Desde mi celda (25)

© Ilustración: Avelino Fierro.

El autor de “Querido diario” y “Calendario” continúa con la sección epistolar que ha titulado “Desde mi celda”, y que con esta entrega cumple con el vigesimoquinto día del confinamiento decretado por el Estado de Alarma que se extenderá al menos, tras la prórroga anunciada por el presidente del Gobierno, hasta el 26 de abril.

La sección continuará durante el tiempo que duren las medidas de contención del coronavirus que obligan a los ciudadanos a permanecer en sus casas, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de contagio y poder afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 en todo el territorio español.

Por AVELINO FIERRO

Lunes, 6 de abril.– Notas de lectura.

Los cielos siguen grises, pero de forma imprevista, casi súbita, como iluminados por el fogonazo de un fotógrafo celeste, los edificios se han vuelto rojos. Cruza una paloma y se han dorado sus alas. Este día idiota y triste se ha ruborizado, pintado con los colores –ya sé que mentirosos– de un otoño, que a saber cómo llegará.

Tarde de rutinas de encerrado, día igual a todos los demás. Hace unos minutos estaba absorto en lecturas que me ayudaban a no pensar, embebido en otras luces. En una anotación del diario de Marià Manent, de 1920, se habla de las flores de abril. Describe las rosas de un patio vecino, de color crema, pequeñas: “A veces su imagen se espeja en un barreño de zinc, lleno de agua inmóvil, que mezcla las rosas con el cielo azul o con fragmentos de una nube que pasa”.

Y de ahí he ido a buscar frases en los escritos de otro catalán. Acaricio las cubiertas mordidas por el tiempo –la edición es de 1915– del Diario de un estudiante en París, de Gaziel. Al estallar la Guerra del 14, Gaziel (Agustí Calvet) está en París, ampliando sus estudios de filosofía. Anota sus impresiones de aquel mes de agosto que luego comenzarán a publicarse a su vuelta en España en septiembre en La Vanguardia. Desde la casa de huéspedes Durieux en que reside –balzaquiana por los cuatro costados, se dice en el prólogo– describe calles, personajes, bombardeos y zozobras. La marcha de las tropas desde la Estación del Este. Las tiendas cerradas, en las que en muchas de ellas aparecen carteles. “El propietario de la tienda, perteneciente al 8º Cuerpo de Cazadores, ha partido a la guerra. ¡Viva Francia!”.

En una anotación, con la que comienza el miércoles 5 de agosto, describe una situación tan parecida a la de casi todas las ciudades de hoy: “La gran metrópoli dormita en silencio, como una ciudad provincial. Ha muerto en París casi toda la vida del espíritu. No hay museos, exposiciones, conciertos ni teatros; no hay impresores ni libreros. No hay más que soldados. De todas las nobles instituciones de cultura, sólo permanece abierta, como un faro en la noche, la Biblioteca Nacional, con dos únicos lectores: mi amigo Trabal, en la sección de manuscritos y yo, en la de impresos”.

He seguido leyendo, acuciado por el presente de indicativo. En el periódico El País del sábado 4 de abril, Muñoz Molina dice que es el tiempo verbal que mejor expresa lo que vivimos ahora mismo, el que nombra los hechos en el instante en que suceden. El diario es la escritura natural de este tiempo. También leí en ese periódico un artículo de Siri Hustvedt sobre los días de hoy en Nueva York, esa ciudad que no me ha interesado nunca, pero esa crónica nos la acerca, nos pone a pasear un poco entre el miedo de sus calles.

En otro suplemento cultural, un historiador español entrevistado responde: “La única lección de la historia es que no aprendemos las lecciones de la historia”. Yo subrayé otra de sus frases: “A pesar del progreso técnico y científico, el ser humano queda tan inmoral y tan estúpido como siempre”. Me levanto, echo un vistazo a las estanterías y tomo el libro de Norbert Elías, La soledad de los moribundos, editado hace casi cuarenta años. Leo este párrafo: “El progreso en combatir las enfermedades, sobre todo el control que se ha llegado a adquirir sobre las epidemias de carácter infeccioso, es responsable en gran medida de este proceso de crecimiento ciego, peligroso, no planificado. ¿Qué se pensaría de una persona que, a la vista de este peligro de crecimiento explosivo de la población, deseara volver al ‘pasado mejor’, con los frenos malthusianos al crecimiento y sus apocalípticos jinetes: Peste, Guerra, Hambre y Muerte temprana?”.

Después de deslizarme en esas prosas ásperas, en ese túnel, tenía que dar un volantazo hacia espacios más abiertos, hacia los verdes prados de algunas formas de la poesía. Y visité a Juan Gil-Albert: “Mientras vivimos nunca registramos / que ya estamos viviendo. Nos parece / que la vida vendrá, será otra cosa…”. Releí al azar algunos versos del libro de John Burnside, Conjeturas y esperanzas. Acabé recitando ese poema, el mejor que conozco sobre ese otro confinamiento, el encierro obligatorio de la mili; en él encaja bien hasta la dedicatoria (a Rocío Arana). Ese poema de Julio Martínez Mesanza sobre el que he dibujado a lápiz una garita –sé sus formas de memoria tras vivir tantos años junto a los muros del cuartel de Almansa– y las afueras de una ciudad en la noche: “Yo vi en marzo la nieve de Pamplona, / cuando no merecía luz ni casa. / Al alba, los ingobernables mulos, / los caballos escuálidos y el frío. / De noche, las interminables guardias, / las estrellas cansadas e infinitas”.

3 Comments

  1. De las ciudades desaparecieron nuestras sombras. Ahora el sol resplandece inútilmente. Nuestros cuerpos se esconden y reposan detrás de las arquitecturas. Nadie, parece ser, se ha refugiado en una de esas aldeas vaciadas con el propósito de escribir, al menos, un par de decamerones. Nunca hemos estado tan lejos de nuestros vecinos. La propia ciudad nos ha engullido… y los de más de setenta años, acojonados, esperamos en el rincón más profundo para despistar estos virus confabulados con las cajas de pensiones.
    Gracias Avelino por sacarnos todos los días a dar un paseo virtual, al menos nos evitas pensar que los muertos somos nosotros.

    Me gusta

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .