Motos y rock & roll, amigos inseparables

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Lemmy Kilmister, líder de Motorhead, responde perfectamente a la descripción de un motero. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Sirva como modesto homenaje al grandísimo campeón motociclista Ángel Nieto este pequeño recorrido por la carretera del rock & roll a lomos de una moto; es, sin duda, el tipo de música que mejor va con lo que se siente y con lo que la moto significa.

Un accidente que habitualmente se salda con unas cuantas magulladuras acabó con la vida de un gigante de la motocicleta, un campeón con todas las letras como era Ángel Nieto. Él experimentó miles de veces esa sensación especial, esa descarga de adrenalina, esa emoción que sólo proporciona el caballo de hierro que ruge furioso guiado por las riendas del piloto. Ese sentir coincide con el de muchos profesionales del rock, que al no poder exigir el máximo a la máquina sin perder el control, cosa que hacía Nieto magistralmente, tienen que ‘limitarse’ a imaginar la situación y traducirla al idioma de la música. Así han surgido piezas excelentes que tienen al motero y su circunstancia como protagonista.

Seguro que, al mencionar rock y motos, todos los que tienen un mínimo interés por el asunto han pensando invariablemente en el ‘Born to be wild’ (1968) de Steppenwolf; tópico pero imprescindible. Considerada el himno de los que piensan que la moto es algo más que un medio de transporte, el tema se convirtió en bandera de esa filosofía desde el primer momento, cuando acompañaba a los que cruzaban Usa a lomos de sendas Harleys en la película ‘Easy Rider’. Sus primeros versos, que llegan tras una entrada guitarrera que casi huele a gasolina, dejan bien claro de qué va la cosa: “Arranca el motor y tírate de cabeza a la autopista para buscar aventura y todo lo que se cruce en tu camino. Amo el humo y los relámpagos, el trueno del heavy metal, echando una carrera al viento con una sensación de control”. No puede ser más evidente el sentimiento que pretende transmitir; además, habla del ‘trueno del heavy metal’, siendo la primera vez que una canción menciona el término. El autor, Mars Bonfire, explicó que se le ocurrió cuando vio un anuncio de una moto que decía ‘Born to ride’ (nacido para montar), el cual daba sensación de libertad, la misma que él experimentaba en aquel momento, pues acababa de comprarse su primer coche y estaba eufórico. En aquella peli los ‘cerdos’ (las Harley Davidson en argot) y el rock eran actores principales.

El gran Neil Young no dejó de hacer algunos guiños al mundo de las dos ruedas, y así escribió canciones como ‘Motorcycle mama’ en su excelente Lp ‘Comes a time’ (1978); cuentan que Young compró 200.000 copias de este álbum porque no le gustaba el sonido, que luego él mismo remezcló la grabación y que incluso bromeó con el asunto cuando dijo que había empleado todos esos elepés para “poner tejado nuevo al granero”. También trató el asunto motero en ‘Unknow legend’, donde el jinete es ella, pues “Ella monta su Harley en alguna carretera del desierto, su pelo al viento (…), nunca echó raíces (…), montando sobre acero y cromo”, pero eso era antes, cuando ella era una ‘Leyenda desconocida’, pero ahora “ella está vistiendo a dos niños (…), con la mirada perdida”; es la nostalgia de la moto, pues la rutina cotidiana ya no permite echarse al desierto sobre el ‘cerdo de Milwaukee’.

El inefable Lemmy, de Motorhead, que siempre tuvo aspecto de jinete de Harley, cantó al caballo de hierro en ‘Iron horse’ (1977); hablaba de la moto como “el semental (…) orgulloso de sus colores y sus cromados brillantes”, y así, “en el caballo de hierro vuela, muere con gusto (…) el caballo de hierro es su vida”. Puro espíritu motero con, además, esa potente guitarra que, siempre en primer plano, no deja de recordar el bramido del motor, sosegado pero poderoso. En algún concierto dedicaron esta canción a los Ángeles del Infierno, que incluso fueron sus guardaespaldas.

Arlo Guthrie (el hijo de Woody) cantó ‘Motorcycle song’ en 1967, una letra sencilla pero con el típico fondo protesta de aquellos años: “Yo no quiero un pepinillo”, ‘Pickle’ (pepinillo en inglés) es soltar una bomba en jerga militar Usa; “Yo no quiero ni cosquillas, ni morir”, en la guerra de Vietnam, “sólo quiero montar en mi moto”; parece un texto simplón, pero en el fondo está hablando de la sensación de libertad absoluta que se experimenta rodando sobre dos ruedas y escuchando el motor, pues ahí no cuenta la autoridad, y mientras guías la máquina no hay que cumplir lo que el poder exige. No falta el sonido de la Harley.

Un aspecto diferente e incluso divertido lo tocan los Creedence Clearwater Revival en su trepidante ‘Sweet hitch-hiker’ (1971). Explica el porrazo que te puedes dar si, a toda velocidad sobre la moto, te distraes mirando a una guapa autoestopista: “Me di la vuelta para verla, me llamó la atención, pero ya estaba cayendo y rodando”. Los neoyorquinos Blue Oyster Cult se fijaron en la edad dorada del cuero en su enigmático  y retorcido ‘Golden age of leader’ (1977), en el que describe el clímax del mundo motero: “Cuerpos y motos más allá del decoro. Olor a aceite y gasolina en el aire”.

Hay más, muchas más piezas rock que destilan pasión por la moto (‘Bat out of Hell’ de Meatloaf, ‘Ride the wind’ de Poison, ‘Motorcycle man’ de Saxon), la misma pasión que siempre acompañó a Nieto. A partir de ahora, los moteros tendrán un Ángel que les acompañe.

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