“Viaje al fin de la noche”, tercer espectáculo de Proyecto 43-2 que reflexiona sobre los hijos de las víctimas de ETA y el GAL

María San Miguel y Alfonso Mendiguchía. Fotografía: Luis Gaspar.

La compañía Proyecto 43-2 cierra su trilogía sobre la violencia en el País Vasco con el montaje Viaje al fin de la noche que presentará el próximo sábado, día 5 de mayo, en la Sala Experimental del Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid. Inició este ciclo hace ocho años con el espectáculo Proyecto 43-2 al que siguió La mirada del otro. Las tres piezas teatrales han sido acogidas por el público con expectación y gran reconocimiento. Señas de identidad de este colectivo son la investigación, la pedagogía, la poesía y el teatro como instrumento transformador de la sociedad.

Por ISAAC MACHO

El anuncio de la disolución de ETA para el primer fin de semana de mayo servirá de inesperado telón de fondo para la representación en Valladolid de Viaje al fin de la noche, un espectáculo que cierra la trilogía de Proyecto 43-2 sobre la violencia en el País Vasco y Navarra que en esta ocasión lleva a escena a los hijos e hijas de las víctimas de la violencia y de los propios ejecutores.

Protagonizado por María San Miguel y Alfonso Mendiguchía, con música de Jorge Arribas y bajo la dirección de Pablo Rodríguez, el tercer montaje de la trilogía de esta compañía mostrará a los espectadores de la ciudad del Pisuerga, donde se han presentado también los dos anteriores, cómo hay otra manera de hacer teatro con las entrañas, alejado del entretenimiento.

“Debemos aprovechar, toda la sociedad, este momento histórico”, señala la autora del texto teatral, actriz y periodista, María San Miguel. “Quizá a los y las castellanas nos pueda parecer que no tiene nada que ver con nosotros, pero desde Proyecto 43-2 tenemos claro que esto nos pertenece a todos”, señala. Y continúa: “No solo porque ha ocurrido en nuestro país y forma parte de nuestra memoria, sino porque llevamos a escena un tema concreto para hablar de algo universal: el encuentro con el Otro, la herencia que deja la violencia, lo que ocurre cuando no usamos la palabra, la apuesta por el diálogo… Y todas estas cuestiones forman parte de nuestra vida cotidiana, vivamos donde vivamos”, observa.

San Miguel va más lejos al proponer que “tenemos que aprovechar este anuncio de disolución de la banda para enfrentarnos a la historia de nuestro país sin miedo y sin rencores. De una manera novedosa, no como siempre lo hemos hecho, construyendo desde el olvido, pasando página en lugar de leerla. Es una oportunidad única para hacerlo con la mente abierta, dispuestos a construir y a garantizar un futuro donde sea imposible que se dé la repetición”, aclara.

Esta tercera entrega de la trilogía bautizada genéricamente como Euskadi, la memoria colectiva y la convivencia con el otro es una reflexión sobre los hijos e hijas de la violencia que, en realidad, son los sucesores de víctimas de ETA, del GAL, de abusos policiales y de los militantes de la misma organización terrorista etarra.

Con esta pieza de teatro documental y político, pensada con detalles de ensayo poético, la compañía Proyecto 43-2 cierra un trabajo de investigación, iniciado a finales de 2010. En ese tiempo ha documentado las rupturas sociales y familiares que la violencia generó durante casi 60 años en el País Vasco y Navarra y que causó más de 800 muertos y miles de heridos durante casi 60 años de recorrido sanguinario.

Este minucioso y delicado trabajo de campo consistió en la realización de entrevistas a familiares y víctimas de ETA y del GAL, hijas de afectados de abuso policial e hijas de militantes etarras. El espectáculo Viaje al fin de la noche se centra en esta reflexión “a partir del presente que vive la generación que ha crecido con una vida marcada por la violencia”.

“Viaje al fin de la noche”. Fotografía: Alba Muñoz.

El último espectáculo de Proyecto 43-2 es una cascada de preguntas, un bombardeo de interrogantes que lanzan indirectamente los actores al espectador, que se hacen a sí mismos la hija del mar y el hijo de la tierra y que para muchas de las cuales ni siquiera quienes han creado la obra tienen respuesta cierta.

“¿Cómo se construye la paz cuando la identidad está fuertemente marcada por la violencia? ¿Cómo afectan a los hijos y las hijas las decisiones que han tomado sus padres? ¿Cómo se construye una identidad a partir del dolor?”, son algunas cuestiones a responder a fuego lento.

A la búsqueda de la superación del dolor y la pérdida, de profundizar en las ausencias, en la disputa por transitar entre paisajes ondulados, entre personajes de inhóspita política, en fin, en el cómo ahormar el fin de la violencia, -mezcla de recuerdos y deseos-, rompe el hielo la dramaturga: “el camino no es unilateral”.

