Desde mi celda (17)

© Ilustración: Avelino Fierro.

El autor de “Querido diario” y “Calendario” continúa con la sección epistolar que ha titulado “Desde mi celda”, y que con esta entrega cumple con el decimoséptimo día del confinamiento decretado por el Estado de Alarma que se extenderá al menos hasta el 11 de abril.

La sección continuará durante el tiempo que duren las medidas de contención del coronavirus que obligan a los ciudadanos a permanecer en sus casas, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de contagio y poder afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 en todo el territorio español.

Por AVELINO FIERRO

Domingo, 29.– José Enrique, muchísimas gracias por tu regalo, por esos versos que resumen bien el espíritu de mis cartas y el aroma triste que nos dejan estos días. Cuando vi el tipo de estrofa de que se trataba, vino a mi memoria desde los tiempos de la escuela una frase, “Décima y espinela”. Aquellas distintas formas de combinar versos que aprendías como un papagayo, repitiendo, cantando, para que las palabras se quedaran amarradas en algún recodo del cerebro.

Cuántas definiciones, clasificaciones, poemas, canciones… tenemos aprendidos los que como tú y yo estudiamos en aquellas escuelas en las que el maestro, empuñando la regla como una batuta de director de orquesta, nos ponía a todos a recitar, casi a cantar, el curso de los ríos, listas de reyes o partidos judiciales, la tabla de multiplicar y la de los elementos químicos… Siempre había algún cantor guasón que iba por libre y en algún momento del recitativo ahuecaba la voz o hacía de contralto; entonces la batuta aterrizaba sobre su cabeza para obligarle a coger otra vez el tono.

Yo no sé si los escolares de ahora memorizan o van a buscarlo todo en Internet. Para los latinos una de las acepciones de legere era desplegar las velas; ahora los nativos digitales también navegan, pero por la Red. Bueno, no vamos a enredarnos aquí en destacar la importancia de la memoria, de que se comprende mejor el mundo a partir de lo que en ella vamos acumulando.

Ah, quería relatarte una casualidad. Leo estos días las cartas de Jaime Gil de Biedma. Resultó que el mismo día que recibí tu “décima” leía una carta suya a Jorge Guillén, en la que le habla de la composición de tres décimas a la manera guilleniana. Yo las recordaba vagamente, pero no están en la mayoría de las ediciones de sus poesías. Busqué y busqué hasta que las encontré en esa edición de Carme Riera que las incluye como apéndice junto a otros textos. Son muy bonitas, de tema marinero, dedicadas a Carlos Barral y al mar de Calafell. Lope de Vega decía que la décima espinela –que tanto se empleó en el teatro– era buena para las quejas. A mí me parece que puede servir para todo si está bien hecha como esta tuya, llena de ingenio y delicadeza.

Y ahora te vengo con un recuerdo. Mi amigo Martín, el profesor al que tú conoces, estando de visita en León, al salir de la catedral y lucir un día espléndido, recitó de memoria aquella décima de Guillén, “Perfección”, que comienza así: “Queda curvo el firmamento, / compacto azul, sobre el día. / Es el redondeamiento / del esplendor: mediodía”. En fin, seguro que otros recuerdan y hasta recitan otras más clásicas, como algunas de Calderón.

Se me vienen a la cabeza otros asuntos literarios, pero no seguiremos por ahí. Tampoco quiero poner los pies en el suelo, en este día a día agobiante y espeso por mucho que algunos amigos me lo hayan recomendado, que relate sucedidos o anécdotas del mundo exterior, de cómo voy viviendo este encierro. Bueno, si hago una concesión diré que hoy me he preocupado un poco al despertar. Me dolía la cabeza. Luego he pensado que podía ser debido al cambio de hora. Los pensamientos, los sueños, las neuronas se habrían trastabillado y dado codazos al querer ponerse los primeros, por atisbar el nuevo día.

También podría contar que me he reído mucho con una llamada desde Ibiza de mi amigo Jabuto. Lamenta que hace hoy allí un hermoso día –como en la décima de Guillén–, que él caminaría kilómetros y kilómetros por la playa de Las Salinas y luego se daría un baño. Me cuenta que hace kilómetros por el pasillo de casa, y que no es lo mismo. Ve poco la tele, porque le agobia tanto drama y apocalipsis. Recibe muchos wasaps, como todo el mundo. Le dije que yo había querido cambiar anteayer de compañía de teléfono y que no pudo ser, porque debe de estar prohibido para estos días por un Decreto. El confinamiento es serio, me dice, hay que seguir con las mismas compañías, con la de tu señora y con la del teléfono.

Voy a copiar tu poema, José Enrique, de eso se trataba. Para que ahí quede y todos nos relajemos un poco. Que permanezca “lloviendo en la conciencia como un bálsamo”, como decía un verso de alguien que no recuerdo.

“Una décima para Avelino, de uno de su pueblo, celebrando sus epístolas balsámicas

Grazie mille Avelino
por tus amicales cartas
con las que casi descartas
el mal fario matutino
en que tropieza el destino
de esta ciudad clausurada,
poco menos que aterrada
por un virus que circula
y sus miedos inocula
en el alma más templada”.

 

2 Comments

  1. Magnífica misiva en estos días confinados en que mi tiempo se esfuma mirando con envidia el grácil vuelo de las palomas en su cortejo entre los cedros de Líbano de Papalaguinda. Mi agracedimiento y mi admiración a tí y al de la décima.

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