David Colinas: “El caos en mi pintura no es azar, es impulso siempre bajo control”

El pintor leonés David Colinas.

Por CAMINO SAYAGO

El artista leonés, afincado en Vejer de la Frontera (Cádiz), se ha propuesto, y de ello hablamos en esta entrevista, llevar al Pozo Julia de Fabero (León) el caos ordenado de su pintura y convertirlo en un monasterio laico en donde exhibir su obra. Hace dos años fueron las ‘Colinas de Sal’, de las salinas de Puerto Real, las que afloraron en los cartones reciclados. Ahora son las ‘Colinas de Carbón’, del Lavadero Alicia, las que dan forma a la instalación pictórica que David Colinas inaugura el sábado 15 de junio, a las 12:00 horas, en este antiguo pozo de la cuenca minera berciana.

Ochenta obras sobre cartón, de mediano y gran formato, integran ‘Colinas de Carbón’, el trabajo reciente del artista, que ha elegido el espacio industrial de la antigua explotación de Fabero (León) para integrar su pintura. Un escenario en el cual las obras conviven y dialogan con este lugar tan impregnado de historia e historias.

La muestra, abierta hasta el 5 de agosto, se extiende a lo largo de las galerías del Pozo Julia y busca en cada una de sus salas -en su día destinadas a los vestuarios de los mineros, a la zona de baños y duchas, a la lampistería  o a los comprensores-, el pálpito del carbón que aún emerge entre sus paredes. La mina, en las que los martillos de picar dejaron de oírse en 1991, convertida en monasterio renacentista, se transforma en un espacio sagrado y de reflexión, en una gran instalación que acoge sus últimos trabajos de tendencia expresionista. “Mi propuesta nace desde el respeto y la admiración más absoluta a una forma de vida tan dura como desconocida fuera de las cuencas mineras. Pozo Julia es un lugar donde se funde la vida con la muerte, el drama con la esperanza, la lucha con la resignación, la oscuridad con la luz… Y creo que no podría encontrar mejor rincón donde presentar mi obra. Un lugar que alimenta el alma”.

– Después de la muestra que realizaste en Ármaga y en el Museo de León regresas con ‘Colinas de Carbón’. ¿Sentías la necesidad de que tu pintura estuviera más viva en otro lugar?

– Sentía la necesidad de exponer en un espacio diferente donde la pintura no solamente hablara por sí misma, sino que se estableciera un diálogo con ese espacio. Quería llevar el expresionismo todavía más lejos, que realmente se produjera un efecto multiplicador. Y creo que en este caso se consigue con el espacio.

– El escenario industrial que acoge este nuevo trabajo, el antiguo Pozo Julia, fue una elección totalmente fortuita. ¿Te habías planteado exponer en un lugar tan inusual?

– Realmente estaba buscando un espacio diferente, algo industrial. Se lo comenté a Luis García y él fue quién me habló de este lugar. Cuando conocí el Pozo Julia fue realmente un flechazo. Era, como te comentaba, el lugar perfecto para poder expresar todo aquello que yo quiero con mi pintura.

– Tu pintura está ahora en el corazón de una mina, reconvertida en espacio expositivo. ¿Qué has sentido al verla integrada en las paredes de las galerías?

– Realmente las galerías es el lugar ideal para poder ver bien la obra. Un espacio neutro con paredes blancas donde nada interfiere. Pero yo quería algo más en este caso. Quería un espacio que ya tuviera una historia y donde mi obra se pudiera integrar y expresar todavía con más fuerza.  Y creo que en el Pozo Julia lo he conseguido.

‘Colinas de Carbón’. Pozo Julia (Fabero. León).

– Dices en el texto del catálogo que tu intención era recrear en la mina  una especie de monasterio del Renacimiento, con sus distintas celdas y frescos. Una escenografía que inevitablemente conduce a la instalación pictórica…

– Eso es exactamente lo que quería hacer, una instalación con mis pinturas. No solamente hablan las obras por sí mismas sino que se integran en el espacio, conviven y conversan con éste. Cuando yo vi el espacio rápidamente me fui a Florencia. Aquello era lo más parecido a un monasterio que yo había visto. Pero luego además te pones a pensar en lo que es ese espacio exactamente. La mina, lo que significa, lo que se ha vivido allí, no nos podemos olvidar que es quizás uno de los trabajos más duros dónde hay muchos momentos de silencio, muchos momentos de esfuerzo y quizás también muchos momentos de reflexión.

– El título de la muestra fusiona tu apellido con el carbón. Imagino que es más que una metáfora y en algunas piezas ¿has querido que se palpe lo que sucedía en este espacio bajo tierra?