“Para construir una verdadera convivencia pacífica tienen que recorrer el trayecto ambas partes”, recomienda. ¿Es posible? Dependerá de ellos. ”Existen tantas vivencias y opiniones como personas a las que les ha afectado o han tomado parte en el conflicto. Además es algo muy íntimo y complejo…”, advierte también.

“Desde nuestra experiencia, teniendo la suerte de conocer de primera mano muchísimos testimonios muy diferentes entre sí, me atrevo a decir que los hijos e hijas de la violencia, cuyos padres han sido asesinados por ETA, los GAL o abusos policiales, han realizado viajes éticos ligados a la superación o convivencia con el duelo muy potentes que, a su vez, están relacionados con querer aparcar el odio y construir una sociedad mejor. Querer dejar otro legado diferente al que han tenido que vivir”, plantea María San Miguel. 

El recorrido está plagado de guijarros… “Es un esfuerzo enorme que requiere el paso del tiempo para poder cicatrizar las heridas”, concluye la autora del texto.

Proyecto 43-2, además de tratarse del nombre de la compañía, el guarismo 43-2 corresponde a las coordenadas del árbol de Guernica, sin duda, el símbolo más destacado de las libertades del País Vasco. La trilogía de estas piezas dramáticas se basa en “la cultura como espacio de reflexión, lugar de encuentro y apuesta por el uso de la palabra frente a cualquier tipo de violencia” a través del trabajo artístico y una labor pedagógica en la que “fomenta el teatro como instrumento que genera nuevas relaciones sociales a partir de la igualdad y la ruptura de prejuicios”.

La trilogía

La primera obra de esta trilogía se llamó Proyecto 43-2, y fue estrenada en 2011. Le siguió La mirada del otro, llevada a las tablas en 2016, y se cierra el ciclo de los tres montajes con Viaje al fin de la noche, presentada al público de Eibar por primera vez en 2017.

Como ha ocurrido en toda la serie de Proyecto 43-2, la escenografía ha sido austera porque ha mandado la palabra, el diálogo, las miradas, la tensión entre los protagonistas, el mensaje. “El aspecto que más nos ha costado trasladar al escenario, con el máximo rigor, ha sido ser honestos con el trabajo de investigación y las conversaciones que habíamos mantenido con las personas afectadas”, asegura Pablo Rodríguez, director del espectáculo.

“Los tres montajes de los que se compone la serie se caracterizan, precisamente, por utilizar cada vez más los mensajes directos, sin distracciones que pierdan la fuerza del drama”, apunta.

Según el responsable artístico de Viaje al fin de la noche, la obra ofrece dos momentos muy diferenciados: el primero, el “viaje”, en el que se vuelve a los primeros momentos de la compañía al convertirse “en un ensayo del dolor”, mientras que la segunda parte, la “noche”, es un acercamiento “al mundo poético, con una estética más avanzada, más evolucionada…”

“Viaje al fin de la noche”. Fotografía: Alba Muñoz.

Rodríguez entiende que después de ocho años y la experiencia de montar esta trilogía sobre la violencia, “sentimos que hemos cerrado el círculo en un tiempo en el que ha evolucionado la sociedad asumiendo determinados hechos, importantes, que han ocurrido en este periodo como han sido el cese de la actividad armada, primero, la petición de perdón selectivo, después, y ahora la disolución de la banda”, expone.

En contra de lo que pudiera parecer, la lectura de la pieza que va a representar Proyecto 43-2 el próximo día 5 en la sala experimental del Centro Cultural Miguel Delibes no es la demostración única del drama en el País Vasco sino que, como afirma el director del espectáculo, se trata de un tema que trasciende las fronteras para convertirse en un asunto universal.

“Cuando estuvimos en Colombia con La mirada del otro, temíamos que el público no entendiera de qué estábamos hablando con este conflicto, sin embargo, enseguida los espectadores conectaron con la trama y por los comentarios y la forma de reaccionar vimos que habían entendido absolutamente todo”, recuerda Pablo Rodríguez. Y es que, de un modo u otro, “este tipo de realidades le afectan a todo ser humano viva donde viva”, opina.

De cara al verano, la compañía tiene intención de retomar, de nuevo, su primer espectáculo Proyecto 43-2 y moverlo por los escenarios. Después de setiembre, el objetivo es girar los tres montajes que componen la trilogía por todo el territorio nacional en un programa especial, que diseñan actualmente, dentro de su propuesta pedagógica y en contacto estrecho con los espectadores.

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Viaje al fin de la noche se representará el próximo día 5 de mayo, a las 21:00 horas en la Sala de teatro Experimental del Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid.

 

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