Luis Artigue presenta en León su quinta novela: “Donde siempre es medianoche”

El escritor leonés Luis Artigue presenta este jueves 1 de marzo, a las 20 horas, su libro “Donde siempre es medianoche” (Ed. Pez de Plata), definido como “una novela negra con factura de comedia de terror gótico localizada en una ciudad fantasmagórica en la que siempre es de noche”. El acto tendrá lugar en el Salón de los Reyes del antiguo Consistorio de León (Plaza de San Marcelo), y el autor estará acompañado por la profesora Natalia Álvarez. Entrada libre.

Luis Artigue (León, 1974) es licenciado en Filología Hispánica –amplió estudios en la Universidad de Toronto-. Debutó en la novela con “El viajero se ha ido, como es lógico” (2002) y sus tres novelas siguientes fueron: “La mujer de nadie” (2007), “Las perlas del loco Ventura” (2008), y “Club La Sorbona” (2013, Alianza Editorial, Premio Miguel Delibes). Ha publicado además los poemarios “Tres, dos, uno, jazz” (2006, Premio Ojo Crítico de RNE), “Los lugares intactos” (2008, Pre-textos), “La noche del eclipse tú” (2010, Visor) y “La ética del fragmento” (2017, Pre-textos).

Sinopsis de “Donde siempre es medianoche”, la quinta novela de Luis Artigue

“El Sabueso Informativo”, un fotodetective hipocondríaco que investiga y visibiliza noticias-bomba, acaba de ser enviado a Silenza (Italia) para que documente los efectos producidos por cierto fenómeno insólito: hace casi un año que en esa ciudad no amanece.

El viaje cobra un sentido inesperado cuando, durante sus merodeos para hacer acopio de datos, fotos, soplos y pistas, el Sabueso se topa con una mujer fascinante experta en matemáticas llamada Elisabeta.

Lejos y cerca de ella y de su exmarido (un catedrático de astrofísica inasequible a la norma), de un psicoanalista argentino tan perceptivo que asusta y de un comisario de policía corrupto que promueve la depuración ideológica, el neurótico Sabueso tomará contacto tanto con Silenza como con las preguntas que suscita su oscuridad.

¿Por qué los científicos ocultan la razón por la que la noche de Silenza es perpetua? ¿Dará el Sabueso con el paradero de un premio Nobel de astrofísica que trabaja escondido en la ciudad y podrá fotografiarle y entrevistarle? ¿Descubrirá la identidad de Anticristo Superstar, el líder de una peligrosa secta apocalíptica que capta indignados?

Ejerciendo su trabajo tan detectivesco como periodístico el Sabueso se encontrará con que Silenza es un enclave estremecedor no exento de crueldad, acción continua, turbiedad moral, dolor, venganza y villanos complejos.

Y se verá superado por una mujer de la que no puede pasar por mucho que lo intente.

He aquí una novela que intrigaría a Dashiell Hammett, que aterraría a Cormac MacCarthy, y que divertiría a Woody Allen.

Luis Artigue.

  ENTREVISTA  

Luis Artigue:
“He escrito una novela sobre una oscuridad urbana extrema”

—Una novela negra con factura de comedia de terror gótico localizada en una ciudad fantasmagórica en la que siempre es de noche resulta, a priori, una propuesta tan original como insólita. ¿Cómo empezó todo? ¿Qué provocó que se le ocurriera esta novela y terminara escribiéndola?

—Hay una experiencia clave en mi biografía de la que me cuesta hablar porque aún no la entiendo ni asumo del todo, pero que me ha marcado como escritor y como persona: a los 17 años, un día antes de que tuviera lugar mi examen de selectividad previo a la universidad, sufrí un ictus hemorrágico, una suerte de tormenta eléctrica dentro del cerebro, que me sumió en un prolongado e interino coma (el cual era también una especie de intermitente noche neurológica). Fui entonces ingresado en el hospital de mi ciudad. Pero lo siguiente que yo recuerdo a cabalidad es un año después, cuando desperté en una habitación del Hospital Ramón y Cajal de Madrid con la mitad izquierda de mi cuerpo paralizada a causa de la hemiparesia, y sin poder casi comunicarme a causa de la afasia. Sin embargo mi familia y los médicos estaban bailando alrededor de la cama porque había despertado… Desde aquel calvario neurológico me intriga la oscuridad (la externa, por supuesto, pero sobre todo la interna). Creo que el miedo por excelencia es el miedo al misterio de la oscuridad, y que nuestro modo de enfrentarnos a la oscuridad da la medida de lo que somos de verdad… Por eso he escrito esta novela sobre una oscuridad urbana extrema que, como el coma, cuando deja de producir terror, hasta hace reír: una novela de humor neurótico con impregnaciones del género negro, y del género gótico, pero que también tiene una lectura política que atañe a esta crisis económica que aún nos acorrala… En el fondo esta novela nocturna es una estrategia para despertar.

—La novela la cuenta un fotodetective de noticias neurótico y adicto al psicoanálisis. De hecho de lo más divertido de la novela son las conversaciones entre el protagonista y su psicoanalista. ¿Por qué meter el psicoanálisis en una novela así?

—He querido hacer una mezcla de géneros literarios en esta novela porque la hibridez (como bien estudió la prestigiosa teórica de la literatura y profesora de la Universidad de Toronto Linda Hutcheon) produce intensidad, y en esencia el psicoanálisis es un género literario más. En este sentido, siempre he pensado que Freud es un demiurgo de la cultura, y que el psicoanálisis es un gran instrumento para el conocimiento humano, y al mismo tiempo una fuente inagotable de metáforas (otra cosa es que logre curar a alguien). Pero el psicoanálisis le da trasfondo a esta novela al hacernos entender que la noche es nuestro inconsciente a cielo abierto, sí, es el oscuro territorio en el que nuestros miedos, inseguridades, fobias y malestares varios fluyen sin subterfugios y de hecho a menudo nos sitúan a nosotros al límite de la lógica y de la realidad; al límite de nuestra estabilidad psíquica… En efecto la noche es el ámbito favorito de los demonios que llevamos dentro, y eso lo sabe bien el psicoanálisis, sólo que el psicoanálisis a esa noche la llama inconsciente. Sin embargo esta presencia simbólica del psicoanálisis en mi novela es a un nivel profundo, pues de modo más evidente en verdad el psicoanálisis aparece en las conversaciones surrealistas del personaje con su analista, pues es el psicoanálisis también puede ser, y de hecho es, constante fuente de comedia . Esto lo tomé también de una experiencia personal: siempre había pensado que la gente más friqui y loca que había debajo de las estrellas eran los poetas, pero, tras aprobar una oposición y trabajar en la administración, descubrí que no, que la gente más loca que había visto nunca eran los funcionarios (qué agudo es Kafka)… Sin embargo llevo varios años asistiendo a unos seminarios de psicoanálisis para intentar comprender a Lacan, cosa que no he conseguido (para mí que escribió en un francés falo-críptico imposible de traducir). Pero ahí he conocido a no pocos profesionales del ramo, y por eso, ahora, creo que la gente más loca que conozco son los psicoanalistas… Metí en esta novela, en clave de comedia y en agradecimiento sincero por lo mucho que me han enseñado, y lo mucho que he alucinado con ellos, y todo lo que me han hecho reír y pensar, a uno de ellos: un porteño tan deductivo que asusta, que habla como Dios, y, además, cree que Dios es argentino y por eso ya era hora de que el Papa también lo fuera.

—El único personaje con nombre propio en esta novela es la protagonista femenina, una bella y calculadora experta en matemáticas llamada Elisabeta…

—¡Ah, Elisabeta! Conocí una vez a una muchacha iluminada por cierta luz atractiva; una sonriente, agitanada y refrescante de cuerpo menudo y desnudez elegante. Y, como siempre me ha gustado buscar la forma de las cosas, tuve fervientes ganas de ser pintor para poder dibujarla. De hecho, sentí que su belleza sin aspavientos era tan magnética que dibujarla sería una manera de rescatarla, de devolverla a su sitio, el siglo XII. Como no soy pintor ni sé dibujar me casé con ella. Y la metí en esta novela. Considero a Elisabeta el personaje más peligroso y fascinante de las diez novelas que he escrito y las cinco que he publicado, y un resumen de lo poco que sé de las mujeres y de lo mucho que he aprendido de ellas. Hay en Elisabeta, que no es la narradora pero sí la protagonista de esta novela, un vertido de aquella etapa de mi vida en la que, como todo joven que se confrontaba con ese anhelo de realización que es el deseo, me obsesioné con escuchar, y mirar, y tratar a las mujeres. Entonces descubrí que se aprende todo de las mujeres si no rehúyes el coste de tratar de establecer una conexión profunda con lo que llaman el sexo opuesto. Y sí, algunas de las cosas más interesantes y la mayoría de cosas que aprendido de mí mismo y de otras personas procede de aquel periodo obsesivo. Y he querido evocar y exorcizar un poco todo eso mediante el personaje de Elisabeta.

—Háblanos de la parte fantástica de esta novela. ¿Dónde siempre es medianoche más allá del humor es una distopía, una alegoría política o sólo una novela negra que trata de ampliar las fronteras del género y llevarlo a otra parte?

