frase todavía tiene actualidad?

—De todo el manifiesto de este año, esta es la primera frase que he subrayado y solo he subrayado dos. Me parece certera. La verdad es que estoy cansada pero es que “renacer de las cenizas”… ahora hay más cenizas que nunca. Veo muy lejano disfrutar de un teatro con mayúscula. Hay mucho espectáculo en su connotación más negativa, hay mucha popularidad rápida, hay mucho tuiterismo en el sentido más desfavorable… Se han matado los procesos. Por tanto, si el teatro tiene que renacer de sus cenizas, que renazca, ¿por qué no?

—Huppert también sugería “que las personas que nos gobiernan tengan en cuenta los beneficios inimaginables del teatro”. En Castilla y León, ¿la frase hace reír o llorar?

—A unos nos hace salir corriendo de aquí. Muchos compañeros se han ido, otros nos mantenemos. A veces, para no sufrir, yo me dedico a trabajar de sol a sol como una hormiga y a proponer desde la acción. Mi opinión es que no tenemos que llorar pero ponernos serios sí, por supuesto.

—¿Propondrías algo a los responsables públicos?

—La realidad es que no sé cómo se puede y debe dialogar con ellos. No sé, incluso, si debo decirles algo… Me gustaría saber cómo abren la puerta, cómo hay que llamarles, dónde está su deseo de escucha. La verdad es que no sé dónde está su capacidad de ver lo que la sociedad se pierde, lo que la sociedad nos estamos perdiendo, la lejanía que ellos están provocando por esta falta de alimento humano que están teniendo. No sé si saben lo lejos que nos tienen, no sé si estamos en el mismo territorio donde están ellos, tan lejanos… No sé si sienten algo, si sienten que no estamos y si estamos pero no estamos… La realidad es como si estuviéramos yendo en dos direcciones diferentes. Yo les preguntaría si quieren saber algo. O ¿es tan fuerte su deseo de otras cosas que realmente no quieren? Porque si es tan fuerte el deseo de otras cosas no vamos a poder, ¿eh? Sencillamente porque ellos están ahí, en la cúspide.

—Se les podría echar…

—Pues no lo sé… yo como creadora puedo crear… me gustaría saberlo porque para mí es muy ciega su labor.

—Si el teatro muestra la realidad, ¿hay alguna explicación para que en Castilla y León no haya textos que recojan ese distanciamiento entre los poderes públicos y la sociedad?

—No sé si esa circunstancia se produce en el resto de España, no lo sé…

—Pero aquí sí es cierto que no existe esa crítica…

—Yo creo que tiene que ver con un movimiento social más amplio. Aquí hay un proceso vital que se llama público y el público es la sociedad que quiere escuchar en el arte. Hay que tener en cuenta que la sociedad tiene mucho poder porque acepta una determinada modalidad artística muy concreta. Otra cosa es cómo hemos llegado hasta aquí. Yo creo que sí hemos tenido años en este país en los que se demandaba otro concepto teatral, pero ahora es como que hay otra forma de definir el concepto general como de no querer saber, de no querer oír… En el momento actual considero que están empezando a surgir personas que quieren ver algo más, que no son tontas, que pueden ver y ser felices también. Son conscientes de la realidad en la que viven y pueden no deprimirse, ¿no? Quiero decir, hay como un mundo que solo nos cuenta alegrías, ¡ju-ju! ¡ja-ja!, todo está bien… Es tan superficial que yo creo que en un momento dado tendrá que explotar de tanta superficialidad. Entonces podremos contar lo que pasa. Es la historia, un poco, de lo que sucede con nuestro espectáculo Acunar al viejo árbol. Cuando un programador cultural dice que es muy interesante lo que contáis y es vital pero es que no sé cómo encauzarlo…, entonces, ese no sé cómo encauzarlo hay que entender que quiere decir que es como si hubiese que tener algo especial para hablar de… hay como un miedo a hablar de lo humano, como si no confiáramos en lo que el otro es capaz de escuchar, reflexionar y encauzar… Es como si quisiera decirnos que los seres humanos somos tontos, que nos van a deprimir porque alguien nos enseñe algo, como si no estuviéramos viendo la vida, ¿no?

Una escena de “Acunar al viejo árbol”, espectáculo por el que fue premiada Mercedes Herrero. Fotografía: Gerardo Sanz.

—Ya que hablas de Acunar al viejo árbol, ¿este espectáculo es un llamamiento para romper con la hipocresía?

