El Museo de León relata y resume sus más de 175 años de historia en “Imágenes”

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“Esta exposición está dedicada a toda la GENTE de MUSEO: quienes lo visitan, lo consultan, lo aprecian o trabajan en él y a aquellos que, sin haberlo hecho, son sus propietarios y lo mantienen”. Con esta dedicatoria abre sus puertas la exposición “Imágenes”, en la que se recoge la biografía del Museo de León a lo largo de sus más de 175 años de historia.

En la muestra se pueden contemplar fotografías, documentos, objetos, hallazgos, donaciones y crónicas que se han ido entrecruzando en sus distintas instalaciones y emplazamientos a lo largo de sus casi dos siglos de historia. Un audiovisual recorre además las fotografías que tiene el museo, a la vez que pide a los ciudadanos que “si tienen fotos de interés de alguna visita especial, las remitan a través del mail: museo.leon@jcyl.es“.

La exposición podrá visitarse hasta el 31 de marzo de 2021 con entrada gratuita de martes a sábado (de 10:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas) y los domingos (de 10:00 a 14:00 horas), permaneciendo el lunes cerrado al público.

La exposición “Imágenes” compone el relato histórico lleno de curiosidades de un viejo museo provincial que en 2007, con su traslado desde San Marcos al edificio Pallarés, se convirtió, sin duda, en un nuevo museo, pleno de actividades públicas. En el siglo XXI, este museo no ha dejado de invitar a los ciudadanos “a conocerlo y a tomar posesión de un lugar propio”, porque, como sostiene Luis Grau Lobo, su director, “la parte más importante de un museo son las personas que lo visitan. Sin ellas, apenas consiste en un almacén, posiblemente ordenado y pulcro”.

Mural con fotografías de los visitantes y del museo.

[Los siguientes textos están entresacados de la “Guía” con la que se presenta esta la exposición sobre la historia y la biografía del Museo de León:]

En 2019 el Museo de León cumplió 175 años y un siglo y medio desde que se abrió al público en 1869. Esta exposición, modesta si la relacionamos con esa veterana trayectoria, acopia destellos que caracterizan a muy grandes rasgos algunos episodios entresacados, pocos, de su deambular histórico. Pero, sobre todo, afirma los fundamentos de su vitalidad repasando la nómina de benefactores y amigos, visitantes y trabajadores, los trabajos y los días, las gentes y su circunstancia. Ofrece sus salas por una vez a sí mismo para exponer y estimar aquello y a aquellos que le otorgan sentido. Pretende afirmar su crónica entre quienes le dieron, dan y darán sentido en una biografía colectiva. A ellos se dedica en estos meses que tan poco los hemos visto”.

1. El Museo de San Marcos

Una imagen antigua del claustro de San Marcos, en León.

Desde que a raíz de su desamortización dejó de ser monasterio, San Marcos ha sido muchas cosas, pero siempre albergó el Museo. Muchos leoneses lo llamaban el “Museo de San Marcos” aunque nunca tuviera ese nombre. El edificio, sin embargo, nunca fue ocupado en su totalidad y albergó numerosos usos: enfermería, cárcel, cuartel, colegio, convento… De 1898 a 1964, Depósito de Sementales de Caballería y, después, Parador.

Con –y muchas veces contra– esos otros inquilinos, el Museo sobrevivió a duras penas, convertido en okupa de su propia casa, arrinconado, sin instalaciones, espacio o posibilidad de crecimiento. Debió emigrar y tardó medió siglo en hacerlo. Mientras, aguantó. Su primera etapa fue similar a la de otros museos provinciales: abierto en 1869, donaciones y depósitos de instituciones y particulares engrandecieron el entonces único museo en la provincia, orgullo de quienes creían en la cultura aunque la realidad no les escoltara. La historia de siempre.

