TAC 2017 / Alberto Velasco en estado puro

Alberto Velasco en “La Inopia. Coreografías para un bailarín de 120 kg”. Fotografía: Gerardo Sanz.

El joven actor, director y creador Alberto Velasco presentó en esta edición del TAC la obra “La Inopia. Coreografías para un bailarín de 120 kg”. Una propuesta centrada en la diversidad de estilos y la danza como lenguaje común. Los espectadores en esta ocasión se sentaron en las gradas montadas en el escenario del teatro Calderón de Valladolid.

Por MAGDALENA ALEJO CALZADA

Alberto Velasco se ganó al público en varios momentos de su propuesta artística. La primera por la forma de hacerlos entrar al espectáculo; el acceso al mismo fue por el escenario del Teatro Calderón de Valladolid, donde unas gradas desplegadas hicieron las veces de asientos desde las cuales el público pudo disfrutar del visionado del patio de butacas del teatro.

Poder tener esta perspectiva, reservada generalmente solo a los artistas, es un grato regalo. La segunda, cuando en mitad del espectáculo, en uno de los monólogos más dramáticos y entregados que realiza el bailarín, sin ninguna contemplación, Velasco paró y levantó a una espectadora invitándola a desalojar el escenario al estar esta utilizando un móvil. Hubo aplausos y “eres un genio” se oyó en la sala.

La propuesta escénica, un tanto deslavazada en cuanto a dramaturgia se refiere, nos muestra un Alberto Velasco bailarín-actor en estado puro. Hablando de sus miedos, miserias y anhelos y haciendo extensible al ser humano en general estas inquietudes universales.

Unas coreografías demasiado repetitivas, no tenemos que olvidar que son seis coreógrafos a cual más interesante los que han realizado los bailes para él, donde el artista igual baila acompañado de la música de Massiel que de la Callas, que se pone una zapatillas de punta y ayudado de unas muletas se marca un baile clásico donde solo falta el tutú.

Alberto Velasco en “La Inopia. Coreografías para un bailarín de 120 kg”. Fotografía: Gerardo Sanz.

La utilización del patio de butacas es más un disfrute del actor que una necesidad espacial o dramática, el uso del escenario, abarcable con la presencia de Velasco gracias a su fuerte energía actoral y al control de cada momento dramático; los más íntimos, con los jocosos hace que el espacio escénico sea confortable.

Su mirada y su cuerpo grácil por el escenario provoca que no se quiera perder detalle de sus movimientos. La utilización de un coche como escenografía y unos pocos elementos; un vestido, una cabeza de oso y un ramo de flores son todos los objetos que acompañan a un texto existencialista en ocasiones, con toques de humor, a veces, donde Sonia Barba, la autora de los mismos, parece conocer muy bien al actor que los va a interpretar.

Asistimos a una ruptura con la cuarta pared, algo que crea una atmósfera cercana, cotidiana, se diría que estamos escuchando una confesión de Alberto Velasco, de un amigo; los cambios de vestuario, la recogida de los elementos no se ocultan, son a la vista del espectador. Nos hace partícipes de sus reflexiones y deseos, incluso podría llegar a parecer que pide consejo u opinión en algún momento. Solo nos saca de esa atmósfera casera y nos sumergimos, de nuevo, en el ambiente teatral la magnífica iluminación de David Picazo que potencia de una forma muy inteligente cada pieza de la obra.

El cartel de neón “open 24 hours” que cuelga del peine del teatro y su juego de encendidos y apagados de letras, según el momento, nos puede transportar a otro lugar, espacio, cultura, aunque pronto regresamos a España, un tanto cañí, cuando nos fijamos en el Seat Panda que coloniza parte del escenario y su tuneado para la ocasión junto con el vestuario del intérprete; un chándal rojo pasión que deja que disfrutemos de este cuerpo de 120 kg que se maneja como pez en el agua por las tablas. El final de la propuesta, un tanto cinematográfica, la dejó en el aire.

Para el público que no haya visto nada teatral de este artista quizá sea un registro nuevo, diferente a sus apariciones televisivas. Para los que sigan su carrera en los escenarios este Alberto es 100% Alberto en estado puro, una buena continuación de su espectáculo ¡Vaca! donde apuntaba maneras de la forma personal, comprometida, sincera y honesta que tiene de entender este oficio.

Alberto Velasco en “La Inopia. Coreografías para un bailarín de 120 kg”. Fotografía: Gerardo Sanz.

Ficha artística y técnica:

Compañía Alberto Velasco
Dramaturgia e Interpretación Alberto Velasco
Coreografías Sol Picó, Chevi Muraday, Daniel Abreu, Carlota Ferrer, Vero Cendoya y Carmelo Segura
Textos Sonia Barba
Espacio escénico Alessio Meloni
Iluminación David Picazo
Vestuario Sara Sánchez
Composición musical original Fernando Adrián Nequecaür
Producción audiovisual Afioco
Diseño Gráfico Jaime Rodríguez
Prensa Fila 7ª
Distribución Fran Ávila
Dirección de producción  Ana S. de la Morena
Una producción de Korego Proarte S.L.U.

 

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