Cómo el pop y el rock inglés de los 60 y 70 surgió gracias a los ‘bluesmen’ negros de EEUU

Willie Dixon, Little Richard, Bo Diddley y Chuck Berry, autores y modelos imprescindibles para que naciera el rock.

Por CARLOS DEL RIEGO

Ha ocurrido muchas veces que la idea original de una pieza musical no es reconocida hasta que otro la rehace y logra el éxito. A mediados de los sesenta del siglo pasado muchos grupos ingleses (como Beatles o Stones) alcanzaron notoriedad y ventas gracias a las versiones que hacían de temas de artistas negros de Estados Unidos que, hasta ese momento, apenas eran conocidos en los tugurios de su ciudad. Al rehacerlas los ingleses las convirtieron en superventas, y así empezó a reconocerse la valía de aquellos ‘bluesmen’.

Nadie negará que la influencia de los músicos negros estadounidenses en la explosión de la música pop y rock en Inglaterra fue decisiva; y no sería exagerado afirmar que gran parte del mérito de bandas como The Beatles o Rolling Stones se basó precisamente en los discos de los grandes ‘bluesmen’ que llegaban a los puertos británicos. Cuando a mediados de los sesenta esos grupos ‘invaden’ EEUU con difusión masiva en radio y televisión y ventas millonarias, casi nadie conocía a los autores de los temas que traían los ingleses y tanto gustaban. Eso supuso una revalorización de los autores de blues y rythm, que a partir de ese momento fueron reconocidos y valorados.

El repertorio de los primeros años y los primeros discos de The Beatles tiene abundantes piezas de estadounidenses negros. Una es el ‘Mr. Moonlight’ de Roy Lee Johnson, que formó parte del ‘Beatles for sale’ de 1966. El original es de 1962, pero nadie le prestó atención cuando apareció, sin embargo, después de que los de Liverpool la lanzaran (también la grabaron los Hollies y otros) se convirtió en gran éxito. Y eso que el original (titulado ‘Dr. Feelgood & the interns’) es tremendo, incluso Lennon copia literalmente el grito de entrada. Otro autor al que Beatles (y Dylan, Stones y otros) rindieron tributo fue el gran compositor Arthur Alexander, de quien tomaron su ‘Anna (go with himl)’ para su primer Lp (1963); como todo beatlemaníaco sabe, esa melodía es una delicia y contiene una poderosa carga emocional, por lo que resulta difícil de entender cómo no logró el éxito en la versión original de Alexander, en 1962.

El primer tema del primer álbum de The Kinks (1964) es de Chuck Berry; ese Lp también tiene otra de Berry, otra de Bo Didley, otra de Slim Harpo…, es decir, lo que impulsó a Ray Davis y compañía fue el genio de los autores ‘colured’ de Estados Unidos. El ‘Beautiful Delilah’ original (1958) es esencia rock & roll, y los Kinks no desmerecen a pesar de que es evidente su ingenuidad juvenil. Claro que sería difícil encontrar a algún músico o grupo de rock que nunca haya hecho un Chuck Berry.

Todo un clásico mayúsculo del rythm & blues es el ‘I’m a man’ (1955) del fabuloso Bo Diddley. Contaba éste que la grabación de la voz le llevó más de 30 tomas, puesto que los productores le decían que lo de ‘man’ lo pronunciara con lentitud, como si estuviese deletreando la m, la a, la n, pero a él no le salía, así que repitieron y repitieron; ya de madrugada “estaba tan cansado que lo pronuncié de modo exageradamente lento, y todos me dijeron que eso era lo que buscaban”, recordaba Diddley en los ochenta. The Yardbirds (con Eric Clapton) la reconstruyeron en 1964 con un ritmo muchísimo más vivo y un sonido más denso y agresivo, por lo que la dicción tiene menos personalidad; esta seminal banda tiró mucho de Diddley, Berry, Howlin´ Wolf, John Lee Hooker…, sin los que, seguro, el rock no hubiera arrancado.

Otro blues de alto voltaje es el ‘Rollin´ and tumblin´’. Aunque la primera vez que fue grabada, en 1929 por Hambone Willie Newbern (‘Roll & tumble blues’), fue acreditada a éste, lo más seguro es que su auténtico autor sea desconocido. En 1966 apareció el primer Lp de Cream (Clapton, Bruce, Baker), que mostraba una omnipresencia de grandes clásicos del blues, como Skip James, Robert Johnson, Willie Dixon e incluso piezas de autor incierto, lo que demuestra el determinante influjo de la música negra en los primeros pasos del rock. La versión de Cream es mucho más acelerada, con diálogo armónica-voz-guitarra… Es blues-rock. 

También The Zombies debutó con una de un cantante negro estadounidense, pues en 1965 versionaron el ‘Can´t nobody love you’ de Solomon Burke, quien había lanzado esta exquisita balada en clave rythm & blues dos años antes. El grupo británico la recubrió de ambiente pop, con ritmo más ágil y arreglos y coros muy de la época, e hicieron bien, pues hubiera sido tonto tratar de reproducir o imitar el tono de Solomon Burke

‘Don’t let me be misunderstood’ es una melodía fascinante, arrebatadora, y así lo han entendido tanto los muchos artistas que la han grabado a lo largo de los años como el público, que siempre la acogió con agrado. La original es la que grabó en 1964 la maravillosa Nina Simone (firmada por Benjamin. Ott y Marcus), pero debió ser algo así como una revelación para The Animals, pues apenas unos meses después publicaron su versión, con un riff de entrada muy identificativo, más sonido y más dinámico el ritmo, convirtiéndola en un gran éxito. Aun así, la versión de Nina Simone es más emocionante, acongoja.

Junto con Beatles, los Rolling Stones sentían verdadera pasión por los ‘bluesmen’ estadounidenses, y por ello ambos incluyeron muchas de sus canciones en sus primeros álbumes; de este modo contribuyeron a que los grandes autores, hasta entonces perfectamente desconocidos, alcanzaran el reconocimiento que se merecían. Una muy significativa que Jagger y compañía no se resistieron a adaptar fue ‘I’m a king bee’ de Slim Harpo (1957). La visión de los Stones (1964) es muy fiel al original, con toda la carga emocional del blues y algo más.

La relación de músicos y grupos ingleses que vieron su referencia en aquellos desconocidos estadounidenses sería interminable. Por otro lado aunque algunos sí pagaron lo que correspondía por derechos de autor, otros no fueron tan honestos y se hicieron los despistaos, e incluso hubo quien ni siquiera acreditó al verdadero autor. En todo caso, con total seguridad, el pop y el rock británico (y por extensión también el resto) jamás hubieran tenido el encanto que hechizó a todo el mundo sin el talento de los autores estadounidenses de origen africano. Fueron los abuelos, los padres, los tíos y los padrinos (y madrinas) del rock & roll en todas sus ramas.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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