Los primeros inventarios, propios o ajenos, como el que Gómez-Moreno incluyó en su Catálogo monumental, y las primeras intervenciones arqueológicas (Catedral, Navatejera, Lancia…) parecían augurar un futuro estable. La guerra civil lo rompió, como tantas cosas. San Marcos se convirtió en campo de concentración y durante la sublevación, los defensores de la legitimidad incluso llegaron a arrojar piezas del museo a los insurrectos, agotada la munición. Entre 1936 y 1940 parte de sus colecciones se emparedaron con ladrillo en los rincones del entonces tétrico claustro. Desalojado el calabozo, el museo siguió conviviendo con la instalación militar hasta 1964 en que se construyó el Parador que hoy ocupa la mayor parte del edificio. Las angustias de la posguerra y, particularmente, el problema de su sede llevaron al museo a varios callejones sin salida y una existencia semiclandestina, separado de la vida leonesa durante media centuria. Mientras otros museos surgían, el provincial recorría su desierto particular, su tierra de nadie.

En el apartado de la exposición titulado “El Museo en San Marcos (1845-1940)”, se puede ver documentación del “primer museo de León”, como el “Decreto de conservación de monumentos, primer inventario del Museo (1898)” y los primeros libros de registro, una ilustración del “Catálogo monumental” de Gómez-Moreno (1925) y la reseña del libro de Díaz-Jiménez (“Historia del Museo…”, 1920) en que da cuenta de su inauguración el 6 de junio de 1869.

Otro apartado, “El Museo en San Marcos (1940-2006)”, ofrece documentación técnica y divulgativa: fichas de inventario, placas fotográficas, reproducción en yeso de un ara romana, imagen en par estereoscópico del claustro (donación de don Federico Echevarría), postales y diapositivas. También se puede ver un ejemplar de la “Guía del Museo” de don Eladio Isla con sus plomos de imprenta (1975).

Objetos, documentos y montajes representativos de los ingresos arqueológicos, desde la segunda mitad del siglo XIX a los años setenta.

2. Los “otros museos”: la calle Azorín, la calle Sierra Pambley, la villa romana de Navatejera

En 1990 las salas del Museo en San Marcos estaban cerradas por abarrotamiento, sus oficinas angostas y apartadas y su futuro pasaba por buscar otro lugar en el mundo. Se comenzó por alquilar un local en las afueras, en la calle Azorín, que durante tres años permitió desahogos: reabrir San Marcos en 1993 con una nueva exposición, atender y restaurar las colecciones del museo, poner en funcionamiento su biblioteca, su administración. Al año siguiente el Museo emigró de nuevo, ahora al edificio de la calle Sierra Pambley que fuera Banco de España y sede del Servicio provincial de Cultura (y, ahora, del Procurador del Común). La década transcurrida allí le permitió programar exposiciones temporales por primera vez en su historia y prepararse para una sede definitiva que, tras varias alternativas, el Ministerio de Cultura adquirió en 2004. Desde 2007 el edificio “Pallarés” alberga el Museo, aunque San Marcos continúe exponiendo la parte de sus colecciones procedente de ese monumento.

Por otra parte, la villa romana de Navatejera, adscrita al Museo en 1992, sigue cerrada a falta de concluir trabajos de rehabilitación interrumpidos en 2011. Se trata de una villa periurbana con edificaciones del siglo IV y V d.C. descubierta y protegida a finales del XIX. Entonces fue uno de los primeros yacimientos resguardados y que aportaron piezas arqueológicas al museo, hoy es aún la última de sus instalaciones en ponerse al día.

Sobre estos aspectos, el apartado titulado “El Museo de prestado” ofrece documentación de actividades realizadas en la sede provisional del Museo (Calle de Sierra-Pambley, 4), o el fallido proyecto de Alejandro de la Sota para el solar de la calle Santa Nonia con la calle Independencia (años 90).

También se exhiben objetos, documentos y montajes representativos de los ingresos arqueológicos, desde la segunda mitad del siglo XIX a los años setenta. Una arqueología esporádica, voluntarista y aislada en busca de objetos con que llenar las vitrinas de los museos.

 El incremento de las excavaciones arqueológicas, vinculadas al auge de la obra pública, deparó el ingreso de gran cantidad de objetos (como cerámica prehistórica, romana, medieval y loza moderna), recogidos exhaustivamente y almacenados para su futura reconsideración en la investigación.