—Claramente, aquí sí se nota que estamos en Castilla y León. Estamos todo el día con el grito en la boca del envejecimiento pero no queremos hablar de los viejos, con todo lo bueno que traen los viejos y lo malo. No queremos hablar del problema que conlleva el hecho de que la gente envejece y que hay que cuidar a los mayores, que la gente está sola, sobre todo, los que viven en los pueblos… Hay dos cuestiones de las que la gente de esta Comunidad no quiere hablar a pesar de contar con una gran presencia: el mundo rural y las personas mayores. ¿Por qué no queremos hablar de ello? Por qué queremos hacerles la foto y decirles ¡ay, mi viejito!, ¡cuánto te quiero…! Es curioso lo que sucede en esta Comunidad: aquello que más nos duele nos negamos a ponerlo en valor. Es muy frecuente, igual que con los jóvenes…

—Eso se llama mirar para otro lado

—Pero, ¿a dónde miramos? Porque, a ver, si miramos hacia dentro, hay un sentimiento como de baja autoestima de lo que somos pero, sin embargo, queremos salir en la prensa, figurar en grandes acontecimientos… Me pregunto, ¿qué es Castilla?, ¿qué pasa con los que hemos apostado por esta tierra?, ¿por qué se van los jóvenes?, ¿quién nos responde a estas preguntas?, ¿por qué se van…? El otro día me preguntaban cómo me sentía en Palencia. A mí Palencia me duele y Castilla me duele. Yo nunca quise vivir en otro lado, si no me hubiera ido, y no trabajo mirando solo en este territorio sino en todo el Estado, pero Castilla duele porque hay una falta de reconocimiento de los hijos y las hijas de aquí… Existe como un mensaje general, no verbalizado, que habla de que las cosas tienen que estar en su sitio, muy colocaditas y que salgan guapos en la foto, pero, eso sí, que nadie se mueva. Entonces, si propones que este hijo tiene el ojo torcido y es diferente, esto no se permite en Castilla. ¿Por qué no permitimos al hijo con el ojo distinto? No lo permitimos porque así todo está colocado, todo está ordenado, pero también está todo quieto.

—Los premios, históricamente, suelen tener detractores. ¿Se puede hablar de justicia a la hora de reconocer un trabajo de los profesionales de las artes escénicas?

—¿Justicia? ¡Qué palabra tan gruesa…! ¿Justicia en un premio? No he visto en mi vida una gala de los Max ni de los Goya. No veo las galas, ¡nunca! La verdad es que no pongo mucha intención porque ya desde hace muchos años entiendo los premios como valoraciones específicas. Seguramente, no hay un mejor actor ni una mejor actriz, hay caminos. Y esta compañía que se ha currado mucho este espectáculo. Y este señor que teniendo esto y haciendo aquello hay que ponerle una luz… Siempre he pensado en los premios como valoraciones de camino. Con este criterio, algunos premios me suenan a agua, y además es peligroso porque en la sociedad también hay como una tendencia al empoderamiento sin darnos cuenta si realmente hay materia prima… y eso me parece arriesgado. Tengo que confesar que ha habido algún momento en que yo he pensado: ya están los de Valladolid votando a los de Valladolid y mira que tengo que agradecer a esta ciudad…, pues, aquí me he formado, tengo grandes maestras y maestros, amigos, pero aburre un poco porque yo como profesional de pueblo, entre comillas, me voy a ver otras compañías a Burgos, a Zamora, a Segovia, a Ávila para conocer sus montajes y poder valorarlos. Me gustaría saber cuántos colegas de las compañías acuden a ver los trabajos de otros compañeros fuera de casa. Y me quito el culo del asiento de mi ciudad y me voy a 50, 60, 80 kilómetros y acompaño el camino, ¿sabes? Yo sí soy una convencida de la valoración, y del premio conseguido por este método, y cuando ocurre esto supone un apoyo brutal de autoestima. En mi casa, estos días, ha habido tanta alegría a mí alrededor, tanta gente que me ha apoyado, tantas personas contentas que… ¡viva este premio!, un premio en el que puedo no haber creído, a veces, aunque sinceramente considero que hay mucho camino detrás…

—¿Le queda mucho carrete por delante al teatro documento, una de tus señas de identidad?

—Es como si estuviese iniciándolo… Ya no estamos en los años 60 y Peter Weiss cuando el teatro documento era un concepto muy del ámbito político, relacionado con los juicios. Ahora el teatro documental está en otra dimensión. No luchamos en aquellas guerras, aunque haya otras, y para mí, el teatro documento tiene todo por contar porque sencillamente es como decir que yo me levanto, abro la prensa y tengo que pensar qué tema me duele más para contarlo. En este momento, lo más vergonzoso es la cuestión de la emigración. Esto me parece que es lo que más asalvaja al ser humano porque quién puede explicarnos lo que estamos haciendo con cerrar la puerta de casa. Es la cuestión que más me preocupa pero, sin duda, existen otros mil temas susceptibles de llevar a los espectadores. Lo que ocurre es que en el teatro documento acabas eligiendo los temas que más conoces, la vivencia más próxima. Por eso no quiero hablar de la emigración, quiero conocer a esta mujer de Marruecos que tiene esta hija y estas circunstancias, conocer la esencia pequeña…

—¿La gente de carne y hueso?

