Trajes que identifican a la estrella del rock

Imposible imaginárselos en los primeros sesenta sin ese uniforme.

Por CARLOS DEL RIEGO

Una gran parte de los que se dedican a esto del rock suelen tender a los atuendos llamativos, sugerentes, provocativos, extravagantes, pues no hay que olvidar que han de llamar la atención con todo; y la tendencia se dispara en no pocas de las grandes estrellas. Así, algunas figuras del rock consiguieron hacer de sus indumentarias algo casi tan identificativo como sus canciones, de modo que todo aficionado reconocería al artista con sólo ver ese traje.

En este universo del rock & roll hay de todo, desde lo más académico y conservador hasta lo más avanzado y temerario pasando por infinitos términos medios. Y tal cosa sucede también con los ropajes con que se presentan los músicos, puesto que los hay siempre discretos y elegantes como Bryan Ferry (Roxy Music) con sus trajes clásicos y su peinado perfecto, pero también exagerados como cualquiera de los ‘nuevos románticos’. Entre uno y otros, exuberante variedad, puesto que la presencia, la puesta en escena tiene enorme importancia. La prueba son los casos en que los vestidos que lucieron resultaron tan reconocibles como sus melodías, cosa que ocurrió con Elvis, Beatles, Bowie

Pocas voces son tan fáciles de reconocer como la de el rey, pero también es inconfundible uno de sus modelos, concretamente aquella especie de mono con que se presentaba en Las Vegas o Hawái; blanco, rematado con unos enormes cuellos tiesos arriba y gigantescas campanas abajo, profusamente decorado con lentejuelas y brillantes de todos los colores, cinturón dorado, con o sin capa… Elvis se hizo confeccionar muchas variantes sobre el mismo tema, pero con sólo ver la silueta de ese traje nadie tendrá la menor duda. De hecho, los miles de imitadores profesionales de Elvis rara vez usan otro atuendo para trabajar.

Igualmente el conjunto con que se presentaban en vivo los Beatles en sus primeros años. Trajes de chaqueta ceñidos (a medida), de color negro, corbata estrecha, botines y corte de pelo a tazón. También lucieron un uniforme parecido, aunque gris, con chaqueta sin cuello y tan cerrada que apenas dejaba ver la corbata. Seguramente influyeron en la moda de la ropa de los años sesenta…, igual que en la música y en tantas otras cosas.

¿Un guitarrista genuinamente heavy que salta a escena vestido de escolar de colegio inglés con pantalón corto?, sólo hay uno, Angus Young, de AC DC (aunque siempre habrá imitadores). En realidad él es menudo y pequeño como un colegial, con guitarra en lugar de mochila. Además, como casi nunca se ha lanzado al directo con otras galas en las últimas cuatro décadas, el pantaloncito de tirantes es ya tan icónico como sus movimientos, sus solos, sus muecas y visages. Con chaquetita o a pecho descubierto, con o sin gorrita, camisa y corbata, esa prenda tan infantil es ya como una bandera, suya y de su banda.

Bowie puede ser reconocido por varios de sus atuendos, ya que la mutación, la transformación era una de sus constantes. Muchos de sus diseños le identifican inmediatamente, puesto que aunque fueran exagerados, nadie más que él podía vestirlos con gracia y encanto. Pero el que más se asocia a su nombre era el de Ziggy Stardust, aquel mono de rayas rojas y grises verticales con hombreras gigantescas y botas altas con plataforma, varias capas de maquillaje, pelo rojo…, un delgadísimo extraterrestre que disparaba pasión en forma de rock & roll.

También Elton John gustaba de indumentarias exageradas y extravagantes en sus conciertos, algo que siempre era celebrado por sus fans y destacado por la prensa. Pero el modelito que más se le recuerda, el que más atención llamó fue su disfraz de Pato Donald, en el que no le faltaban ni los pies palmeados. ¿Un Pato Donald cantando y tocando el piano?, está claro, Elton John.

Pero cuando se trata de vestuario estrafalario nadie supera a Kiss. Deben necesitar horas y varios ayudantes para prepararse para cada ‘show’: enfundarse esos trajes de superhéroes de chiste que seguro que se tienen en pie por sí mismos, colocarse todos los exagerados complementos, calzarse las botazas, los peinados y el kilo y medio de maquillaje… Seguro que estar listos para empezar el concierto les lleva más tiempo, mucho más, que el propio concierto. Los dos palmos de lengua colgando van aparte.

Parece algo secundario, pero cada uno de ellos sería un poco menos él mismo sin esa forma de vestirse.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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