Excursionismo moderno

Por LUIS GRAU LOBO

Para evitar contratiempos y sobresaltos, el excursionista moderno organiza sus viajes a lugares foráneos con un estricto ceremonial que satisfaga su deseo de conocer lugares típicos y tópicos, enaltecerlos para refrendar el acierto de su decisión y difundir imágenes y relatos probatorios de que, en efecto, estuvo allí. Prescinde de los detalles exentos de glamur, la fatiga, la monotonía, la congoja del turista encapsulado, el tedio. De esta manera, el excursionista moderno determina previamente el porvenir de su excursión y decide con antelación el resultado de su escapada, mero paréntesis en sus quehaceres cotidianos. Lo que relatará después es sabido desde el primer momento, la improvisación no tiene cabida; nada en él es trascendente. El excursionista moderno dispone sus correrías en fases que podrían denominarse (un suponer): motivación, espejismo, difusión y conclusión.

También así actúa el excursionista político moderno, subgénero del mismo fenómeno que, aun específico, verifica idénticos patrones de comportamiento. Modernamente han incursionado por León presidente y vicepresidenta del gobierno central, con modos del turoperador más competente. A saber:

Fase uno: motivación. El motivo atiende al tópico, aunque sea traído por los pelos (como todos los tópicos). Una contrición que nadie pidió y ninguna falta hacía si se compara con asunto serio, trajo a Mariano a escarmentar su, por otra parte, poco discutible afirmación acerca de tema remoto. En realidad debieron comparecer sus asesores, pero le venía bien venir a comer y comió. A Soraya la invitaron también a hablar de comida.

Fase dos: espejismo. Para el correcto encaje local, se precisa inexcusable letanía de alabanzas arquetípicas a la tierra que –en antigua pero inmarcesible ocasión– les vio forjarse como individuos dispuestos a regir las riendas de este gran país en el que León es clave, compendio y etcétera. Se diría que no hay gobierno en España sin episodio biográfico leonés por medio o, en versión más áspera, sin haberse marchado antes de un sitio como León. En esta fase tienen asaz tirón las alusiones a la catedral, San Marcos, o cualquier otro lumen de la geografía mítica del lugar, con guarnición de lisonjas de añejo regusto popular y Popular. La digestión del excursionista moderno es pesada.

Fase tres: difusión. El excursionista político moderno utiliza sus redes sociales (otrora llamada prensa libre) para trasmitir la impresión de que hizo cosas extraordinarias que no percibimos; quizás porque las hizo cuando estábamos fuera de casa, comiendo y visitando lugares que después describiremos adulterando la realidad, como hace él. Habla de episodios fabulosos y de países que nadie conoce, aunque se llamen como este. A parte de esta propaganda la denomina ‘fake news’ cuando se atribuye al zar Vladimir, personificación de la gran Bestia del Este, o cuando contradice alguna invención propia. Las redes sociales son muy suyas.

Fase cuatro: conclusión.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 25 de marzo de 2018,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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