– Es una metáfora pero además es una realidad. Empecé con las ‘Colinas de Sal’ hace dos años, porque era lo que yo veía continuamente en las salinas de Puerto Real. Al llegar a Fabero me encontré con las Colinas de Carbón reales, se ven todavía en el Lavadero Alicia. Además es carbón lo que hay en las entrañas de la montaña.

Después de llegar aquí sentí la necesidad de hablar de la mina y de los mineros e integrarlo en mi discurso. He sentido que se ha producido una amalgama muy fuerte y muy sólida.

– Se pueden ver ochenta piezas, de pequeño y gran formato. Y todas ellas realizadas sobre cartón, a veces reciclado. Un material pobre, de desecho,  muy presente en toda tu producción…

– Para mí el cartón es un material noble. Realmente creo que no hay materiales innobles. Además estos materiales reciclados tienen su historia, su propia razón de ser y tienen mucho que aportar a la obra. Me fascinan los materiales usados. Quiero hacer también una reflexión sobre la necesidad de reciclar y no desperdiciar recursos.

– Hablemos de las series que presentas. Las temáticas son muy distintas: animales, fósiles, demonios, ángeles y otros seres fantásticos e inventados y también los Antruejos. ¿Qué relación tiene unas con otras? ¿Y cómo han surgido?

– Al final se han ido ordenando ellos solos y creando su propia historia. Empezamos por la serie ‘De Carbón’ dónde son obras lógicamente relacionadas con la mina, con este material. Aquí se expresa todo lo que significa, la historia de estos hombres, de los mineros, de su lucha diaria, de los peligros de la mina, la dureza de la mina, los sentimientos que hacen aflorar la mina. Luego nos vamos a la serie ‘Primarias’ donde hay obras relacionadas con las pinturas paleolíticas, prehistóricas. Épocas remotas en las que se formó el carbón. Aquí, en este espacio del museo minero, veremos fósiles, con lo que la serie se integra perfectamente. Y de ahí a la serie de ‘Los Antruejos’, que es algo muy nuestro. Esta serie se integra perfectamente porque nos habla de esos días previos a la Cuaresma, el carnaval dónde hay que relajar el cuerpo y el espíritu porque después viene un momento de sacrificio y mortificación. A continuación ‘Las Tentaciones’, que es la siguiente serie después del Carnaval. Aquí es donde desarrollo la idea del monasterio renacentista, con pequeñas obras que nos hablan de los peligros, de los diablos que pretenden tentarnos y engañarnos. Y que además, nos llevan a las mortificaciones. Un convento laico, porque creo que al final no hay tantas diferencias. Son formas diferentes de orar. Llegar a la oración por el trabajo, por el esfuerzo, y quién mejor que los mineros….

– Hay obras que llevan por título diversos tipos de carbón, ‘antracita’, ‘coque’, ‘hulla’. Pinturas realizadas para este entorno que defines como ‘casi rupestres’…

– Son las obras realizadas ya para la exposición en el Pozo Julia. Enlazan con las obras de la serie ‘Primarias’, la formación del carbón nos lleva a épocas remotas. Son obras dedicadas a diferentes tipos de carbón, jugando además con los términos, Hulla o Huya…. en este caso de los demonios.

– En la sala de compresores reúnes cuatro obras: ‘Ya se acabó el carbón’, ‘Turba’, en color azul, ‘Lignito’ en color rosa. Y la última bastante inquietante ‘Morir bajo Tierra’. ¿Es tu personal homenaje a esta dura vida en vías de extinción?

– Es una posibilidad dura pero real, terrible para un minero. Cuando haces la visita del Pozo todavía se puede oír la sirena. Ésta marcaba los turnos del pozo, pero cuando sonaba entre turnos saltaban todas las alarmas en el pueblo, porque eso podía significar una tragedia. Vivían con el ritmo que les marcaba la sirena.

 

– Una última pregunta. La influencia de tu pintura más evidente remite al neoexpresionismo. Parte del gesto, bebe del instante y a veces posee el carácter automático del impulso, pero seguro que hay muchas más.

– Mi fuente es el neoexpresionismo. Es el gesto, el trazo de una aparente pintura automática que de automática no tiene nada. Hace poco me comentaban que para ser el pintor del caos quería controlar absolutamente todo. Es cierto, el caos es absolutamente controlado y organizado, no es azar, es impulso siempre bajo control. Espero de todas formas dejar de controlar algún día, y ese día comprenderé el sentido de la pintura.

– ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

– Mi próximo proyecto seguir trabajando y disfrutando. Para mí el mayor placer es pintar, es pura magia.

– Un apunte ¿realizaste toda la obra en tu estudio de Vejer?

 – Sí,  la soledad de mi estudio es la mayor inspiración.

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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