Alberto Velasco: “Ganar el Max no te garantiza nada, necesitas volver a empezar de cero”

Alberto Velasco en un momento de la entrevista. © Fotografía: Juan A. Berzal.

“Siento que en Castilla y León las instituciones no cuidan a sus artistas”

“Me siento agradecidísimo a la vida y a la madre naturaleza por darme la oportunidad de hacer trabajos que siempre me han molado un montón”

“No tolero que se haga sufrir a las personas por su condición física”

“Quiero hacer una obra solo con gordos y que nadie me pregunte por qué”

“Nos venden utopías inalcanzables, yo quiero sueños que podamos conseguir”

Por MAGDALENA ALEJO CALZADA

Con Alberto Velasco, los adjetivos de los críticos han dado varias vueltas a sus diccionarios personales, pese a su juventud (1982). Dos premios Max y otros muchos reconocimientos nos obligan a ver sus obras, llenas de pasión, visceralidad, riesgo, innovación, sensibilidad, crudeza… como un grito contra los prejuicios y la reivindicación de la dignidad. A quién no le suenan títulos como El último vuelo de Saint-Exupery, Desnudas, Cliff, ¡Vaca!, No sé si…de cía, Cenizas, Danzad malditos, En el desierto y la última, La inopia. Coregorafías para un bailarín de 120 kg. Este actor, director, bailarín y pedagogo nos deja su manera de pensar, crítica y humana, en la siguiente entrevista.

—De diez años a esta parte has conseguido un curriculum arrollador: tu llegada a Madrid, los proyectos en los que has participado y con quien has trabajado… ¿qué piensas?

—No me parece un curriculum arrollador y no lo digo por falsa modestia. Las cosas se han desarrollado de una manera muy natural. Simplemente, he ido conociendo a gente. Por ejemplo, a Marta Carrasco la conocí en un curso; a Chevi Muraday en el Nuevo Ballet Español al llegar a Madrid y… todo ha ido encajando de una forma natural.

—Colegas tuyos, paisanos, llevan mucho años intentándolo en la capital. Tu llegada a Madrid y la oferta de trabajo tardó poco en llegar… ¿fue fácil?

—Cuando llegué a Madrid, me daba cierto pudor que empezara a salirme bastante trabajo desde el principio, mientras veía a compañeros que llevaban mucho tiempo y no tenían las mismas oportunidades. Me preguntaba por qué y estoy convencido de que hay un factor suerte. Por eso yo me siento agradecidísimo a la vida y a la madre naturaleza por darme la oportunidad de hacer trabajos que siempre me han molado un montón. Trabajos que he disfrutado y en los que he aprendido mucho. Jamás imaginé que iba a aparecer por la serie Vis a vis

—Los trabajos que realizas tienen un componente de compromiso social, de denuncia, de sinceridad. ¿Es tu sello de identidad?

—No sé hacerlo de otra forma. Alguna vez me han ofrecido dirigir algo más comercial, y al final no he terminado haciéndolo porque no me ha encajado y no me sentía a gusto. No era mi manera de contar cosas.

—¿Es sencillo renunciar a propuestas?

—No lo es, es un aprendizaje. Lo pasas mal un tiempo pero cuando estás conectado con tu centro, sabes tomar la decisión: esto es lo que quiero hacer y esto no.

—Estás en continúo aprendizaje, rodeado de gente con mucho oficio, con gran experiencia, ¿hay algo que los defina, que los identifique a todos ellos?

—Son gente muy comprometida con el oficio, están casados con él, lo cuidan, es un lugar fundamental en su vida.

 —Mover los 120 kilos sin pudor en escena, como haces tú, ¿puede ser un referente para otros artistas?

—Pensaba que no, pero ahora creo que sí. Yo lo pasé muy mal en mi adolescencia y hay gente que lo sigue pasando mal. Hay un nivel de exposición física y emocional tan grande al subirse a un escenario que no se arriesgan. Se sienten atacados por su situación física. Y a cada uno le ha tocado una cosa: uno es gordo, otro negro, otro con mucha pluma… Hay cosas que no se quieren tolerar en las tablas. A mí eso me hace daño, no tolero que se haga sufrir a las personas.

—Una mujer se convierte en famosa y lo primero que hacen es adelgazarla. ¿Es algo normalizado?