3. “Bienvenidos al Museo de León, nuestro museo, el museo de todos”

Con estas palabras se han abierto, desde 2007, los actos públicos que se celebran en el Museo de León, subrayando su carácter público, pero también invitando a conocerlo, a tomar posesión de un lugar propio. La parte más importante de un museo son las personas que lo visitan. Sin ellas, apenas consiste en un almacén, posiblemente ordenado y pulcro. Con ellas establece una comunidad, un cobijo especial para quienes lo frecuentan o lo han visitado apenas en una ocasión, tal vez fugaz. En este modesto homenaje hemos convocado algunos de esos momentos en que el museo se llena de voz y de silencios. Ciudadanos comunes y afamados, trabajadores propios y ajenos, invitados y anónimos, actos protocolarios y ritos comunes… No importa. Esas personas no se pueden definir como “visitantes”, pues solo visita quien llega a casa ajena; ni como usuarios, pues el museo no se usa, se habita. Quizás no hay palabra, quizás sobren. Gracias a todos.

4. Pallarés: un lugar en el mundo

Imagen antigua del edificio Pallarés, sede actual del Museo de León.

Después de muchas alternativas y fracasos, unos sonados y otros reservados, apareció Pallarés. El edificio conocido con el apellido de sus propietarios se edificó en 1922 como grandes almacenes comerciales en el solar del antiguo pósito municipal, entre el casco antiguo y el ensanche decimonónico, mirando hacia la plaza de Santo Domingo. Construido por el arquitecto Manuel de Cárdenas en un emplazamiento perfecto, los almacenes Pallarés formaron parte de la memoria de los leoneses durante las décadas en que sirvió de ferretería y bazar, hasta los años ochenta. Entonces, ya propiedad de la Diputación provincial, funcionó como “Salón de las artes” hasta que su ampliación quedó a medias en los noventa. Abandonado poco después el proyecto de convertirlo en gran Centro de arte, el Museo propuso al Ministerio de Cultura su adquisición para la sede que tanto necesitaba, decisión que se tomó cinco años después y culminó con la apertura del nuevo Museo de León en enero de 2007. Entre tanto, casi un lustro de proyectos, memorias, museística, inventario, restauración, investigación, obra civil, seguridad, instalaciones, montaje, etc, recogidas en el documento que, bajo el título Plan museológico, compendió objetivos y medios de un museo del siglo XXI.

A partir de ahí, el Museo de León se convirtió en un nuevo museo pleno de actividades públicas. Sería ingenuo, por imposible, resumirlas en unas pocas líneas. Baste decir que la disposición de las salas de exposiciones temporales ha logrado albergar más de medio centenar de exposiciones —casi una media de cinco al año— y cerca de un centenar de otro tipo de actos (conferencias, conciertos, presentaciones…). De hecho, las cifras de visitas (excepto este extraño “año del virus”) rondan en general los setenta mil visitantes anuales. “Los números, sin embargo, poco dicen, preferimos quedarnos con que los que cruzan las puertas del museo salgan con satisfacción y, si es posible, con ganas de regresar”.

Mención aparte merece el apartado didáctico. El DEAC (Departamento de Educación y Acción Cultural) ha ofrecido un servicio continuo a lo largo de tres lustros atendiendo tanto a escolares como a ciudadanos individuales, grupos, asociaciones, personas con necesidades especiales, talleres de navidad o verano, y un sinfín de acciones pedagógicas; un apartado muy especial de la actividad museística.

5. Epigrafía: estaba escrito

La epigrafía, sobre todo romana pero también de otros momentos, fue desde siempre una de las mayores singularidades del Museo de León. Recogida en el siglo XIX por el padre Fita entre otros, durante los derribos de partes de la muralla de León y también posteriormente en la zona vadiniense, conforma uno de los conjuntos más importantes de los museos españoles, a la altura del emeritense o del tarraconense.

Ubicada desde los inicios y hasta 2006 en el claustro de San Marcos, a la manera de un lapidario antiguo, ha sido reubicada en la nueva sede del Museo tanto en la parte que trata del discurso histórico como en un nuevo lapidario sito el sótano de Pallarés, una de las secciones más originales de este Museo.

