CHUS PATO: “Poeta es quien se empeña en decir las palabras de cuando nos quedamos sin palabras”

Chus Pato.

Desde astorgaredaccion.com

Por ELOY RUBIO CARRO

A comienzos de este mes de septiembre tuvo lugar en el restaurante ‘Cuca la Vaina’ de Castrillo de los Polvazares el XVI Encuentro Europeo de Traductores y Escritores respaldado por el Ministerio de Cultura. Entre otros participantes, además de los traductores convocados por la Universidad de Kiel, acudieron Sánchez Robaina, Chus Pato, Ada Salas y Miguel Casado.

Entrevistamos en esta ocasión a María Xesús Pato Díaz, más conocida como Chus Pato.

Los primeros poemas de Chus Pato aparecieron en la revista Escrita (1984) y, desde entonces, aparte de en sus libros, nunca ha dejado de colaborar en múltiples publicaciones, en libros colectivos: ‘Palabra de muller’, ‘Sete poetas ourensáns’, ‘Poesía dos aléns’. Participa habitualmente en recitales, mesas redondas, performances y conferencias. Con una docena de poemarios publicados destacamos los traducidos al español: ‘Heloísa’, ‘m-Talá’, ‘Hordas de escritura, seguido de Secesión’ y ‘Carne de Leviatán’.

– Eloy Rubio Carro: Ya en ‘Urania’ (1991) aparecen algunos de los temas que serán recurrentes en los poemarios posteriores: el feminismo, la reivindicación del gallego, las cuestiones sociales y un cierto culturalismo, además de una ruptura sintáctica. Háblenos de esta ruptura y qué es lo que se alcanza con ella.

– Chus Pato: Yo diría que todos sabemos cuáles son los usos del lenguaje humano articulado, que normalmente tienen que ver con aquellas proposiciones que hacemos a partir de un ‘yo’, o a partir de plantearnos un ‘hay’; existe el mundo y respondemos ante eso, es decir, son usos normalmente comunicativos. Vamos a suponer que ese uso de la lengua comunicativo es un uso instrumental. El uso de la poesía se hace con las mismas palabras que los otros usos del lenguaje, pero es un uso diferente. El lenguaje de la poesía es el mismo que usamos todos los días para los usos normales de la lengua, pero tiene unas características especiales, entre ellas seguramente eliminar ese ‘yo’, eliminar esa comunicación y eliminar la vía conceptual. Entonces eso es lo que nos lleva muchas veces a romper la sintaxis de uso cotidiano. En mi caso considero que hay que atravesar el lenguaje instrumental para llegar a otro lugar donde la palabra se dice de otra manera, un lugar muy cercano a la mudez, quedarse mudo, como si regresásemos a aquel lugar cuando nacemos, en el que aprendemos y balbuceamos y aún no sabemos hablar. Ante la muerte, ante el amor, ante la belleza enmudecemos y decimos eso de que “me quedé sin palabras”. Yo creo que el lenguaje poético comienza ahí y que el poeta o la poeta es aquella persona que se empeña en decir las palabras de cuando nos quedamos sin palabras. Y de ahí vienen todas las rupturas sintácticas y todas las circunstancias.

– Decía Miguel Casado que la poesía era llegar al no saber para a partir de ahí…

– Es llegar a la mudez, a ese no saber el lenguaje. Muchas veces pensamos que el lenguaje es algo que aprendemos para siempre y no nos damos cuenta por ejemplo de que cada vez que dormimos olvidamos el lenguaje concreto, y que el lenguaje es algo que tenemos que aprender de nuevo cuando abrimos los ojos por la mañana, y que es un aprendizaje a lo largo de toda la vida. No es algo que se nos dé para siempre, olvidamos el lenguaje y lo recobramos. Yo creo que el poema está ahí en esas ocasiones.

– En ‘Heloísa’ (1994) ahonda en el “hermetismo rupturista” en una búsqueda de ‘sí misma’, con infinidad de evocaciones autobiográficas. Mientras que en ‘Fascinio’ (1995) son los problemas sociales y la reflexión sobre la literatura los temas dominantes, también una metamorfosis que parece conducir a una concepción distinta del propio yo. Reflexiona sobre el ‘yo’ en ‘Nínive’ (1996), continuando con la ruptura sintáctica en ‘A ponte das poldras’ (1996) y en ‘m-Tala’ (2000), con una voz cada vez más subversiva donde se transforman los géneros en una especie de conversación poética. ¿Entonces esto del ‘yo’ es una ficción que no nos corresponde por esencia? ¿Cómo se producen esas metamorfosis y cómo su poesía trataría de desvelarlas?

