Lo que hace del rock & roll un estilo musical único

El concierto de rock es como un gran ritual en el que los fieles participan con gran devoción.

Por CARLOS DEL RIEGO

El rock & roll ya tiene 65 años si se da por bueno que el primero de su especie fue el ‘Rock around the clock’; hubo una especie de prehistoria, pero se tiene el año 1955 como el de su nacimiento (en realidad ese tema es del 54 pero su irrupción fue en el 55). Desde entonces el rock ha tomado su espacio en la sociedad, tanto entre los jóvenes que lo descubren como entre quienes vivieron sus épocas doradas. En todo caso el rock es algo único, diferente a cualquier otro modo musical, y las razones son sólidas como una de AC DC, por ejemplo.

Aunque el rock ha alcanzado la edad de la jubilación, no parece que vaya a  dejar la actividad. Sus características, sus rituales, sus dogmas, santos y mártires, sus reliquias, sus cánones…, todo ello diferencia al rock de cualquier otro género musical.

Una de las particularidades del músico o grupo de rock es que escribe sus propias canciones (aunque haga alguna versión) y no suele permitir que nadie meta mano ahí. Se tiran semanas, meses, dándole vueltas a una idea, y luego horas y más horas en el estudio. Es decir, sus discos, sus canciones definen a la banda de rock, la identifican. Cuando escucha una pieza, el buen aficionado identifica la banda por sus peculiaridades, impresas en las canciones. Y eso le costó mucho al compositor, que en cada nuevo disco trataba de ofrecer lo mejor de sí. En otros estilos musicales es raro que el músico o grupo tenga repertorio propio, ya sea una orquesta sinfónica, de jazz o un cantante de canción ligera. En fin, una banda de rock siempre ha dependido más de su mérito y menos del marketing.  

Otro tanto puede decirse de la instrumentación. En la actualidad un disco pensado para las listas y radiofórmulas es pura mercadotecnia, todo hecho con ordenadores, con equipos que corrigen errores, salidas de tono o entradas a destiempo, todo está repulido, híper producido. Y los intérpretes tampoco tocan, de modo que el solista llega cuando el ordenador tiene cargados todos los archivos con el acompañamiento. Los grupos de rock cuentan con verdaderos virtuosos, tipos que dominan la guitarra, el teclado o la batería hasta límites sólo al alcance del verdadero talento; comparten mucho tiempo en el estudio, participan en mezclas y producción, se enriquecen artísticamente con el contacto profesional. Así, cuando en vivo se acerca el solo o el pasaje instrumental de referencia, el público flota y, llegado el momento, el músico pone toda el alma en sus dedos… Es su solo, es su canción. Y no es difícil escuchar debates sobre cuál es el mejor batería, el sólo más arrebatador, el sonido más potente… En música de moda no se habla de músicos y solos.

¡Y que bien cantan los buenos cantantes de rock!; claro que hay que decir que los cánones estéticos del r & r son exclusivos y diferentes a los de los demás estilos musicales, de modo que un cantante o guitarrista limitados pueden hacer buen rock, aunque a la larga hasta los punks más recalcitrantes progresan y prefieren tocar y sonar mejor. Los solistas del rock suelen entonar muy bien, y no será preciso recordar voces inolvidables y con grandes capacidades canoras aun cuando detrás hubiera guitarras rabiosas y baterías desbocadas. Ah!, y las letras, que empezaron siendo poco más que inquietudes propias de la juventud para, muy pronto, empezar a tocar todos los asuntos, denunciando injusticias con convicción, gritando contra los excesos de la autoridad, adelantándose a movimientos sociales, incluso profundizando filosóficamente sobre el ser humano o la propia naturaleza.

Para millones en todo el mundo el rock nunca envejece. Canciones de los cincuenta, estribillos de los sesenta, riffs de los setenta, exageraciones de los ochenta…, se escuchan hoy con deleite, no pierden su fuerza ni su capacidad de emocionar por más años que pasen; de hecho, muchos medios (cine, radio, tele) las utilizan por su poder de atracción, por su eterna actualidad, por su fuerza evocadora.

También es propio del rock una variedad casi ilimitada de sub-estilos, lo que indica una raíz muy segura y un tronco muy sólido, además de gran flexibilidad y capacidad de adaptación. A partir del rock & roll primigenio surge el pop-rock, el country rock, el folk rock, el sicodélico, el progresivo, el rock sinfónico, el ‘soft’ rock, el glam rock, el jazz rock, el rock chicano, el heavy metal (gran rama de la parten muchas otras), el punk, la new wave, el rock gótico (o after punk, o siniestro), el ‘indie’, el alternativo, el ‘grunge’…, incluso hay techno rock. Todo tiene la misma raíz, todo es rock. El cantante romántico, en realidad, es siempre el mismo, el de hace medio siglo canta lo mismo que el recién lanzado.

Pero donde el rock exhibe lo más profundo de su ser es en el concierto, templo donde se repiten los más excitantes y exclusivos rituales. Para empezar, es rarísimo que alguien vaya él solo a un concierto de rock; se queda con la peña, se programa y se espera el día y el momento, se anticipan unas birras o lo que caiga… Dentro, antes de empezar, es momento de excitación e ilusión. Y entonces se apagan las luces, el personal reacciona de modo muy sonoro, brilla el escenario y todo el recinto explota. El público grita, canta, baila, vitorea, aplaude, silba…, mientras los altavoces atruenan con el tema que abre el espectáculo. Todo el mundo conoce los ritos: se responde a las arengas, estímulos y anuncios del cantante, se hace ‘air guitar’ con los solos más encendidos, se cantan a voz en grito los temas preferidos…, se mete todo el ruido que se puede para pedir uno o dos bises y se estalla en gran salva cuando por fin se escuchan los primeros acordes de la canción más esperada. Se apagan las luces del escenario, se encienden el resto y se oye música de fondo, todo el mundo sabe que se acabó, como si hubieran dicho ‘podéis ir en paz’. El ritual del concierto de rock es el que cualquier amante conoce y disfruta por más veces que lo haya repetido. Y luego está el festival, que es como un empacho, como un exceso muy satisfactorio.   

Los símbolos propios del rock son las poses y bailes reconocibles, las portadas icónicas, los logos de las bandas, las guitarras legendarias, el club de los 27 y los grandes caídos, el legendario disco en directo, los trajes identificativos, las leyendas…, todo eso es lenguaje universal, algo que cualquier iniciado sitúa sin dudar, sea del continente que sea. Además, las grandes figuras del rock influyen en el público mucho más que los profesionales de otros géneros musicales, ya sea en el vestir o en actitudes. El incondicional del rock hace suyos esos símbolos.   

Sí, el rock & roll (con todos sus hijos) es algo único, y no sólo en lo musical.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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