Vivir, dormir, tal vez votar (4)

Por LUIS GRAU LOBO

Política politizada, mujeres ausentes y ataques de nervios. Antes de que el manifiesto le diera alas, argumentaba Pablo Casado que el PP no iba a las manifestaciones del 8 de marzo porque están politizadas. Es como si dijera que no concurre a las elecciones por eso mismo… De tanto disparate a veces le salen unos chistes decentes.

Un buen amigo mío opina respecto al arte contemporáneo que una obra es buena (es… ¿arte?) si extraída de uno de los museos o centros de arte que tan buen cobijo y contexto les proporcionan, sigue pareciendo tal. Es la prueba del algodón y funciona, hagan la prueba. Algo similar sucede con ciertas actividades: si las mujeres no están presentes ni se las espera –salvo excepciones y bizarrías– es por la obsolescencia de la cosa. No existen párrocas (Word me señala esta palabra en rojo), ni apenas toreras, ni…. Tampoco cazadoras. Nota al margen: toreras y cazadoras hacen referencia a prendas de vestir, ¿para cuándo una párroca, modistas? ¿Han visto alguna mujer cazando en tanta imagen cinegética como estos días tenemos que soportar?

La caza ya no responde a aquella afición idílica y algo naif de los deliciosos relatos de Delibes. No se justifica por sí misma, sino como una suerte de control de especies, un negocio y el entretenimiento de muchas gentes del campo: derecho ancestral e ingresos ‘emprendedores’. Salvo Podemos y Pacma, ningún partido propugna su prohibición. Sin embargo, pareciera que solo Vox la defiende, porque pesca en ríos revueltos. Y aunque ha sido Pacma quien ha logrado una victoria en los tribunales, son los responsables de la administración quienes deberían sentirse abochornados. Además, para sorpresa de muchos, los informes en que se basa esa normativa cuestionada son encargados a consultoras privadas cuando los propios agentes medioambientales de la administración se reivindican preparados y en condiciones de confeccionarlos ¿Más intereses enredados?

Posiblemente haya que seguir cazando, pero no así. Posiblemente hay que admitir que en los pueblos la caza siga siendo una afición acorde con el estado de las especies, si ese estado es avalado por funcionarios conocedores del mismo y por su desarrollo real desde una perspectiva conservacionista. En las ciudades, reformas, edificios y hasta barrios enteros deben someterse a normas y razones de índole conservacionista. Posiblemente, nos guste o no a los que no la practicamos, la caza sea una de esas actividades sobre las que una prohibición total sea tan injusta como una liberalización y conversión en un negocio que podría esquilmar el campo, ya suficientemente agostado y agraviado. Eso exige regulaciones y compensaciones. Quizás por ello lo mejor sería no hacer otra chapuza, no poner otro parche como el que estudian nuestros políticos con premuras y nervios dignos de más apremiantes causas. Pero temo que todos andan a la caza de otras especies.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 10 de marzo de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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