“Vastedad” (Poesía del Pueblo Sami)

Portada del libro.

VASTEDAD. Poesía del pueblo Sami
Rose-Marie HuuvaInghilda TapioThomas Marainen y Simon Marainen
Prólogo y traducción: René Vázquez Díaz
Ed. Devenir Poesía, 2018

Por ELOÍSA OTERO

“Vastedad” es un pequeño libro (apenas 70 páginas) que reúne poemas de cuatro autores samis vinculados a las últimas familias cuidadoras de renos del único pueblo indígena que queda en Europa: Rose-Marie HuuvaInghilda TapioThomas Marainen y Simon Marainen.

Como explica en el prólogo la traductora, René Vázquez Díaz, en esta pequeña antología se mantiene “una conversación de profundo lirismo con la naturaleza dura de la región Sapmi: las delicadas luces de la mañana, el sonido tenue del agua que fluye y, desde luego, la escarcha ominipresente: el frío en las nieves del sinfín”. Pero el libro también se alza “como un documento poético de acusación y condena”. Porque, históricamente, el pueblo sami ha sido cruelmente vejado y discriminado.

Simon Marainen.

(…)

Pienso en una época
en la que el agua manaba
las hojas reverdecían
la vida se podía vivir

pienso en una época
en que la creación y el hombre eran uno
el yoik vivía en el alma
los trajes sami brillaban de belleza
y teníamos un idioma

(…)

Lloro y escribo
tengo que llorar y escribir
lloro y escribo
el dolor
(…)

Simon Marainen

El territorio donde viven los sami, al Norte del Círculo Polar Ártico, se conoce como Sapmi (Laponia). No existen estadísticas oficiales, pero se calcula que está habitado por unas 82.000 personas —repartidas entre Noruega (50.000), Suecia (20.000), Finlandia (10.000) y el noroeste de Rusia (2.000)—, que viven de la caza, la pesca y el pastoreo de renos. La suya es una de las culturas nómadas más antiguas del mundo (sus orígenes se remontan 11.000 años atrás), una cultura espiritual y profundamente entroncada con la naturaleza.

Durante los últimos cuatro siglos, el pueblo sami ha sufrido crueles políticas de discriminación que se han extendido hasta nuestros días, especialmente por parte de Suecia. “Fue a partir del siglo XVII cuando los misioneros suecos y daneses comenzaron la cristianización de los sami, a quienes no solo consideraban herejes, sino una raza inferior”, explica Vázquez Díaz.

Su cultura milenaria fue declarada salvaje, y los sami empezaron a ser “estudiados” como si fueran animales. Se les prohibió practicar sus creencias animistas o chamánicas, se les confiscaron tierras —ricas en minerales y materias primas—, muchos fueron expulsados, perseguidos y despojados de su cultura, lengua y tradiciones, incluso exhibidos en zoos humanos por todo el mundo. Sus lugares sagrados fueron profanados y destruidos. Se les prohibió tocar sus tambores ancestrales y practicar el yoik, “una forma de poesía que a veces se expresa solo por medio de la melodía, sin palabras, y que habla de la relación de los seres humanos con la naturaleza y otras personas”.

Inghilda Tapio.

(…)
lo que no se ve
pero que se oye y se siente
puede ser una tempestad
también puede ser otra cosa

lo que no se oye
no se ve
puede ser algo más grande que la tormenta
más grande que cualquier otra cosa

un presagio
de lo que nos espera
(…)

Inghilda Tapio

Como recuerda Vázquez Díaz, “en 1922 se fundó en Suecia el Instituto Estatal para la Biología de las Razas. A partir de los años 30, los guardias de la “higiene racista” del Instituto les medían los cráneos a los sami; a las chicas las desnudaban para “investigarles” diferentes partes del cuerpo. A los cadáveres samis les cortaban la cabeza, para guardarlas y estudiar su relación con la “baja categoría racial” de su pueblo”. Incluso se llevaron a cabo proyectos de esterilización masiva de mujeres samis hasta el año 1975. Y “esa historia de vejaciones también está reflejada en estos poemas”.

Rose Marie Huuva.

(…)
a veces recibe
pedidos especiales
un investigador de razas quiere
el cráneo de un bebé sami

un cuchillo afilado
separa la cabeza
del cuerpo del niño
que se enfría

en el entierro
al padre y a la madre
no les hacen saber
que el sacerdote bendice
a su hijo
sin cabeza
en nombre de Dios
(…)

Rose-Marie Huuva

Esto es lo que anota René Vázquez Díaz al final de su prólogo: “Para los sami, el paisaje está formado por cosas vivas que poseen su propia poesía. Por ejemplo: las rocas, el eco, los caminos, la lluvia, ¡el hielo!, el viento y las hojas, son entes vivientes con espíritu e historia. Este libro exalta detalles de un valor desconocido para nosotros, como las marcas a cuchillo en las ramas de los abedules y los senderos de los antepasados en la nieve. Aquí se evocan “los conocimientos silenciosos” de las abuelas muertas (las Ahkkus). Este es un libro de mensajeros secretos que cantan, como en un yoik, sobre historias de amor, de resistencia y dolor: suenan los tambores de las adivinaciones escribe Rose-Marie Huuva. Este quiere ser un pequeño aporte a la comprensión de este pueblo originario de Suecia, y su noble poesía”.

Thomas Marainen.

(…)

me chupo
los dedos que se me han helado
en los guantes calientes
de mi querida madre
ella les ofrece a todos
su seno generoso

con una gran sonrisa
ella cambia frío por
calor bueno

Thomas Marainen

El sami no es un idioma unitario, sino que comprende toda una subfamilia lingüística que incluye once lenguas y distintos dialectos, muchos extinguidos o en peligro. Cada vez quedan menos samis que hablen su lengua. Los niños y jóvenes abandonan cada vez más el sami por la lengua mayoritaria del país, o sea el sueco, noruego, ruso o finlandés. Así, a medida que los viejos van muriendo, con ellos muere también su lengua.

La terminología sami es una expresión de la relación existente entre las condiciones de la región ártica y su modo de vida. Tienen más de cien palabras para la nieve y más de cincuenta para referirse a los renos. La terminología relativa a la nieve comprende descripciones detalladas de los tipos de nieve, su densidad, profundidad y capas, así como de los vientos, las temperaturas y los procesos físicos que ocurren en el suelo y los árboles. Dos ejemplos: La palabra que describe un suelo cubierto de “nieve-nieve” es muohta y para nombrar “una fina capa de nieve” se emplea el término geardni.

La riqueza del lenguaje sami es un ejemplo de cómo los pueblos indígenas han elaborado sistemas de conocimientos complejos y llenos de matices en relación con el mundo natural, que están implícitos en el idioma que hablan y estrechamente vinculados al mismo.

Como curiosidad hay una palabra sami cuyo uso se ha extendido por todo el mundo: ‘Tundra’. Y otra cosa: con frecuencia a los sami se les denomina “lapones”, pero entre ellos ese término se considera despectivo, ya que “lapp” se asocia con lo inculto y hasta puede significar “ropa de mendigo”.

(…)

Ha llegado la hora
de tallar en la piedra
el idioma, el sol
y la luna

labrar las palabras
en las rocas de las montañas
reconocer de nuevo
el valor de nuestro pueblo
a lo largo del tiempo

(…)

Rose-Marie Huuva

— — —

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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