Las mejores cantantes de rock: entre Karen Carpenter y Janis Joplin

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Karen Carpenter (que también era baterista) es una de las mejores cantantes de la historia del rock. 

Por CARLOS DEL RIEGO

El rock siempre ha contado con voces de chicas, las cuales han enriquecido el género y le han dado una perspectiva propia. Y como es lógico, existe una gran diversidad, con muchas que cantan muy bien, especialmente bien.

Grandes, enormes cantantes ha aportado a la causa del rock el sexo femenino. Como es lógico, existe una abundantísima variedad vocal femenina, y no faltan las que fueron referencia y contribuyeron decisivamente a la evolución de esta especialidad musical. Tan heterogénea diversidad podría acotarse entre la voz refinada de Karen Carpenter y la desbocada de Janis Joplin. Entre ambas, un universo de estilos y personalidades, de voces de seda y de expresiones agresivas. Como solistas con acompañamiento o como líderes de su grupo, en esto del rock & roll no faltan las chicas que cantan o cantaban bien, especialmente bien. Algunas serán siempre recordadas por su voz singular, otras por su poderosa personalidad, por su estilo, sus modos innovadores, su capacidad de transmitir sensaciones o por su académica corrección… e incluso hay algunas que lo tienen todo. Las hay que apenas bordearon las fronteras del rock, pero es imposible no acordarse de cantantes excelentes como Aretha Franklin, Nina Simone, Roberta Flack o Billie Hoilliday (que murió aun en los años cincuenta); son voces inconfundibles y vocalistas con mucho temperamento y enormes capacidades, de modo que no es extraño que el incondicional del rock sepa apreciarlas.

La voz de Karen Carpenter es la dulzura hecha sonido. Modulada, segura y con aplomo, transmisora de todas las emociones, aparentemente delicada pero con un fondo infinito. Así es la voz de la mitad de The Carpenters. La malograda cantante (y extraordinaria baterista) entonaba con una naturalidad asombrosa, tanto que al escucharla se tiene la impresión de que no le cuesta el mínimo esfuerzo recorrer la melodía. Su repertorio y ambientación tiraba al country más ligero (con letras cargadas de tópicos), pero su desbordante talento le permitía entonar cualquier canción y mejorar el original, o aventurarse por cualquier registro como si fuera una consumada especialista. Podía cantar la cancioncilla más simplona e intrascendente y dejar al público con la sensación de estar escuchando la partitura más solemne. La voz y entonación de Karen es, tantos años después de su muerte, armonía en estado puro.

Entre las que tienen (o tenían) ese algo especial está la desgraciada Whitney Houston, que exhibía una textura vocal clarísima, pulida, resplandeciente y colorida; era muy expresiva en escena y poseía gran dominio del ritmo y control de la intensidad. No puede olvidarse a la menuda integrante de Fleetwood Mac Stivie Nicks, cuya voz es frágil y poderosa a la vez, ronca e infantil, dulce y misteriosa a veces y cargada de agresividad rock en otras. De los tiempos de la sicodelia hay que recordar a Grace Slick y sus lisérgicas interpretaciones. Estupenda, inolvidable Ronnie Spector, la esposa de Phil y solista de las Ronettes, cuyo tono de voz no puede ser más evocador. Justo es mencionar a las prematuramente fallecidas Patsy Cline, que estaba entre el country y el pop y fue una de las primeras grandes figuras femeninas; a la deliciosa y Tammy Wynette, que era puro refinamiento soul; y claro, a la inolvidable Mama Cass, dotada de una poderosa voz de soprano.

Pero hay más, pues la magnífica variedad vocal y de personalidades que el sexo femenino aportó al rock & roll parece infinita… Todas estas tenían esa chispa, ese don que diferencia a alguien que canta con el que emociona cuando canta. Por ejemplo Patty Labelle, todo fuerza y control; Debora Harry, de Blondie, que supo poner un toque de clase al primer ‘punk-new wave’ estadounidense. El folk –pop estadounidense cuenta con muy buenas cantantes, como Joni Mitchel o Linda Ronstadt, que siempre supieron afinar sus intencionados textos. Recientemente desaparecida, la irlandesa Dolores O’Riordan (The Cranberrys) dejó un estilo muy fácil de reconocer. Sentimental y al tiempo profunda, con clase y una gracia especial, la completísima Carole King. ¿Y Diana Ross?, ¿y Donna Summer?, ¿acaso no lo hacen con personalidad y más que corrección? ¡Cómo no recordar a la exuberante y potente voz de soprano de la germana Nina Hagen! ¿Y alguien se acuerda de la malograda Marisca Veres, la cantante de The Shocking Blue?  Ah!, y se puede colar por aquí la desbordante Dolly Parton, casi siempre en el terreno del country, capaz de ser alegre y desgarradora, ingenua y resabiada, y puede hacerlo todo en la misma canción. Y si de energía y carisma se trata, pocas como la tonalidad metálica de Tina Turner y su impetuosa presencia.

Hay otras tal vez menos refinadas, pero eso no impide que sean figuras imprescindibles. Así Patti Smith, que no tiene una buena voz ni grandes cualidades canoras, pero todo lo suple con su fortísimo carácter, con su grito desbocado y su salvaje presencia; sus gemidos, bufidos y quejidos señalaron los modos del punk. E igualmente tampoco se puede decir que Suzi Quatro, Joan Jett, Pat Benatar o Chrissy Hynde cantaran especialmente bien, pero tienen su mérito.

Y finalmente, Janis Joplin. La recordada cantante texana abría por completo su alma en cada concierto (los vídeos lo demuestran) y echaba su corazón hasta la último nota; aun hoy es capaz de agitar el corazón y el sentir de cualquier que la escuche. Su voz es inigualable, no hay con qué compararla, rasgada, suplicante, emocionante, encendida…, inconfundible. Cuando hacía blues tendía al grito, pero por increíble que parezca, jamás desafinó, nunca se salía de tono: ni en el más desesperado quejido, ni en la voz más desgarradora perdía el sitio. La manera con que ella se expresaba y cómo trataba su voz abrió todas las puertas a quien soñara con cantar rock, blues, pop, soul…, hombre o mujer. Con ella se aprendió que un cantante de rock debe dejar salir lo que tiene para que la gente sienta lo que él. Tantos años después de su muerte sigue produciendo escalofríos.

Entre Karen y Janis, una gama infinita de rock con chicas al micro.

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