Epigrafía: la historia se repite

Ara romana encontradaen 2020, durante los trabajos de peatonalización de la calle Legio VII.

Desde que en el siglo XIX ingresó la mayoría de los epígrafes del museo, la llegada de inscripciones romanas ha sido, si no anómala, excepcional. Sin embargo, la restauración de un lienzo de muralla (Carretera de los cubos) en el año 2009 deparó el hallazgo y llegada al museo de un conjunto extraordinario de más de medio centenar de lápidas, volumen comparable al de aquella época fundacional. Entonces la muralla se derribaba, en nuestros días se ha restaurado: la historia se repite pero no de la misma manera.

El último hallazgo en ingresar en el Museo (otoño de 2020) corrobora esa vocación: un ara romana encontrada durante los trabajos de peatonalización de la calle Legio VII ha sido la nueva incorporación epigráfica.

6. Restauración en el museo

Hace más de un cuarto de siglo que el Museo de León cuenta con un taller de restauración, el único estable en la provincia. Gracias a su trabajo se han podido recuperar muchísimas piezas, bien procedentes de excavaciones arqueológicas, de donde surgen a veces en delicadísimas condiciones, bien procedentes de otras situaciones que ponían en peligro la conservación de algún importante objeto patrimonial. Sus tareas no se detienen ahí: la adopción de medidas preventivas que eviten o detengan los procesos de deterioro de los objetos en el propio museo, la investigación acerca de su estructura, uso, material o forma, las propuestas acerca de su reconstrucción y mejor exposición, entre otras, permiten afirmar que este ha sido y es uno de los cometidos capitales del museo.

La investigación asociada a las colecciones del Museo de León supone otro de sus ejes de trabajo interno y está entre los servicios más demandados por los especialistas. A lo largo de los años el museo ha propiciado, alentado o proporcionado información y acceso a datos y objetos a multitud de estudiosos y científicos, de universidades y centros de investigación, de organismos y curiosos en general interesados por la parte menos expuesta o conocida de sus cuantiosas colecciones. Y es que, como la mayoría de los museos históricos, el de León guarda en sus almacenes más de la mitad de ellas.

Objetos “arqueológicos” de la guerra civil.

7. La Guerra Civil

La Guerra Civil se ha convertido en objeto arqueológico en fecha reciente, por eso el Museo de León ha querido dedicarle un espacio singular, para comprobar cómo pasan a ser “piezas de museo” objetos que no se consideraban así. Durante la última década se han multiplicado intervenciones que han testimoniado materialmente tanto el Frente norte como diferentes represiones y ejecuciones.

En la exposición se pueden ver algunos de esos objetos: munición máuser, vaina de mortero y proyectiles, pistola, papel moneda del Consejo de Asturias y León y “perrona” de cobre, enseres y avituallamiento (conservas y bebidas alcohólicas: sidra y coñac), vestimenta, botones y picos de acordeón. Proceden de Cabrillanes, León, Puebla de Lillo, Puente Castro, San Emiliano de Babia y Villamanín.

También se pueden contemplar objetos personales recuperados de la exhumación de la maestra fusilada en el cementerio de León en 1941, doña Genara Fernández (donados por sus familiares), una Placa escolar de la II República y un retrato de Buenaventura Durruti dibujado por Baltasar Lobo en 1936 (donación de doña Dalia Álvarez Molina).

8. Documentos gráficos

No es infrecuente la donación al museo de material impreso relacionado con sus colecciones o con algún tipo de acontecimiento histórico, local o actividad artística. La propia Biblioteca del museo es una de las más antiguas de la provincia, pues remonta su existencia al siglo XIX y contiene un importante fondo relativo en particular a arqueología, historia del arte y antropología, tanto general como local.

Así por ejemplo, los libros e impresos donados por doña Carmen Tejero conforman una sugestiva colección compuesta de una parte de la memoria urbana que también alude al edificio en el que se ubica el museo.

Mural con las donaciones de pintura, dibujo, grabado y fotografía al Museo de León.

