Michael Jackson, condenado por un documental convertido en juicio

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La sombra de la sospecha perseguirá siempre a Michael Jackson, pero un documental es cine, no proceso judicial con garantías. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Un documental basado en dos testimonios ha conseguido convencer a muchos de que Michael Jackson era un abusador de menores. Y basándose en ese reportaje se le ha condenado. Sin embargo, las cosas (como casi siempre) no son tan sencillas, es decir, existen muchos factores, muchas circunstancias importantes que hay que tener en cuenta antes de dictar sentencia.

No se trata de poner la mano en el fuego por Michael Jackson (ni por nadie), pero antes de tomar postura parece inteligente tener en cuenta otros hechos además de los testimonios vertidos en el documental ‘Leaving Neverland’. Éste ha bastado para que varias emisoras de radio de países como Canadá, Australia o Nueva Zelanda hayan anunciado la prohibición de emitir sus canciones, o que la cadena que produce Los Simpson comunique la ‘retirada’ del episodio en el que el artista pone su voz a un personaje (una tontería, pues hay mil formas de ver dicho capítulo).

La película ‘Leaving Neverland’ contiene los testimonios de dos presuntos abusados, sin embargo, esos dos declararon bajo juramento a favor de Jackson en el primer juicio, que tuvo lugar en 1993 (que terminó con arreglo extrajudicial). La acusación principal entonces corrió a cargo de Jordan Chandler, que fue quien antes sentó al cantante en el banquillo. Entonces Jackson hubo de interrumpir la gira ‘Dangerous Tour’, pero se llegó a un acuerdo por el que la compañía aseguradora de los conciertos pagó una millonada para que retiraran la acusación, eso sí, subrayando que el pago no significaba admitir nada. No hay que ser un lince para sospechar que la acusación perseguía exclusivamente la pasta, ya que si los padres estaban totalmente convencidos de la culpabilidad del músico, hubieran ido hasta el final por dos razones, la primera para castigar a quien había dañado a su hijo (¿qué padres no hubieran seguido con el juicio por más dinero que les hubieran ofrecido si estaban seguros de los abusos a su hijo?), y la segunda porque, de haberse probado la acusación, hubieran recibido igualmente un pastón como indemnización; pero no, cogieron la pasta sin preocuparse por lo supuestamente sufrido por el chaval. Años después, en 2009, unos meses después de la muerte del músico, el padre de Chandler se pegó un tiro (en un lujosísimo piso de Nueva York), y el muchacho declaró emocionado que las acusaciones eran mentira y que el cantante “siempre había sido inocente”.

En el segundo juicio, en 2005, uno de los que hoy protagonizan el escandaloso  documental corroboró lo declarado en el 93 y el otro no declaró. Curiosamente, uno de ellos intentó entrar en El Circo del Sol cuando éste preparó un espectáculo sobre Jackson, y al ser rechazado empezó a cambiar el testimonio que había dado en el juicio. Es decir, o cometieron perjurio (uno de ellos en los dos juicios) o ahora están mintiendo. En cualquier caso, el veredicto fue concluyente: inocente de todos los cargos.

Por otra parte, durante más de una década el FBI y el Estado de California mantuvieron una vigilancia muy estrecha sobre el ‘sospechoso’, que prácticamente no podía dar un paso ni mantener una conversación sin que los investigadores se enteraran; nunca encontraron evidencia de su culpabilidad, al contrario, tras pinchar sus teléfonos escucharon una conversación en la que uno de los padres amenazaba con presentar denuncia si no se le pagaba una buena cantidad. También se ha propagado una supuesta investigación abierta por el FBI contra Michael Jackson en 1985-86 por abusos a unos niños mejicanos, la cual habría sido abruptamente interrumpida después de recibir ‘una orden de muy arriba’, ya que el investigado iba a ser recibido en la Casa Blanca. Pero el agente que, en 1993, trató de hacerse con los papeles de esa investigación no encontró nada en los archivos, ni el más pequeño indicio, ni se recordaba quién había llevado aquella investigación; y además, Jackson se reunió con Ronald Reagan en 1984, antes de los supuestos actos indecentes con los niños mejicanos.

Lo que sorprende es que se haya convertido la película en un auténtico juicio, de modo que para muchos el documental tiene más peso que un proceso legal en condiciones. Sin embargo, rechina un poco que la peli sólo dé voz a la acusación y no cuente con nadie que contradiga, nadie que dé réplica, nadie que conteste. Además, también se mencionan en la película otros nombres de presuntos abusados, uno de los cuales, Brett Barnes, acaba de declarar que todo es mentira, y que él jamás fue acosado o abusado por ‘El rey del pop’, y que incluso piensa presentar denuncia por injurias. También el actor Macaulay Culkin (mencionado de pasada) compartió de niño muchas horas con Jackson, y siempre negó cualquier conducta impropia. Otra cosa que no concuerda es por qué los padres, a pesar de las sospechas y rumores de su supuesta pedofilia, permitían que Michael Jackson pasara tanto tiempo con sus hijos… ¿Algún padre de los presentes haría tal cosa? El caso particular de una de las asistentas de Neverland, la salvadoreña Blanca Francia, es elocuente: declaró haber visto a su hijo hasta tres veces en situación inadecuada con Jackson, entonces ¿por qué después de la primera siguió llevando a su hijo a la casa dejándolo al alcance del supuesto pederasta? La señora también aceptó pasta en 1994 por no denunciar, y luego fue juzgada por extorsión y condenada a indemnizar al cantante con un millón, que nunca pagó, claro.

No parece justo ni coherente dictar sentencia en función de los testimonios de dos personas que han cambiado tan drásticamente sus declaraciones; lo que es evidente es que los acusadores mintieron entonces o mienten ahora. Y nadie puede ser condenado con unas ‘pruebas’ tan dudosas, sobre todo teniendo en cuenta el veredicto y las conclusiones del juicio de 2005. Lo cual no quiere decir que el artista fuera un santo varón ni que haya que poner la mano en el fuego por él.

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