La vida disparatada y violenta de James Brown

James Brown, un monstruo de la música y un monstruo en su vida personal.

Por CARLOS DEL RIEGO

Es muy habitual que la vida de las grandes estrellas de la música rock y géneros afines sea muy intensa, con abundantes escándalos, excesos y disparates (otros artistas también, pero menos). Igualmente sucede muchas veces que la persona dotada de talento muestra, al mismo tiempo, un comportamiento canallesco, ruin y dañino hacia los que lo rodean. Este es el caso del gran James Brown, gran figura de la música y cruel persona.

En escena resultaba irresistible, hipnótico a veces, pero en el trato cercano James Brown llegaba a ser literalmente peligroso. En su descarga podría mencionarse su problema con las drogas (algo que siempre afecta al pensamiento y al comportamiento), pero no excusa todo el daño que hizo.

Según los informes médicos, James Brown nació sin respiración, y gracias a una tía que le hizo las maniobras necesarias, el bebé comenzó a vivir. Cuando tenía cuatro años su madre se largó de casa, siendo acogido por su tía Honey, pues su padre estaba siempre fuera. Ésta no lo trató mal, el problema es que tenía una ‘carhouse’, o sea, un prostíbulo en el que también se jugaba; y además, para conseguir unos pavos más destilaba y vendía su propio alcohol ilegal. No parece un ambiente muy educativo. Eso sí, la tía Honey se ocupó de llevarlo a la iglesia, donde el pequeño James se encontró con la música. 

Lógicamente, como adolescente sin control, estaba dispuesto a cualquier cosa. Trabajaba unos días aquí y luego se iba sin más, hurtaba por aquí, robaba por allá…, hasta que a los quince años lo detuvieron por reventar coches para llevarse lo que hubiera, por lo que lo condenaron a una pena de ocho a dieciséis años (si hubiera sido blanco habría sido menos, seguro). El joven James aprovechó la cárcel para cantar y mejorar sus aptitudes musicales; así, cantaba para los internos de vez en cuando (le llamaban ‘Music Box’), mientras los funcionarios y el gobernador de la cárcel observaban. Cuando se presentó la junta de libertad condicional, el incipiente cantante recibió muy buenas recomendaciones, así que en apenas tres años estaba en la calle.   

Pasó por la trena varias veces. En septiembre de 1988 estaba en libertad condicional. Empapado en polvo de ángel (PCP) Brown irrumpió en una convención de agentes de seguros (podía haber sido de cualquier cosa) con una pistola y una escopeta. Colocao hasta las cejas, el cantante encañonó a todo el mundo y ordenó que salieran (¿) y luego se largó en su furgoneta perseguido por la policía. Kilómetros después, dispararon contra las ruedas y lo detuvieron. Los agentes declararon que antes de iniciarse la persecución Brown había intentado atropellarlos, mientras que el músico dijo que sólo quería entregarse a un policía negro, pero que los polis blancos le habían tiroteado y por eso tuvo que huir. Fue condenado a seis años y medio.

El ‘Padrino del Soul’ se las tuvo con otro gran cantante de rythm & blues, Joe Tex. Los dos había firmado con el mismo sello (King Records) y como su estilo era similar, competían por promociones, por los mejores escenarios y ‘shows’, por lanzamientos y ventas de discos, e incluso hicieron versiones de los mismos temas; hasta que la competencia profesional se transformó en pura inquina personal.  Tex acusó a Brown de haberle robado la novia, Bea Ford, y así lo contó en el tema ‘You keep her’ (‘Tú te quedas con ella’) en el que llama Brown por su nombre. La cosa llegó al máximo cuando, en un club de Georgia en 1966, Joe Tex se burló de la capa que entonces llevaba James Brown en escena, imitándole y haciendo como que se enredaba con ella. Furioso, el malhumorado cantante sacó dos escopetas y abrió fuego contra todo lo que se moviera, incluyendo Tex; por increíble que parezca no hubo más que rasguños. Los escoltas y ayudantes de Brown guardaron su huida repartiendo billetes de cien pavos a los heridos y testigos para que no abrieran la boca. Y funcionó, pues no se presentaron denuncias.

También se las vio en las listas con Elvis Presley, pero con el rey siempre mantuvo una relación muy amistosa, de hecho, Brown consideraba que Elvis era de los pocos que estaban a su altura. Cuando Presley murió, el ‘soulman’ afirmó que “no sólo soy su fan, sino su hermano; nunca discutimos sobre quién lo hacía mejor, nos admirábamos y respetábamos”.

La relación con sus parejas y esposas fue a veces siniestra y a veces esperpéntica. La deliciosa Tammi Terrel (que se separó de él en 1963) dijo que la había golpeado muchas veces, incluso con un martillo, sucesos que concuerdan con muchas otras acusaciones que sus mujeres hicieron contra él.  A Deirdre Jenkins (su esposa del 70 al 79) la sacudía a diario y la maltrataba sicológicamente, contó su hija. Cuando estuvo casado con Adrienne Lois Rodríguez, el sheriff de Aiken, Georgia, recibía casi a diario llamadas de la mujer denunciando abusos y palizas; está demostrado que, en un arrebato de furia asesina, Brown se puso a disparar contra un abrigo de Adrienne, y cuando estaba lleno de agujeros el cantante recargó y tiró contra todo lo que había en el armario. Entonces él consumía cantidades industriales de PCP, y ella también, por lo que en aquel matrimonio debió pasar de todo. Por ejemplo, cuenta uno de los que trabajaba en casa de los Brown que una vez la Rodríguez le puso a su marido una generosa cantidad de PCP en un helado, y en otra ocasión apuñaló a una de las amantes de Brown. Adrienne murió en 1996 tras una fracasada liposucción y la mezcla de medicamente y drogas.

No es muy conocido el afán que James Brown tenía por imitar a Little Richard. Como James no era famoso, se hizo pasar por éste varias veces, llegando a cobrar actuaciones como si fuera Ricardito. En una ocasión empezó un concierto imitando a Richard, pero el público se dio cuenta y lo entendió como una broma, y nadie se marchó ni protestó, pues les encantó el show.

Curiosamente, James Brown cuidaba mucho su aspecto y era muy exigente en escena: sus trajes, capas y complementos, siempre de colores brillantes, estaban perfectamente planchados y recolocados. Y lo mismo exigía a sus músicos y coristas; su saxofonista Pee Wee Ellis declaró: “Todos estábamos amedrentados, temerosos de sus estallidos de ira por cosas estúpidas; nos multaba y gritaba si los zapatos no brillaban lo suficiente o si nuestros trajes o uniformes tenían alguna arruga o no nos caían como él quería”. Sorprende el control que buscaba en escena y el descontrol que dirigía su vida.

Con quien se deshacía en cariños James Brown era con su caniche ‘Poojie’. Cuando el animalito murió (una puerta cayó y le rompió la cabeza) Brown lloró desconsoladamente, organizó un gran funeral en su casa en Georgia y lo enterró en un ataúd blanco, sin dejar de llorar ni un momento.

Ni muerto dejó de ser causa de escándalo. James Brown murió en 2006, desatándose entonces una guerra por su fortuna entre amantes, esposas, ex y los hijos de todas  El caso es que hubo muchas demandas de paternidad, de manera que su cadáver fue removido hasta en 14 ocasiones. Y cuando ya estaba embalsamado se pidió una nueva prueba de paternidad, por lo que le amputaron las piernas para extraer médula y obtener ADN.

James Brown vivió muchas vidas, en unas fue un genio, en otras un…

Visita el blog de Carlos del Riego.    

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