“El santo al cielo”. Carlos Ortega Vilas

El santo al cielo
CARLOS ORTEGA VILAS
Ed. Dosbigotes. 2016

Cuando acaban de celebrarse las primeras Jornadas de Negro en Astorga, y mientras se acerca la Semana Negra de Gijón (7 al 16 de julio de 2017), el escritor leonés Luis Artigue reseña algunas de las novedades más interesantes, a su juicio, del género negro. En esta ocasión se centra en la primera novela del narrador canario Carlos Ortega Vilas, “El santo al cielo”, publicada en una editorial independiente, Dosbigotes.

Por LUIS ARTIGUE

¿Una imagen vale más que mil palabras?

Hubo un tiempo en el que los autores de novela negra con peso y mundo propio (el lírico y sarcástico Raymond Chadler, el sobrio y demoledor Dashiell Hammett, la psicologista perturbadora e hipnótica Patricia Highsmith, etc) influían en el cine, pero, en esta era de la imagen, es el cine el que influye sobremanera en nuestros autores de novela negra.

Así, en lo que se refiere a las tramas de género negro de nuestra actualidad compuestas a partir de parámetros mucho más fílmicos que literarios, tramas exentas de sorpresas verbales que ralenticen el infatigable ritmo narrativo que atrapa al lector y repletas de puntos de giro argumental, el entretenimiento está asegurado, pero no la originalidad matizada y con sello propio: el cine tiende a homogeneizar los argumentos y las estrategias narrativas, y, como es sabido, no es cierto que una imagen valga más que mil palabras (menos aún al escribir novelas).

Pero amamos leer novelas absorbentes con voracidad indesmayable tanto como amamos el arte narrativo de género con universo genuino, reconocible y perdurable (por ejemplo los villanos tenebrosos que nos presenta J. Connolly enfrentados a la audaz desdicha de su detective atormentado Charlie Parker, o el minimalismo expresivo de la prosa demoledora que jalea la imaginación volcánica y compulsivamente salvaje del último James Ellroy, o el escepticismo mediterráneo del detective ateniense creado por Petros Markaris, Kostas Jaritos, moviéndose en el contexto de la crisis económica griega…): por eso reconocemos siempre los méritos cuando un narrador como Carlos Ortega Vilas (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) logra contar una historia elaborada sin que se note con un ritmo endiabladamente ágil.

No pasa desapercibido, en esta novela de prosa precisa y austera irónicamente titulada El santo al cielo (Ed. Dosbigotes), eso: una pizca de humor psico-patológico-teológico como punto de partida criminal (tal humor sutil de parte de un inspector de la policía nacional muy friki que está obsesionado con la vida de los santos mártires a la par que trabaja enfangado en la corrupción, las bajezas y la degradación psicológica y moral) nos recuerda a la película Seven –pecados capitales–, y a la película americana de los años 90 –antes tuvo otras adaptaciones– El Santo, pero nos seduce…

Ha muerto Orion Dauber en extrañas circunstancias. ¿Quién es ese tipo? ¿Y qué relación tiene con Daniel, un adolescente desaparecido?

Silvia, una maestra sin vocación repleta de rarezas, rutinas y abismos psicológicos (entre los cuales consta el de apegarse irremisiblemente a los objetos), no sabe que últimamente alguien la sigue. ¿Por qué?

La pareja de investigadores del caso, el policía nacional Aldo Monteiro (inspector de la brigada de homicidios, un hombre recto y poco amigo de códigos personales al margen de lo establecido pero erudito en los apuntes hagiográficos de los santos mártires cuyas vidas recita como tic obsesivo) y el enlace de la guardia civil Julio Mataró (un tipo trepa con maneras de alma libre en cuyo expediente figura el ser alguien conflictivo que ha brillado por sus ramalazos de insubordinación), más que ese Quijote y Sancho de Conan Doyle que son Holmes y Watson, nos evocan a los protagonistas de la impagable La penitencia del alfil de Rafa Melero, y a los dos guardias civiles Bevilacqua y Chamorro protagonistas de celebradas novelas de Lorenzo Silva, pero con diálogos más americanos y mayor perfil psicológico (el sólido protagonismo de estos dos personajes eclipsa la descripción social del espacio urbano de provincias en el que sucede todo, pues el trasfondo ideológico de esta novela queda para las subtramas que nos hablan de corruptelas institucionales, paraísos fiscales, especulación inmobiliaria y demás estragos políticos de la vida contemporánea).

Pronto vemos a esa pareja de investigadores enfrentándose al misterio de la muerte de Orion, y conocemos el pasado que les vincula, y asistimos a cómo se les une de modo inopinado Silvia Manzanares al material investigado (pues ella, además de hija del asesinado, es una de las sospechosas): juntos nos irán llevando, a base de capítulos cortos, diálogos fluidos y puntos de giro epatantes, por esta historia de venganza repleta de suspense.

No podemos decir que sea una obra original o con clima propio (creemos que el autor tampoco lo pretende), pero sí una muy meritoria primera novela con una trama bien planteada, con dotes para la ironía corrosiva, alergia a los artificios, buen oído para los diálogos, elegancia y contención prosística, capacidad de observación del medioambiente moral, un modo curioso de presentar juntos la corrupción y la santidad (mediante los apuntes hagiográficos del atrabiliario policía) para hacernos ver que entre el bien y el mal hay fronteras difusas e intercambiables y, especialmente, un sentido del ritmo narrativo que va a dar mucho que a hablar.

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El escritor canario Carlos Ortega Vilas.

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