Desde mi celda (7)

© Ilustración: Avelino Fierro.

El autor de “Querido diario” y “Calendario” avanza un nuevo día de confinamiento, el séptimo ya, en su nueva sección, de carácter epistolar, que ha titulado “Desde mi celda”, y que se extenderá durante los días que duren las medidas de contención del coronavirus —que recomiendan y obligan a los ciudadanos a permanecer en sus casas, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de contagio, y que han desembocado en la declaración del “estado de alarma, con el fin de afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19, en todo el territorio español”—.

Por AVELINO FIERRO

Jueves, 19.- Querida Eloísa: ¿Está ya la primavera frente a tu ventana? ¿Hay motas de color y hierbas nuevas en los solares cerca de las vías férreas? ¿Siguen los mirlos animándote las mañanas con su verbena? ¿Qué tal está Rafa? Ayer fue su cumpleaños, y tú habrás hecho una tarta historiada. Él bajará al estudio a desfogarse, a darle al action painting como un “pollock” cualquiera y a embadurnarse. Dale un abrazo de mi parte.

Por aquí cuenta Mar que han estado alborotando los verdecillos en el parque, la única nota alegre de la mañana. Ah, y otra que me contó al venir de casa de su madre: en la residencia de ancianos, algunos bailaban con la música de Macarena de Los del Río. Ahí trabaja nuestra amiga Nieves, muy sandunguera ella, y no me extrañaría que fuera la que estaba detrás de ese regocijo.

Ya viste que la carta de ayer acababa bien triste. Aún sigo un poco amurriado, cuando te escribo y ya amanece, viendo los tejados y a las palomas que van de una a otra antena. Me dices que estas Cartas desde mi celda tienen muchos lectores; me alegro. El Tamtam, que se había quedado escuálido, va sacando pecho. A mi correo están llegando mensajes de amigos o conocidos o solitarios comentando asuntos varios o dándome las gracias. Gracias a ti, Elo, por permitirme editar estas parrafadas en tu revista. Iba pensando y discurriendo, como le dice Garcilaso a Boscán, a cuántos bienes alargo la mano, las honras, gustos y provechos que me vienen desta vuestra amistad, que en tanto tengo.

Me entretuve un rato leyendo esa epístola al modo horaciano. Sale ahora el sol entre los cortinones grises del cielo. Un sol pálido, blanco, anémico. Bueno, ya cogerá color y vuelo. A ver si hago lo mismo. Por si no remonto tenía pensado hacer algo de trampa y mandarte mañana un texto viejo: unos cuantos folios que tengo escritos sobre la presentación de Contra tiempo en Madrid. No sé bien qué hacer con ellos.

Bueno, Elo, esto que escribo son cartas, y la teoría habla de que tiene que ser un género dotado de brevitas (“presto”, dice Garcilaso en su epístola) y sencillez exenta de adornos. Así que seamos breves por esta vez. Pero no dejes de escribir y aconsejarme. Si no me dices nada, ahí te irán mañana esos folios a través de las ondas o cables o los misterios que hacen que estos mensajes lleguen a tu pantalla. De estas herramientas uno no sabe nada.

Ah, se me olvidaba: mañana me entrevistan en Radio Nacional para hablar sobre los libros. Encontré hace un rato una frase en el de Lledó, Elogio de la infelicidad, que pienso citar a la primera de cambio: “La lectura, los libros son el más asombroso principio de libertad y fraternidad”. Hay otras bien guapas. A ver si no me pongo nervioso.

Hasta mañana. Besos del Ave.

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