Vidas paralelas

Por LUIS GRAU LOBO

Esperanza Aguirre destapó la trama Gürtel y la trama Gürtel está destapando ahora a Esperanza Aguirre. La política es una ruleta que vuelve a tocar si llevas suficientes números.

Antes de sus homilías, Esperanza Aguirre olisquea el aire como los que pisan únicamente aceras del barrio de Salamanca y paran el coche sobre otras solo si les urge un cajero. Lleva tatuada una sonrisa inanimada de media cara, de muñeco de ventrílocuo, para guarecer barbaridades escalofriantes, proferidas sin menear más músculo que cuando indica a la mucama que retire la bandeja. A ‘Espe’ le sale malo un bolsito de Loewe y reclama en la tienda sin arrugar esa sonrisa eginética. Si le salía malo un Consejero de gobierno reclamaba airada a la especie humana, como si hubiera escogido en una tienda no tan buena. Si eliges bien una marca no hacen falta las explicaciones, por eso ella se dice liberal. Sus únicas culpas han sido in vigilando o in eligendo; gerundios todos muy inocentes.

Por su parte, Francisco Igea vino a acabar con los chiringuitos, pero la política es un bumerán y lo que tiras regresa, por lo que quizás acabe presidiendo uno, como si se tratara de un finiquito en diferido. Lo encumbraría y convertiría en un organismo en forma de simulación, pero cuna de mucha cognición y consejo. Como los demás.

Francisco Igea es nuestra Esperanza Aguirre terracampino. Una Espe por desbastar, algo gruesa y calva como Castilla y León (Castilla gruesa y León calva) y que no sonríe apenas, no vayan a confundirse los diagnósticos con las ocurrencias. Las frivolidades, para los cirujanos estéticos.

Francisco Igea sabe más que nadie de la pandemia porque es médico. Del resto sabe también porque es facultativo y doctor. Sabe incluso cuando ha de comenzar el ocaso y lo regula por ley en lugar de a tiros, como aquel guardia civil de película. Francisco Igea dice puta en las Cortes y todos se ríen por lo bajinis como los alumnos de infantil cuando un niño dice puta a espaldas del maestro. El maestro se llama Mañueco (y Fernández, y creo que Alfonso y Fernando también) y siempre está de espaldas. Por si Igea dice puta y para que lo diga a gusto.

El Vicepresidente de Todo de lo de Aquí se iría gustoso –dice– si con ello se fuera el Vicepresidente del gobierno de España. Así es, generoso y abnegado como un peón que se cambia por una reina.

Ahora a Francisco Igea (y a ese tal Mañueco) les quieren hacer una moción de censura y buscan cómplices que deserten en su propio partido. Que deserten de él, no de su partido, se entiende. Siempre es difícil moverse de la foto, aunque en este caso los aludidos saben que no hay próxima foto para ellos. Tal vez solo para Francisco Igea, M.D.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 28 de febrero de 2021)

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