Calendario (28)

© Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anunció que iba a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesitaba un cambio de rumbo… Y abrió nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su vigésimo octava entrega:

CALENDARIO

28

Por AVELINO FIERRO

Para Marta Martínez

Desde la herida en un vitral un rayo de sol se acerca y dispersa el polvo en su trasluz. Refulgen con más calma otros cristales que rodean a ese pequeño esplendor; es un coro que acompaña a la intensidad de esa voz. Así es la vida. Quizá vibre algún destello, mas serán menesterosas casi todas las horas: paseos por la costumbre bajo una luz corroída, tardes sin asombro. Podría cerrar los ojos y nombrar sin esfuerzo, con caligrafía desmañada, esas calles que se repliegan, rostros de ceniza, grietas, las mismas rutinas. Resumirlo todo con las palabras de la costumbre, repetidas como un estribillo. Es el rumor que envuelve nuestros días de a diario. Corpúsculos en el aire y una pegajosa tela de araña. Como una letanía, un pudor en el vivir. Pero a veces algún brillo raya el aire. El levante de una aurora, unos versos, el rubor en la mejilla de una mujer… nos ayudan a evadirnos de nuestros cuidados. Estoy casi adormecido, respiro calmo. Ya no viene la luz de lo alto. No podría explicar por qué pienso en el pasado, en una cicatriz que llevo desde la infancia dibujada en mi pie. Voy y vengo por mi vida. Las notas del órgano me han llevado a ese vaivén: el Preludio y fuga en mi bemol mayor BWV 552 de J. S. Bach. El Preludio funciona como una obertura a la francesa por el ritmo con puntillo del tema inicial; le sucede otro motivo más lírico y meditativo; el tercero, de elaborado contrapuntismo, viene marcado por su movilidad. Sí, he estado flotando en la bruma y un poco aturdido: soy un invitado en esta recepción celestial. Todos hablan alto, habrá un murmullo creciente hasta que llegue el arcángel edecán. Friedrich se está dirigiendo a un grupo: “Nos dejamos entristecer suspirando como sauces sin motivo”. En este pago del cielo hay criaturas hechas de niebla; y uno de los Elegidos parpadea sin cesar. Alguna otra vez estuve así, descansando de la vida, con no rompido sueño. Las luces del interior de la catedral decaen, bucean ahora hacia el reino del azul ultramar. Paseo con mis hijos por el bosque sin que nada extraordinario suceda: muere una hoja, clama un pájaro de aceite, una escama se desprende desde la piel. Derraman sombra las constelaciones. Me froto las sienes cuando la música acaba, muevo los dedos de los pies. Persiste algo de esa corriente de calidez. Y de ese miedo a la plenitud, de haber estado cerca de una forma de Verdad. Ese escapar del mundo por medio del arte. Es difícil precisar: “Cuando habla de música –dice Steiner–, el lenguaje cojea. Lo habitual es que se refugie en el pathos del símil”. En la calle hay pespuntes de bullicio, jirones de papel y bolsas entre un remolino de polvo, luz exangüe de día laboral.

Un Comentario

  1. José Luna Borge

    Solo Bach es capaz de mejorar el silencio. La palabra y la escritura se aparta a un lado, se refugia en el pathos, como dice Steiner, para dejar paso a la melodía mayor compuesta únicamente S.D.G (Soli Deo Gloria: sólamente para la gloria de Dios, que dejaba escrito Bach al inicio de todas sus partituras).

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