Jacuzzi al pasado

Luis Grau Lobo, director del Museo de León, publica su octavo artículo de la serie veraniega de opinión “Ovejas eléctricas”.

Por LUIS GRAU LOBO

A la agencia de viajes en el tiempo no le sentó bien mi opinión sobre la excursión que programó al año 2121 y, contra pronóstico, me ofrece un bonus de sus servicios en forma de catas a distintas épocas, todas ellas pasadas, para que reconsidere mi opinión sobre los viajes temporales. Queda una semana de agosto así que acepto la oferta y, sentado en la máquina del tiempo que, por cierto, es un comodísimo jacuzzi (idea nada original: es de 2010), tecleo varios momentos remotos a visitar. Tengo una docena de oportunidades.

Uno: Paleolítico. Nada más aparecer, un tigre dientes de sable me hinca sus dientes de sable. Duele.

Dos: Neolítico. Agricultores. Abrimos acequias para los cultivos y, cuando la sed aprieta, bebemos de ellas. El agua sabe rara. Palmo.

Tres: Edad del Bronce. Construimos una muralla que proteja el poblado, me cae un pedrusco encima, larga agonía.

Cuatro: Imperio romano. Esclavo e hijo de esclavos, cómo no. Me manumiten (se dice así), qué suerte. Pues no, ahora debo ganarme la vida de otra manera. A la legión. Palmo (no en combate, sino de un golpe de calor con toda la impedimenta durante unas maniobras en la Bética).

Cinco: Edad Media. Frío, lluvia, viento, barro… Catarro. Me muero nada más empezar ¡¿por un catarro?!

Seis: Más Edad Media. Me dan de comer. Repollo. Al día siguiente, repollo. Más repollo el tercero. En mal estado. Diarrea. Palmo.

Siete: Qué pesadez con la Edad Media. La peste negra.

Ocho: Sáquenme ya de la puta Edad Media. Al fin, soy un noble. Algo tullido y cabroncete, pero noble, con castillo y todo. Hace un frío horrible, la comida es pésima y poca y la gente huele fatal. Yo mismo huelo fatal. Además, tengo que ir por ahí, impartiendo justicia a caballo, incomodísimo, sudoroso, sucio… Dan ganas de morirse. Y me muero al poco, qué alivio.

Nueve: Renacimiento. Me lo paso remando en una galera. Se oye algo fuera, una especie de estampidos, gente que corre y grita, humo. Al poco nos ahogamos todos.

Diez: Revolución francesa. De campesino vengo a París a vender hortalizas y me topo con la toma de la Bastilla. Para una vez que pillo un momento histórico, me digo, voy a aprovecharlo y me uno. No está nada mal la parranda. Al día siguiente salgo de la ciudad con un poco de pillaje y un mucho de cara de culpable, me topo con una patrulla que no anda con interrogatorios. Otro momento histórico y déjà vu: me matan.

Once: Siglo XX. Gripe española. No, no palmo de eso, sino de un tiro perdido en un enfrentamiento entre pistoleros de la patronal y sindicalistas. Yo solo pasaba por allí.

Doce: Medio siglo atrás. Corro a mi casa familiar, pero justo antes de que pueda liarla y no nacer, la máquina me devuelve al burbujeante presente.

Ahora entiendo por qué me han invitado a este bonus de viajes en el tiempo, los muy…. Eso sí, al menos se acaba agosto, porque coincido con mi madre: como en casa en ninguna parte.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 22 de agosto de 2021)

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .