Símbolos y luz en “Círculo”, una exposición del ceramista Félix Sanz

Piezas de la exposición “Círculo”, de Félix Sanz. Fotografía: Juan A. Berzal.

Una veintena de piezas en cerámica en las que el círculo se muestra rígido pero flexible, en un juego de movimientos y color, es la exposición que ofrece el ceramista Félix Sanz en Valladolid. Un juego de contradicciones, de crítica y reflexión, que le permite al artista dejar sus huellas en el barro como cara anónima para quienes en algún momento pongan sus manos sobre las sensaciones del artesano.

La exposición “Círculo” estará abierta hasta el 5 de diciembre en la galería de arte La Maleta (C/Norte, semiesquina con Toreros, Valladolid). Horario: martes-viernes: 18-21 horas.

Por ISAAC MACHO

En la sala de exposiciones La Maleta la atemperada luz y los altos techos invitan a entregarse a la conversación. Las cerámicas, como pacientes huéspedes, esperan la llegada de los invitados. Bañado en vivos colores, el barro rodea a la eternidad; las manos del artista empujan suavemente sus dedos en la redondez de la gestante; los derviches danzan en círculo camino del remoto éxtasis como si fueran planetas o el sol en llamas. En las suaves formas de esa tierra cocida a altas temperaturas respira el espíritu de la comunidad, el equilibrio de los elementos visuales, la armonía cromática de los mandalas.

Félix Sanz descubre sus cartas artísticas bajo el título “Círculo”, una propuesta que junto a José Noriega y su “Ángulo recto” –trabajos mostrados en la misma sala del 27 de setiembre al 31 de octubre- forman parte del proyecto expositivo “Una habitación antigua”.

Las 18 piezas que presenta Sanz al público en esta ocasión “juegan con el círculo y no hay mejor máquina de hacer círculos que el torno del alfarero”, señala el autor. Esta docena y media de cuencos y vasos, definidos por el ceramista como “inútiles”, “quieren ocupar el espacio de forma rotunda, a veces con grosores imposibles que evocan vasos y cuencos pétreos para rituales perdidos”.

En ese movimiento de intenciones, “el volumen comienza a perder toda su rigidez mediante los alabeos y huellas que se hunden en la superficie, algo así como en la película de Fantasía de Walt Disney cuando los hipopótamos bailaban ballet con la delicadeza de una ninfa”.

Piezas de la exposición “Círculo”, de Félix Sanz. Fotografía: Juan A. Berzal.

Los tonos naranjas, azules, verdes, amarillos y rojos no solo decoran con trazos veloces y aparentemente improvisados –nada más lejos de la realidad- las figuras de barro sino que, muy al contrario, son la verdadera “piel” de las obras hasta el punto de que el autor no entiende una cosa sin la otra y que “los trazos, afirma, forman parte del volumen igual que el color”.

El concepto de círculo ha cambiado mucho a lo largo del tiempo, excepcionalmente, en la época moderna. “La tecnología, los tweets, la uniformidad cultural… inundan actualmente muchos espacios de la vida. La impresión es que cada vez importa menos el ser y que todo se está volviendo espectáculo de consumo rápido”, advierte el artista.

Esta crítica de Félix Sanz no quiere decir, explica, que vaya a entablar “una cruzada” contra estas corrientes actuales, “solo hago lo que realmente siento aunque soy consciente de que esto supone un claro manifiesto en cuestiones como el uso de los oficios tradicionales para trasladar mi trabajo. A mí me produce una cierta desazón el rechazo que tiene una gran parte del mundo del arte contemporáneo hacia las técnicas y los oficios tradicionales”.

Pese a este estado de cosas, el artesano no pierde la esperanza de que en el futuro la convivencia sea mejor una vez que se asiente la llamada revolución tecnológica. “No me puedo imaginar que seamos tan tontos como para tirar a la basura siglos de conocimiento que han hecho de nosotros lo que somos hoy”, espeta con rotundidad.

Piezas de la exposición “Círculo”, de Félix Sanz. Fotografía: Juan A. Berzal.

Las piezas que componen “Círculo” conviven sin contradicciones la contundencia de las formas cerámicas con su plasticidad, un planteamiento que supone un reto constante para este creador. “Por eso, las piezas tienen una construcción formal muy contundente con falsos grosores que indican una masa muy sólida y pesada. A partir de ese inicio comienza el juego volviendo a la materia plástica que es el barro húmedo y que se pierde una vez seco y cocido”. El interés creativo del ceramista es mantener ese momento de flexibilidad que se contradice con la parte formal de la vasija.

El artista y director del Centro Regional de Artesanía de Castilla y León, Félix Sanz, recuerda con sarcasmo -en alusión a su calificación de vasos y cuentos “inútiles”-, que “el arte no sirve para construir carreteras, ni para que suba sus cotizaciones el Ibex 35, ni para elaborar pan ni para construir puentes”. Desde esa perspectiva, reflexiona, “el arte no sirve para nada”.

Claro que si hubiera que buscar otras dimensiones del ser humano, la observación abriría sinceras oportunidades. En este caso, “encontraríamos esa capacidad que tenemos de crear pensamientos simbólicos mediante dibujos, volúmenes o música como vehículo para trasladar nuestras más profundas emociones, ya sean los miedos, esperanzas o la constante búsqueda de la belleza”.

Abajo la lógica material, viene a decir Sanz. “Hacer cosas que no tienen ningún sentido es posible que sea la mejor forma de llenar el vacío que supone nuestra incapacidad de responder a qué hacemos aquí”, concluye.

Piezas de la exposición “Círculo”, de Félix Sanz. Fotografía: Juan A. Berzal.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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