—Sí, además aplauden ese esfuerzo, tienes que entrar en el canon. Es un negocio, al final es dinero. Son un 2% de la sociedad (delgados, guapos…) los que tienen estos rasgos. Yo paseo por la ciudad y no veo a nadie de esas características. Nos venden unos sueños inalcanzables. A mí me gustan sueños que podamos conseguir. Y es feo: todos los cuerpos iguales… me aburro… En la serie Las chicas del cable, de Antena 3, son todas las actrices iguales. Se lo he dicho a ellas. Quiero hacer una obra solo con gordos y que nadie me pregunte por qué.

Alberto Velasco, durante la entrevista. © Fotografía: Juan A. Berzal.

 —¿Se ha reconciliado el TAC contigo y tú con él?

—No soy nada rencoroso. Lo pasé mal en su día, me sentí solo, pero al irme de Valladolid he tenido la oportunidad de trabajar y hacer muchas representaciones, hasta ahora. Si me hubiera quedado, probablemente, seguiría trabajando, estaría más cómodo, pero no hubiera crecido artísticamente.

—¿Tienes sentimiento de maltrato por parte de las instituciones de la región, de abandono, como le sucede a otros colegas de profesión?

—Tienes la sensación de tener que estar demostrando constantemente que mereces la pena como artista, como creador, que sigues estando vivo. Las instituciones no ponen nada de su parte, solo cuando ya hay mucho brillo alrededor, pero a lo mejor necesito una linterna que me enfoque cuando estoy inseguro… No siento que en Castilla y León haya una manera de cuidar a sus artistas. Con Javier Martínez, director del TAC, me enfadé porque le pregunté por qué estaban en una sección especial –Estación Norte– las compañías de Valladolid. ¿Es una sección para tontos? ¿No tenemos el mismo nivel que los demás? ¿Por qué motivo tenemos que estar en esta sección pequeña? A mí eso me parece un atraso, nos sitúa debajo del ala…

—¿Qué te contestó?

—Que era una manera de dar mayor visibilidad a los artistas de la ciudad… pero pienso que la visibilidad es la misma.

—Como artista, ahora has conseguido tener una visibilidad pública. ¿Es difícil mantenerla?

—Es agotador, es una carrera de fondo. La verdad es que yo nunca me había preguntado si esto merece la pena. Siempre he estado con muchas ganas, aprendiendo y recibiendo lecciones de otros compañeros, pero desde hace poco sí que he comenzado a preguntármelo. Porque aunque hayas ganado los Max, y otros premios y reconocimientos, necesitas volver a empezar de cero, volver a llamar a la puerta… El situarte, en cierto momento, en un estatus de comodidad laboral y artística, no te garantiza nada.

—Los actores y las actrices en Hollywood, pese a ser conocidos, continúan haciendo el casting cada vez que optan a una nueva película. ¿Los artistas están mal acostumbrados?

—Personalmente me gusta. El hecho de que hayas hecho un espectáculo de éxito en tu vida eso no te garantiza nada, eso no quiere decir que tengas una subvención al año y vayas a hacer lo de siempre. Tienes que seguir investigando en tu línea artística, insistir, no adocenarte… En Hollywood es todo muy diferente. Para empezar, los actores tienen que estar sindicados, los directores no pueden dar cursos o los echan directamente. Es otra cultura y otra realidad.

—Ibas a estar en la experiencia TEDx de septiembre que se celebra en Valladolid, ¿qué te parece este tipo de foros?

—Todo lo que sea debatir cuestiones de todo tipo me parece interesante. Hace tiempo dije que no iba a discutir más porque es una cuestión de ego. Me encantan estos foros donde puedes estar con jóvenes, compartir experiencias y colgar la información.

—¿Qué proyectos tienes?

—Estoy con el musical Billy Elliot. Llevo todo el año con el claqué, es dificilísimo. Es un proyecto que me salió por Carlos Hipólito. Él vio el espectáculo en Londres en el que había un personaje que hacía de gordo y me dijo: Alberto esto lo tienes que hacer tú. Aprendo mucho de todos mis compañeros. Hay niños becados que llevan dos años con el baile, con un nivel altísimo. Trabajar con ellos te hace recordar porqué un día tú quisiste dedicarte a esto, por la ilusión que tienen.

Alberto Velasco con Magdalena Alejo durante la entrevista. © Fotografía: Juan A. Berzal.

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