21 de Marzo / Tres poemas de Kazimiera Iłłakowiczówna en el Día Mundial de la Poesía

Kazimiera Iłłakowiczówna, en una foto fechada en 1919.

«La poesía es única por su capacidad de hablar a través del tiempo, el espacio y la cultura, de llegar directamente a los corazones de las personas de todo el mundo. Es un manantial de diálogo y entendimiento y ha sido siempre una fuerza para desafiar a la injusticia y promover la libertad». Mensaje de Irina Bokova, directora general de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía.

En TAM TAM PRESS celebramos este 21 de Marzo de 2020 desde la sección antológica “LOS POEMAS COLGADOS”*, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez Eloísa Otero. El vigésimo noveno autor que llega a esta sección es la poeta, dramaturga y traductora polaca Kazimiera Iłłakowiczówna (1892-1983), una de las figuras literarias más importantes del período de entreguerras en Varsovia.

Kazimiera Iłłakowiczówna nació en Vilna. Huérfana desde pequeña, se crió con unos familiares. Entre 1908-1909 estudió en la Universidad de Oxford y más tarde en la de Cracovia. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como auxiliar de enfermería en el ejército ruso. También trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia, como funcionaria, antes de ser secretaria del primer ministro polaco Józef Piłsudski. Al estallar la Segunda Guerra Mundial fue evacuada a Rumania, donde pasó ocho años antes de regresar a Polonia, en 1947. Está enterrada en el cementerio Powązki, en Varsovia.

Iłłakowiczówna siempre fue muy religiosa, pero durante su estancia en Inglaterra quedó fascinada por el movimiento feminista, familiarizándose con los trabajos de la sufragista y activista política Emmeline Pankhurst. Escribió más de 30 libros de poesía —solía decir que no le gustaba nada escribir poesía, quizá por su grado de autoexigencia—, entre los que destacamos Ikarowe loty (“Vuelos de Ícaro”, 1912), Płaczący ptak (“El pájaro que llora”, 1927), Popiół i perły (“Cenizas y perlas”, 1930) y Słowik litewski. Poezja (“Ruiseñor lituano. Poesía”, 1936). Además, tradujo obras de literatura europea (Goethe, Schiller,  Heinrich Böll, Tolstoi…) y a la poeta estadounidense Emily Dickinson. Su obra, sin embargo, no ha sido traducida al español (apenas hemos encontrado tres poemas vertidos a nuestra lengua, los que reproducimos más abajo). 

Portada de un disco de Kazimiera Iłłakowiczówna, en el que ella misma lee sus poemas para niños.

:: Tres poemas de Kazimiera Iłłakowiczówna

LA BRUJA

Tengo un pájaro hablador, parlanchina tengo un agua,
tengo un viejo mago, y puedes agarrarlo de la barba;
tengo una sierpe que se alza sobre su cola en la hierba
y dos doctos avispones que en la manga se me acuestan.

Erizos y escarabajos, una rana, un estornino
y una sabia chova blanca, de plumas un ovillito.
Te dirá el pájaro mío, por sorpresa, unas palabras,
y en el suelo un dragón triste los pies te bañará en lágrimas.

Tu primer sueño en el mundo aquí ha encontrado su patria
y aquí vive la alegría que tú expulsaste, exiliada:
y si, a armados centinelas burlando, vienes a verme,
verás en una cajita tu corazón como duerme.

[Encontramos la referencia de este poema en el libro ‘En la belleza ajena’, de Adam Zagajewski. Ed. Pre-Textos, Valencia, 2003, pág. 214]

A SOLAS

Abrázame y ama… Estamos solos, solos…
…El vendaval recorre los cabellos, el vendaval agita las ventanas…
Tengo las manos frías, acudo a ti junto a las hojas
de jardines desiertos, a ti, y a la miel oscura de tus ojos.

Hasta aquí llegan del ventarrón las férreas trenzas…
…Cierra la ventana… Ya terminé los conjuros y embrujos dragoniles:
mi dragón se echará formando círculos –extraños arabescos–,
rosados como una concha o –si así lo decides– azules.

Con enormes patas escamosas cubrirá como con cubiertas funerarias
todo lo que alrededor existe –lejano e innecesario–,
todo lo que repica y castañea, silba y hace sonar cadenas,
todo lo que no es una hoja helada o un soplo de viento.

[Traducción: Lucía Málaga-Sabogal]

EL RÍO

Me quiebra contra las piedras
cada suspiro tuyo.
Yo soy el elemento fluido, líquido, y tú la orilla,
puesta para guardarse de mí.

Cazas en los prados, tus flechas múltiples y exactas
asesinan en mi pecho aves silvestres y patitos blancos;
cortas alisos y robles, árboles conscientes de siglos,
y los tiras sobre mis aguas, para que arrastre lejos sus troncos.

Y vienes y te arrodillas –transpirando, cansado y sediento–
sobre mí, y yo reflejo en mí tu imagen perturbada
y –cuando me bebes– me vuelvo fría y límpida, y ligera,
y mi alma, a través de tus manos ensangrentadas, se filtra, se filtra.

[Traducción: Lucía Málaga-Sabogal]

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“LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de la poesía, la Gran Republicana.

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