—Me la imagino, pero puede ser la mujer de Marruecos o unos jóvenes africanos en un pueblo de los alrededores de Amayuelas de Abajo, Villoldo, que están aprendiendo un oficio para poder tener una perspectiva aquí en España. Son 6 chicos jóvenes, negros, con una cultura que no es la nuestra y que casi no te entienden, pero es impresionante su fuerza vital cuando cantan y tocan, te arrebatan. Están tan alejados de nuestra vida y tan separados de sus raíces, sabes tan poco de ellos… Seguro que rascas y empiezas a descubrir sus anónimas pero espinosas experiencias de haber intentado cruzar el Mediterráneo en balsa 7 veces, haber pasado 7 años escondido en el monte Gurugú… Con esas vidas cosidas a la miseria no necesitas explicar mucho. A veces me da por pensar: voy a hablar con uno, con dos y ya está. ¡Ya está! Ahí empieza la esencia con un ser humano donde el teatro documento dispara. Lo demás es analogía universal. El resto lo pone el público que es muy inteligente y sabe mil casos y se hace mil preguntas y tiene mil dudas sobre las cosas… Ahí se esconde el teatro documento para mí. Ya digo que esta modalidad teatral es eterna porque todo aquello que te toca el alma es eterno.

—Durante muchos años llevaste la dirección artística de Alkimia 130, que ahora está en hibernación, luego creaste Pez Luna Teatro. Después de 25 años de brega sobre los escenarios, ¿estás cansada?

—Me levanto cansada con la pelea de la gestión, sí. Voy para los 50 y evidentemente mi sueño, desde el principio, estaba orientado a ser creadora y que otros profesionales hicieran la gestión. Después de muchos esfuerzos, esto lo empezábamos a conseguir en los últimos tiempos de Alkimia y notábamos cómo la calidad artística empezaba a llamar a nuestra puerta porque me permitía estar más centrada en las labores creativas, algo para lo que me formé. Estoy agotada de esto, de llamar, de no saber cómo tocar a las puertas de instituciones, de los responsables públicos, de empresas… Es curioso: estoy cansada pero, al mismo tiempo, sé que no puedo cansarme porque como quiero contar no me quiero cansar, pero yo me levanto por las mañanas y hago larguísimas gestiones… Tampoco me consuela que este contratiempo le pueda suceder a otra mucha gente que desea dedicarse a la creación. A veces, pienso, fíjate, si me levantara por la mañana y fuera directamente al local de ensayos, sería impresionante, ¿no? Pero enseguida caigo en la realidad. ¡Cuántas otras dinámicas crearías para gestionar con públicos, con espacios…!, pero soy positiva, no utópica, desde luego tengo la locura controlada y comprendo, además, que no lo veré, sé que no podré tocar nunca ese sueño.

Intervención de Mercedes Herrero en el LAVA (Valladolid) tras recibir el premio como mejor intérprete femenina 2016, el 27 de marzo de 2017.

—En septiembre de 2012 el Gobierno subía el IVA cultural del 8 al 21%. Cuatro años y 6 meses después, el ejecutivo decide bajarlo al 10% para espectáculos en directo. ¿Cuál es tu valoración?

Cuatro años y seis meses en los que no solo debido a la subida del IVA, sino sumado a salvajes recortes y desvalorización de la cultura bajo el lema de “Salvemos España y el capitalismo a cualquier precio “, se han destruido procesos de años y compañías de camino, se han cerrado espacios llenos de vida y se han devastado públicos fieles. Mi valoración guarda algo de tristeza y certeras dosis de rabia respecto al trato dado a la cultura, a la cultura no nombrada, a la no visibilizada, a la no mirada a los ojos. Nos hemos mantenido de pie cuatro años y seis meses desde el riesgo, la austeridad y mucho amor al arte. No creo en las heroínas ni en los héroes, el exceso de esfuerzo a veces tiene un sabor amargo. Creo que es buen momento para que las Misiones Pedagógicas visiten el Parlamento.

—Aunque el cine seguirá al 21%

Estamos acá, cerca, no nos vamos. Papel y lápiz y a empezar, de nuevo, con los cuadernos de Rubio.

—Ante el panorama que pintas, ¿qué le recomendarías al alumno que termina este año sus estudios en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León?

—Llevo toda la vida diciendo lo mismo: vamos, ponte, ponte, ponte, ponte solo, no esperes jamás una llamada. ¡He visto alumnos tan buenos en las escuelas…! Cuando acabé Dirección hace ya tres años, y se graduaba una promoción de Interpretación, me impresionaba ver la fuerza que tenían ¡qué placer! Pensaba: ¡me cogería a todos los recién formados…! Eran pura vida, una joya. ¡Qué alegría! ¡Pura vida! Yo ya no la tengo. Ofrezco otras cosas, claro. Pero esperar la llamada del señor o la señora a los que les tienes que gustar es la muerte, es una metáfora con el mundo. Yo le diría: empodérate de tu cuerpo, mira a ver qué quieres contar y ponte a trabajar y hazlo y cuéntalo donde puedas y después vendrá una oportunidad, y otra, y otra… Le diría también encuentra gente, comparte tus sueños con otros y trabaja, trabaja, trabaja y trabaja, trabaja y trabaja, trabaja, trabaja y trabaja, crea, crea… Y que venga lo que tenga que venir.

 

Un Comentario

  1. Lourdes

    Me parece verdad y dicho por Mercedes que es ella verdad

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