“Connerland”. Laura Fernández

Portada de ‘Connerland’, ilustrada por Sergio Mora.

Connerland
LAURA FERNÁNDEZ
Random House, 2017

El escritor leonés Luis Artigue continúa reseñando algunas de las novedades más interesantes del género negro y del género fantástico que desfilarán este verano por la Semana Negra de Gijón (7 al 16 de julio de 2018). Su tercera entrega está dedicada a la quinta novela de la periodista, crítica y narradora catalana Laura Fernández, “Connerland”.

Por LUIS ARTIGUE

La última obra galáctica de la nueva escritora eléctrica Laura Fernández (Tarrasa, 1981) se titula Connerland y es una novela de ciencia ficción sobre un escritor de novelas de ciencia ficción, así que, por supuesto, comencemos hablando de SF…

La parodia, la metaliteratura, el alto nivel de invención, la mezcla sin complejos de subgénero friki y academicismo, las atmósferas novelísticas delirantes, los no lugares, las texturas narrativas plásticas como de cómic y/o videojuego, los argumentos líquidos con tramas y subtramas que se superponen y la ironía transformada en instrumento de indirecta crítica social, son las características de lo que la teoría de la literatura americana más en boga denominó entonces “posmodernismo maximalista”, y llama ahora “ficción de la hipermodernidad”.

La nueva ciencia ficción será humorística o no será.

En este sentido es sabido que la ciencia ficción, como género narrativo que gusta de la hibridez tanto como del rigor, posee una amplia gama de alegóricos registros. Estos van desde las distopías, las ucronías y los cantares de gesta intergalácticos a los futuros robóticos de Isaac Asimov y los poéticos de Ray Bradbury pasando por esa ficción filosófica que es espejo o refutación de la soledad del ser humano en el universo –Olaf Stapledon, Arthur C. Clarke, etc.–, hasta llegar a la ficción anticipatoria pura que deja en cierto modo de lado la especulación científica para centrarse en la intriga y la aventura –Jack Vance, Philip K. Dick, Robert. A. Heinlein–…

Pero, ya que la poesía y el humor son lo más difícil en literatura, en lo que a esas novelas se refiere acaso el registro menos ortodoxo y más difícil sea el del humor (el cual cuenta también en la SF con perdurables maestros en el arte de narrar como el salvajemente esperpéntico Christopher Moore, el agudamente paródico Fredric Brown o el laberíntico y denso Thomas Pynchon).

Estos citados fueron los maestros que influyeron en una novela pionera que nos introdujo en España –los precedentes no son pocos, claro– en la irónica e imaginativa ficción de la hipermodernidad: Feliz Año Nuevo (ed. Minotauro), de Luis Montero.

Esta corriente ha regresado, y viene con mucha fuerza.

Como un anticipo de lo que viene, de lo que ya casi está aquí en la ciencia ficción española, acaba de publicarse la última novela de Laura Fernández titulada Comerland (Random house), la cual es un curioso modo que tiene esta escritora de reírse de la posteridad.

Como toda ficción de la hipermodernidad la trama de esta novela es metanarrativa y el argumento tan múltiple como líquido, así que no resulta fácil poder resumirlo, pero diremos que todo está narrado con prosa epidérmica como de narrativa juvenil asociada a una imaginación desatada y delirante, y versa sobre Voss Van Conner, un escritor fracasado de novelas de ciencia ficción, que muere de forma absurda al electrocutarse en el baño mientras se estaba secando el pelo… Y, tras los sorprendentes azares de la trascendencia pop, va y se le aparece en toalla de baño a una azafata de vuelo casi diciéndola eso: que es un escritor muerto que regresa a la vida para ver que ha pasado con su obra…

Ya de haber vuelto para ver su legado literario quiere saber también qué dijeron las crónicas al morir él (“¿mi agente dijo que era genial?”), y quiere visitar a su mujer (que resulta que estaba a punto de dejarlo y ahora no para de follar como para así castigar al muerto), y al citado agente literario (que se está muriendo de hambre), y hasta a una escritora chiflada que fue su mejor amiga… En ese viaje de regreso nos lleva consigo a través de una hipersobrecargada gama de situaciones y personajes que se amontonan ante los ojos del lector, tales como clubs de fans de escritores, casas de citas de azafatas, una madre que sólo habla con diálogos de novelas que ha leído, un escritor y vendedor de juguetes puerta a puerta, etc…

Por sorpresa al escritor le llega al fin el anhelado éxito literario después de muerto, y, todo un guiño a aquella espantosa película noña titulada Ghost, él decide gestionar ese éxito postvida mediante una médium.

He aquí una meritoria novela friki, tal vez caótica y sin poda final y/o sin hallazgos expresivos reseñables que no sean las múltiples onomatopeyas, pero sin duda con una lograda textura narrativa diríamos que de película de Tim Burton, y con alto nivel de invención, y con frescura, y con ironía irreverente y dinamitera a lo John Kennedy Toole cruzado con David Foster Wallace (nos referimos a ese tipo de humor que en nuestras letras fue retomado por Eduardo Mendoza y Quim Monzó y ahora siguen aquí sus inconfesos discípulos Rafael Reig, Pablo Tuseet, Juan Aparicio Belmonte, etc), y sobre todo con un literariamente hipermoderno sentido del espectáculo.

Laura Fernández es un diamante en bruto, y apostar por ella equivale a apostar sobre seguro.

A partir de ahora me declaro lector suyo y espero ya con ansia su nueva novela, porque promete ser la hostia.

— — —

Laura Fernández.

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