Vivir, dormir, tal vez votar (6)

La cloaca máxima de Roma.

Por LUIS GRAU LOBO

Una rosa es una rosa es una rosa. Nombres ocasionales que se pretenden metáforas y figuras literarias para referirse a circunstancias políticas han hecho fortuna convertidos en tópicos tan reiterados que ya no recordamos cuándo los oímos por vez primera, ni, sobre todo, dudamos de su eficacia. Pero lo aludido es menos interesante que la forma de hacerlo, el campo semántico en que juegan, su territorio mental. Su acto fallido freudiano.

Comencemos por una de las preferidas de crítica y media y, si no me falla la memoria, más recientes aunque igualmente consolidada. Gurú económico. Confieso que cuando lo oigo me imagino un tipo flacucho y bronceado, con taparrabos de pañal, manguitos de contable y lápiz en la oreja. No sé a quién se le ocurrió asociar la imagen de un guía espiritual hindú con la supuesta sabiduría sobre asuntos de ciencia económica, pero quizás se trate del mismo tipo que puso un chimpancé a invertir en Wall Street durante un año. El mono, por supuesto, ganó más dinero que los ‘brokers’ profesionales. No nos sorprende nada desde Lehman Brothers. Pero si al final vamos a pagar todos la factura, al menos que nos eviten tragar las piedras de molino que llevan en su macuto. Aquellos que quieren subir los impuestos para financiar el gasto público y con él propiciar crecimiento económico y los que quieren rebajarlos para propiciar un crecimiento económico que auxilie la financiación pública. Dos escuelas, dos sectas, dos senderos hacia el nirvana. Es curioso, descubro en internet que mientras la Academia admite también gurú como ‘experto’, en casi todos los idiomas de la India ‘gurú’ ha dejado de expresar ‘maestro’ para significar ‘pesado’. Tanto mantra…

Ítem más. Barones del partido. Si los presidentes de comunidades autónomas querían etiquetar de alguna manera su señorío sobre entidades territoriales muchas veces improvisadas donde habían de ejercer transitorios pero omnímodos poderes frente a políticas de Estado para defender aldeas desamparadas, tradiciones eternas y peregrinas idiosincrasias, nada mejor que recurrir a denominaciones de cuño feudal y a la evocación de privilegios y actitudes nobiliares de dudoso encaje democrático. Un diez para el que asoció las baronías con las autonomías, se ve que conocía el paño. Nota bene: dicen que hay barones (y baronesas) sin baronías, pero eso parece un chiste. O una ofensa.

Cloacas del Estado. Otro hallazgo lingüístico primordial. Ya saben la respuesta de Vespasiano cuando curtidores y lavanderos se quejaron del nuevo impuesto sobre el uso de la orina de los romanos que necesitaban para sus tejidos: pecunia non olet, el dinero no huele. Tanto es así que por las cloacas del Estado lo que más circula es dinero, con callada e inodora fluidez.

El último es un solo e inquietante vocablo: precampaña. No está en la RAE, pero sí en nuestras oraciones. Ensucia, estremece y no da nada de esplendor.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 7 de abril de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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