—Supongo que tiene un poco de todo eso, de lo que hay de distópico y político en Cormac McCarthy (La carretera, La oscuridad exterior), pero mezclado con la tradición narrativa expresionista que comienza con Kafka y que tan bien ha estudiado el profesor José Luis Calvo Carilla (La mirada expresionista. Novela española del siglo XX), y con la tradición narrativa faústica que tan bien ha estudiado la profesora María Socorro Suárez Lafuente, y el lenguaje narrativo del comic que ha estudiado iluminadoramente Ana Merino, y la tradición de novela gótica española, que también la hay, como bien ha demostrado y estudiado la profesora Miriam López Santos (la cual incluso nos ha descubierto y rescatado una novela gótica perdida, La urna sangrienta de Pascual Pérez Rodríguez la cual está de algún modo también en estas páginas mías). Aunque todo con tintes de humor negro surrealista, que diría André Breton, y humor neurótico, que diría Woody Allen, pues el humor, como la imaginación, es uno de los instrumentos de que dispone el ser humano para mejorarlo todo.

—¿Te sientes también influido por escritores contemporáneos y de tu idioma?

—Claro: es bello y bueno admirar, valorar a alguien que manifieste la enseñanza, como decían los sabios clásicos, o estar uno mismo expuesto permanentemente al ejemplo de alguien que navega bien. En este sentido me declaro discípulo de los grandes maestros vivos de la narrativa realista con impregnaciones fantásticas de nuestro idioma, como Cristina Fernández Cubas, Elia Barceló y José María Merino, y admiro a no pocos autores de mi generación que no rehúyen explícita o implícitamente el género como Ricardo Menéndez Salmón, Blanca Riestra, David Llorente, Jon Bilbao, Emilio Bueso y Félix J. Palma. Pero no sólo de autores amigos del género me alimento yo y se nutre esta novela. Una de las cosas que más me gustan del arte de la novela es su gran gama de posibilidades inclusivas, pues la novela pura no existe, siempre está la novela abierta y receptiva a mezclarse con otras cosas, siempre tiene la novela como artefacto un cariz de mundo hospitalario y benigno que acepta. Y aunque en efecto en el caso de esta novela-comic mía titulada Donde siempre es medianoche hay una innegable influencia de la narrativa de género, quiero creer que está al servicio de algo más que la meritoria apuesta por el entretenimiento efectivo que la narrativa de género propone: como dijo el novelista Leonard Cohen, he procurado que esta novela sea también veredicto, y no sólo ocupación.

—En verdad también hay una parte política en esta novela, una identificación de la noche perpetua con la crisis económica, y una explícita declaración mediante la ficción de que, como dice su detective de noticias, “la clase especuladora merece el infierno”…

—Yo soy marxista (seguidor de Groucho Marx) y por eso con la agudeza social analítica y revolucionaria del hermano mayor de Groucho, Karl Marx, me pasa como con la crisis económica y con esta novela: que me dan miedo y a la vez me hacen gracia. Me hace gracia cuando Marx escribe “una crisis económica es una oportunidad del capital para fortalecerse destruyendo empleo” y parece que lo escribió ayer mismo porque es una definición vigente ya que bien parece que no hayamos aprendido nada. Y en buena medida ese terror y esa gracia están en esta novela alegórica sobre la opulencia del primer mundo y la crisis económica del primer mundo de espaldas a la crisis perpetua del tercer mundo, y sobre que tal vez sea muy necesaria una crisis económica de vez en cuando para movilizar nuestra indignación y estrechar por fin nuestras tragaderas político-económicas, porque parece que sólo cuando la gente se harta de estar harta empieza a mover el culo. Por eso esta novela no pretende ser, como la televisión, un producto a favor de la ensoñación doméstica que nos aleja de lo que sucede, y lleva a tal efecto incorporada una lectura política de la realidad, aunque se trata de una lectura política un tanto irónica, si se quiere. El humor es también un instrumento político, es energía revolucionaria cuando no se queda en la superficie de todo sino que va al fondo de las cosas.

—En lo referente a la crisis y la política, en esta novela hay momentos de violencia extrema, de rebelión social agresiva sofocada con brutalidad policial…    

—Sí, pero es una violencia inútil. Yo no creo que las estructuras políticas puedan ser cambiadas mediante la violencia. No creo que la violencia tenga esos efectos. Los hechos han demostrado una y otra ve que mediante la violencia las más de las veces sólo se sustituye una arbitrariedad por otra, o se da un rodeo para llegar finalmente al mismo punto. Con esto no quiero decir que no debamos intentar cambiar las estructuras de la sociedad, pero hay otras formas distintas a la violencia para arremeter contra los poderes despreciables. Pero en la novela se propone de forma sutil, esbozada, otra vía en la que yo creo: creo en la posibilidad de cada ser humano de trascenderse a sí mismo mediante la cultura. Miremos sino a nuestro alrededor. Hoy que la ley de la codicia ha triunfado, y la de la ambición a toda costa, y la del individualismo cuartelero, y la de la crueldad social, la cultura precisamente ha de convertirse en el agente refinador que hay un camino de adiestramiento personal que lleva a superar esa codicia hasta llegar a los verdaderos fundamentos de la vida.

 

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

Un Comentario

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