– Has hecho un recorrido muy largo en tu pregunta y no siempre estoy de acuerdo con lo que me has indicado. En ‘Heloísa’ no hay tantos elementos biográficos sino que hay infinidad de elementos míticos. ‘m-Talá’ es un libro que me parece, tanto a mí como a la crítica, importante en mi obra, porque es donde estalla de alguna manera todo  lo que se ha ido escribiendo hasta llegar a él. Está en el medio de lo que yo he escrito y creo que es fundamental.

En ‘m-Talá’ lo que se propone es una visión de la poesía expandida. Se concibe la poesía como aquel uso de la escritura y por tanto del lenguaje que linda y puede hacer frontera con todos los géneros literarios. Es un libro donde hay entrevistas que no son tal cosa. Es un libro con enunciados filosóficos sin que se haga filosofía. Se proponen diálogos dramáticos sin pretender escribir teatro. Se propone entonces que la poesía linde con todos los géneros literarios sin que llegue a ser ese otro género, manteniéndose en el poema. Entonces la poesía se amplía muchísimo.

Es cierto que mi poesía está atravesada por el feminismo, por la reivindicación de Galicia, del gallego en concreto, pero, más tarde me gustaría matizarlo, no es que yo reivindique el gallego, es que escribo en gallego. A ningún poeta se le diría tú estás reivindicando el francés, por escribir en francés… Yo escribo en gallego por ser mi lengua, por lo tanto no hay reivindicación. En todo caso y en gallego, porque es la lengua en la que escribo, abordo ciertos temas referentes a algunas justicias que pide el poema con respecto a Galicia, pero no es que se reivindique el gallego.

‘m-Talá’ está atravesada por la historia, está atravesada por el feminismo, y por muchas cosas más, pero no son temas. No es que yo haga poesía feminista, no es que yo haga poesía nacionalista ni poesía social. Yo hago poesía sin adjetivos. No me interesan en absoluto los adjetivos. En ‘m-Talá’, en este irse cara a los otros géneros y plantearlos de esta manera las cosas se amplifican y esto me ha permitido escribir cosas imposibles, escribir poesía en otro formato.

– En alguna ocasión parece que hablara del lenguaje de la poesía como el verdadero lenguaje de la mujer. ¿No es esto otro extraño mito, otro extravío?

– Es una pregunta que nada tiene que ver con mi obra. No considero que la poesía sea el lenguaje de la mujer. La poesía es el lenguaje de los hombres, de las mujeres, de los transgéneros. ¿Cómo se va a reducir la poesía a lo femenino? Es algo que a mí no me cabe en la cabeza. La poesía es precisamente aquello que nos acerca al momento en que la especie sapiens no hablaba, cuando comienza a hablar. Pienso que la poesía es la matriz de todos los demás lenguajes, de todos los demás usos del lenguaje y cómo podría reducirlo a lo femenino, vamos estamos locos o qué.

Chus Pato.

– ¿Hay algo valioso de nuestra animalidad que habríamos perdido al forjarnos un mundo fuera de esa vida originaria? ¿Qué intenta hacer la poesía para rescatar esa pérdida?

– No creo que hayamos perdido nada, pero sí se pierde. Son dos cosas distintas. No concibo el lenguaje ni la cultura ni la civilización como algo separado del animal mamífero que somos. Yo concibo la especie humana como mamífera y concibo la cultura y la civilización, el lenguaje, el arte, la ciencia y la técnica como posibilidades de ese mamífero tan curioso que somos. Yo no establezco dicotomía animalidad/cultura. Entiendo que la cultura es una posibilidad de mi animalidad y por lo tanto de mi cuerpo. En ese sentido yo no creo que el hecho de la cultura, el hecho de la civilización, el hecho de la historia o del lenguaje nos haya hecho perder nada. Lo que sí hemos perdido es que gran parte de la cultura europea, de la cultura cristiana a la que pertenecemos nos ha extinguido, nos ha transmitido que el animal no es la cultura. Como el animal es malo es el infierno. Tenemos que deshacernos del animal para conseguir trascender, ser cultos, ser algo diferente. Estamos atravesados por esa manera de pensar, pero yo insisto que para mí el lenguaje articulado es una posibilidad de mi ser mamífero.

