Las calaveradas y locuras de Ace Frehley, guitarrista de uno de los grupos más disparatado, Kiss

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Ace Frehley, guitarrista de Kiss, estuvo a punto de morir electrocutado en escena. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Parece obligación de toda estrella del rock vivir en la exageración y excederse en todo: sexo y drogas, fiestas y lujos. Y aunque no son pocas las excepciones, la realidad es que son muchos, muchísimos los nombres importantes en esto del rock que podrían escribir libros sobre sus calaveradas, extravagancias y desvaríos, es más, bastantes de ellos están convencidos de que ser estrella del rock impone vivir en el filo. Uno de los grupos que más experiencia tiene en este tema del exceso es Kiss, especialmente su primer guitarrista Ace Frehley.

Es Kiss, sin duda, uno de los grupos cuya imagen resulta más fácil de identificar, ya que su puesta en escena está basada en la más enloquecida exageración, en una divertida horterada. Pero también fueron maestros en el desenfreno extremo fuera del escenario. De Gene Simmons y Paul Stanley se han contado todo tipo de locuras, pero no tantas de Ace Frehley, que estuvo en el grupo desde el inicio y con el que grabó sus nueve primeros álbumes.

Un periodista especializado, Nathan Rabin, escribió una vez que las estrellas de rock, por más hedonistas y vividores que fueran, por más drogados y borrachos que estuvieran, siempre podían consolarse pensando que, al menos, no lo estaban tanto como Ace Frehley; e igualmente, cuando pensaran que estaban al borde de la locura, al menos nunca estarían tan locos como Ace.

El chaval ya prometía desde su infancia. Lo expulsaron de varios colegios de secundaria y él mismo se largó de uno. Sí, era muy problemático, pero también (tal vez por ello) muy popular entre sus compañeros y compañeras, ya que, al parecer, el joven Paul Frehley, era un auténtico as con las chicas, así que lo apodaron así, Ace, seudónimo que mantuvo y potenció cuando entró en el rock & roll. El caso es que antes se veía fácilmente envuelto en peleas callejeras, y conoció muy bien el asiento de atrás de los coches patrulla y las comisarías. Él recuerda que le pusieron “el cañón de una pistola en la sien varias veces”, así como las peleas “locas y descontroladas en la calle”, los problemas “en que me vi y de los que pensaba que jamás saldría”, y claro, también recuerda la suerte que tuvo cuando “con trece años me apuñalaron en la barriga, pero no fue una herida profunda, aunque pudo serlo”.

También le gusta recordar a Frehley aquel día que fue pipa improvisado de Mitch Mitchell, batería Jimi Hendrix. Fue en un local de Nueva York algo más de un año antes de la muerte de éste. Resulta que estaba rondando la puerta por donde salían y entraban los grupos, así que en un momento dado se mezcló con ellos y entró. Luego alguien se dio cuenta “y me preguntó en qué grupo tocaba, yo le respondí que en ninguno, que me había colado; entonces me pidió que le ayudara con la batería de Mitch Mitchell y antes de darme cuenta estaba montado timbales, bombos y platos; lo malo es que me crucé con el propio Mitchell y no lo reconocí; fue un día surrealista”. De acuerdo.

Una de las señas de identidad de Kiss es, claro, el chocante maquillaje y los delirantes trajes. Después de un concierto en París (con toda la parafernalia encima) se produjo el final esperado: enorme borrachera que condujo a la pérdida de consciencia. Él mismo recuerda: “me desmayé sobre la cama y me dormí con todo el maquillaje; al despertar tenía los ojos tan hinchados que no podía abrirlos, me sentí aterrorizado, pues estaba convencido de que me había quedado ciego para siempre”; es más, a pesar de las palabras tranquilizadoras del médico y a causa de que los vapores etílicos no se habían disipado totalmente: “durante unos minutos pensé con total seguridad que nunca más volvería a ver, fue una locura”. La explicación es lógica: gran parte de la pintura y maquillaje con que embadurnaban sus rostros contenían polvo de plata, además de otros componentes que pueden resultar dañinos en ciertas circunstancias, como borrachera y posterior sueño sin limpiarse la cara; en fin que la plata y la pintura le entraron en los ojos y…

Y lo que al propio Frehley no le gusta contar lo cuentan sus compis. El batería del grupo, Peter Criss, escribió en sus memorias que “Ace se ‘autocomplacía’ muy a menudo”. Al parecer, el guitarrista nunca tenía suficiente, y a la mínima oportunidad le daba al ‘amor propio’, especialmente en los primeros días de la banda, según Criss anotó en su libro. Frehley, claro, jamás ha reconocido públicamente la ‘acusación’, la cual resulta sorprendente teniendo en cuenta que Ace era un auténtico as con las mujeres.

Por su parte, el propio Frehley desveló en su autobiografía que su compañero Gene Simmons había contraído ladillas y que, además, las había contagiado al resto de los integrantes de la banda (¿); y por si fuera poco, también afirmó que el bajista tenía alergia al agua y no se duchaba nunca. Sin embargo, Simmons negó tajantemente haber estado nunca infestado, aunque no desmintió con igual rotundidad lo de la ducha: “¿Qué tiene que ver la ducha con ser una persona responsable?, ¿qué más da?, ducharte o no ducharte no te hace un imbécil”. El caso es que Frehley suelta dardos más o menos sutiles contra Simmons en cuanto tiene oportunidad: “En lo personal nos llevamos bien, pero a veces toma decisiones comerciales con las que no estoy de acuerdo, y ahí empiezan los problemas. Además, lo que más le gusta a Gene es escucharse hablar”. ¡Pues sí que se llevan bien en lo personal!

Menos risueño es lo que le ocurrió en un concierto en Filadelfia en diciembre de 1976, cuando estuvo a punto de palmar por electrocución. En cierto momento del show, Frehley se quiso bajar de un altillo del escenario, y para ello se agarró de un riel de luces, lo cual, en combinación con su guitarra, convirtió su cuerpo en conductor de electricidad. Cuenta el guitarrista que se quedó como congelado, inmóvil, hasta que cayó inerte sobre el escenario. “Me desperté detrás de los amplificadores y les dije que no creía poder seguir con el concierto; el público empezó a corear mi nombre y, aunque en aquel momento no tenía sensibilidad en las manos, me levanté y terminé el espectáculo. No sé cómo pude hacerlo”.

Y no puede olvidarse aquella vez, en 1983, cuando intentó huir de la policía cerca de Nueva York. La poli le dio el alto y le pidió los papeles, pero le habían retirado el carnet (¡qué raro!); él mismo lo cuenta: “todo empezó cuando me choqué contra el coche de delante, el agente me pidió el permiso de conducir, pero como sabía que estaba suspendido le dije que lo tenía en la guantera, y en ese momento apreté el acelerador y salí a toda velocidad esquivando a los polis”. Conducía un Delorean pero sin condensador de fluzo, así que no tardaron demasiado en darle alcance tras una veloz persecución. Fue arrestado y acusado de conducir borracho (su estado natural), de manera peligrosa y sin licencia. Pagó 500 pavos de fianza, pero no se sabe cuánto le costó finalmente la broma.

Y además de esta pequeña selección de calaveradas, no hay que olvidar que los exceso con las drogas, las cogorzas antológicas, los encontronazos con la policía y con los directores de hoteles, las descontroladas fiestas con ‘groupies’ dispuestas a todo y las situaciones más surrealistas fueron casi cotidianas en la trayectoria no solo de Ace Frehley, sino de Kiss en general.

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