9. Generosidad hacia el bien común: donaciones, depósitos, hallazgos

El Museo de León fue desde siempre y hasta hace algunos años el único de los museos públicos leoneses. Sus bienes pertenecen a todos los ciudadanos y su misión es representar la historia y cultura de esta provincia a través de ellos, de los objetos de dominio público. Unos objetos en continuo incremento, bien por ministerio de la ley, bien gracias a la iniciativa privada. En el primer caso, aquellos objetos recuperados en trabajos arqueológicos tienen este museo como destino, independientemente de que puedan más tarde ser depositados en otros museos, como de hecho sucede con frecuencia. También recalan aquí las adquisiciones que realiza la administración y armonizan con las funciones, ámbito y temática del museo.

Por otro lado, no son pocos los particulares que depositan o donan objetos patrimoniales al Museo de León con el ánimo de que sean mostrados a la ciudadanía, en un gesto de gran generosidad y filantropía que siempre caracterizó a sus benefactores desde los orígenes de la institución. A ellos se dedica especialmente esta muestra, tal como se hace en el acceso del propio museo y se recuerda en cada una de las obras cedidas por esos ciudadanos.

En la exposición, por ejemplo, se ha preparado un mural de donaciones de pintura, dibujo, grabado y fotografía, en el que se pueden contemplar las siguientes obras:

  1. Manuel Jular. O sole mío. Técnica mixta sobre lienzo, 1997. Donación de Dña. Antonia Matías, Dña. Teresa Jular y Dña. Cristina Jular.
  2. Manuel Díez Rollán. Bodegón. Técnica mixta sobre lienzo. Donación de Dña. Marisol Rodríguez, D. Héctor Díez y D. Pablo Díez
  3. Manuel Sierra. Limones y vaso de agua. Acrílico sobre lienzo, 1998.
  4. Enrique Rodríguez Guzpeña. Las consecuencias. Acrílico sobre lienzo, 2011.
  5. David Colinas. Ensayo para el circo. Técnica mixta sobre cartón.
  6. Casimiro Martín Ferrero, Martinferre. El Espantapájaros. Fotografía.
  7. Ramón Pallarés. Dibujo de la serie “Una crónica del Viernes Santo en León”. Dibujo a tinta china y aguada.
  8. Javier Zabala. El Escribiente, de la serie Bartleby. Grabado, 2009.
  9. Cirilo Martínez Novillo. Catedral de León. Fotografía, 1958. Donación de D. ÁlvaroMartínez- Novillo González
  10. Manuel Martín Martínez. Últimas luces. San Miguel de Escalada. Fotografía impresa en Dibond, 1994.
  11. César Bobis Zapico. S/T. Óleo sobre lino. Donación anónima.
  12. Francisco Suárez. Campos Cromáticos. Acrílico sobre lienzo, 2015.
  13. Sebastián Román Lobato. Upper Quarter. Fotografía sobre metacrilato.
  14. Fernando Almela. Bodegón. Óleo sobre lienzo, 1981. Donación de la familia de Dña.María Isabel Urueña Cuadrado.
  15. Eduardo Fandiño. Cartel del festival TESLA. Impresión sobre papel. 2015.
Brazalete de oro macizo, de unos 3.500 años de antigüedad, hallado en Lucillo y donado al Museo.

La pieza estrella del Museo de León

Entre las piezas más valiosas del Museo de León figura un torque, brazalete o collar de oro macizo (pesa algo más de medio kilogramo y tiene 110 cm de longitud), de la Edad de Bronce Medio y Bronce Final atlántico. Esta pieza, que para Luis Grau Lobo es “digna de figurar en el Museo Británico, en el Louvre o en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid”, es una joya prehistórica de hace unos 3.500 años que fue hallada en los años cuarenta en Lucillo y donada por los herederos de su descubridor, don Gaspar Prieto Criado.

Se trata de una magnífica joya en una varilla de sección cruciforme torsionada en hélice, con un remate conservado en cono alargado, decorado con hileras cinceladas formando diseños en espiga. Es un tipo conocido en las islas de Irlanda y Gran Bretaña y en la costa atlántica francesa, rarísimo en la Península y seguramente importado.

Vista de la plaza de Santo Domingo, nevando, desde uno de los despachos del Museo de León.

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