Democracia subrogada

Arresto de sufragistas en Manchester.

Por LUIS GRAU LOBO

Una persona, un voto. Cada convocatoria electoral se habla mucho de la equivalencia de los votos. Que si las circunscripciones provinciales favorecen a ciertos partidos, que si las papeletas de ciertos ciudadanos valen más que otras dependiendo de dónde vivan, que si la ley D´Hondt y la ley electoral… Sin embargo, parece haber surgido otro elector distinto a los votantes nuestros de cada día del que poco se habla. Hablo de las consultas a los afiliados y/o simpatizantes, a las llamadas ‘bases’ de los partidos. En general esos refrendos se han realizado siguiendo patrones de certidumbre programada, de manera que el resultado estaba previsto, encauzado por la propia pregunta, convirtiendo la consulta en un simulacro democrático de escasa credibilidad y cierto tufo a postureo. De ahí los resultados, rondando el noventa por ciento, si no a la búlgara, a la hispana, como quien juega en casa.

Pero imaginemos que no hubiera sido así, que los votantes del PSOE, de IU, de ERC, de UP hubieran echado por tierra las propuestas de los dirigentes de sus partidos. La dimisión de esos sería la primera consecuencia lógica, pero otra a mayores habría de ser la inmediata vuelta a los colegios electorales por el fracaso de las alianzas de gobierno posibles. De tal suerte que los votantes del censo electoral habrían sufrido las consecuencias de un tipo de voto más cualificado, más determinante, una aristocracia del voto: los afiliados a un partido. A los que nadie ha elegido, por cierto. De esta forma topamos con una especie de democracia subrogada, cuyos derechos ciudadanos son ejercidos en cierta medida por un grupo minoritario que decide qué se hace con los votos de los llamados a votar en su día. Los españoles decidimos el pasado día 10 que el gobierno viable será el que pacten los partidos de izquierda y algunos nacionalistas, pues esa es la única lectura factible del resultado electoral. Lo refrendan las llamadas ‘bases’ de los partidos. Pero… ¿y si no lo hicieran?

Entendámonos: creo en esas consultas a las bases, pero no en el momento y la forma que adoptan. Deben hacerse antes, de forma que establezcan la política que el partido va a presentar a las lecciones, no la enmienden a posteriori. Consensuadas y elegidas previamente esas políticas, los ciudadanos optaremos por la que nos haya ofrecido el partido gracias a sus bases, no dejaremos nuestra decisión soberana en manos de una especie de ciudadanos de élite que las ‘revotarán’. De esta forma, en los debates electorales no habrá quien eluda revelar con quién pactará o qué estrategia postelectoral seguirá, sino que sabremos qué va a hacer cada cual porque sus bases lo habrán decidido antes con luz y taquígrafos. Transparencia. Y democracia para todos. Si se quiere ser ejemplo para los partidos que no lo hacen, que sea un buen ejemplo.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 1 de diciembre de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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