– ¿El lector de sus poemas tendría que encajar las piezas de un puzle que intencionadamente carece de modelo cerrado?

– No, en absoluto, yo no intento hacer puzzles ni intento desordenar nada. No intento hacer nada de eso, al contrario. Creo que mi poesía es muy ordenada, con una estructura muy clara. Lo que sucede es que el lector que se acerque a ella tiene que gustarle como en cualquier otra cosa. Bien sabemos que el poema es un artefacto milenario y hay que tener unas claves para acercarse a él, de la misma manera que uno puede acercarse a ‘Las Hilanderas’ de Velázquez y sin saber nada de pintura puede creer que lo entiende todo de ese cuadro. No es real, ‘Las Hilanderas’ de Velázquez posee unos códigos que es mucho mejor conocer. Y evidentemente mi poesía responde a un intento de no hacer, de no repetir aquello que ya está hecho y de buscar un camino diferente.

– Según eso la dificultad de acceso a la poesía consiste en la dificultad de acceso a los códigos de cada poeta, ya que por lo que dicen esas claves de acceso son propias de cada poeta e incluso de cada obra.

– Así es, y una vez desvelado el código además tiene que gustar. Porque puede ocurrir que sin acceder al código, además no se haya tenido formación para estas cosas, algo que no se hace. No es que sea difícil la poesía, lo que no es tan fácil es acercarnos a esos códigos milenarios así por las buenas. El poeta trabaja y el lector tiene que tener ese trabajo hecho, de la misma manera que no podemos acercarnos a un teorema matemático sin saber algo de números y esto que puede parecer una postura elitista no lo es en absoluto.

– La cita con la que se inicia ‘Secesión’: “un texto de Barthes habla de una tercera entidad textual junto a lo legible y escribible, lo ‘recibible’: que sería el texto ardiente, producido continuamente fuera de toda verosimilitud, y cuya función sería la de impugnar la restricción mercantil de lo escrito. Un fuego, una droga, una desorganización enigmática”. ¿Queda necesariamente toda palabra poética fuera del mercado?

– Sí, soy contundente, sí. La poesía tiene muchos registros, hay muchos tipos de poesía. No existe una poesía que podríamos decir esto es la poesía y lo que tú escribes no lo es. Concibo muchísimos tipos de poesía, pero poesía y mercado no van juntas. Para escribir poesía se tiene que intentar entrar en una cierta verdad lingüística. Se tiene que atravesar el lenguaje instrumental. Lo habitual es que hablemos a través de consignas trilladas que conllevan controles ideológicos, pero la poesía es un lenguaje que tiene que traspasar eso, y atravesar eso es atravesar el mercado. De la poesía se puede hacer mercado, pero la poesía no puede ser mercado. Hay operaciones mercantiles sobre los poetas. Yo vengo de Galicia y Rosalía de Castro ha aguantado todo, desde ser santa hasta ser feminista. Con un poeta se pueden hacer muchas cosas sobre todo si ya está muerto, y lo puedes mercadear para tu beneficio. Normalmente esto no se hace porque no da mucho dinero y no hay mucho interés por parte del mercado. Pero aunque sí se pueda mercantilizar la poesía, la poesía no es compatible con el mercado.

– ‘Lo no sido’ forma parte del poema, lo imposible también estaría en el poema. ¿Es por eso que el poema se torna impensable?

– Diría que el poema es un artefacto que tiene dos grandes sueños, dos grandes pasiones imposibles que son al tiempo sus dos grandes límites. Por una parte el poema lo que quiere es dejar de significar y ser música, y por otro lado quiere pensar, quiere ser ciencia. Es como si pensando en una mariposa un ala fuera musical y la otra fuera conceptual, siendo el poema el cuerpo de la mariposa que agita el ala del la música y levanta el ala del pensamiento. El poema es la mariposa que agita al unísono ambas alas. Entonces, claro, la poesía se hace en el límite del pensamiento y la música, sin ser una cosa ni la otra. Pero me refiero a lo que denominamos pensamiento conceptual…

– Durante algún tiempo consideró que sus textos eran ‘híbridos’, la escritura como un mutante, un territorio. Podría explicarnos algo de esto.

– Efectivamente, durante algún tiempo pensé que la poesía era híbrida, que se hacía de todo lo que compone el mundo. Llegó un momento en que me percaté de que no era híbrida, sino que mutaba. Es la diferencia entre lo híbrido entendido como un conjunto, una amalgama, de lo que es mutante. Podríamos comparar el lenguaje con el agua. El agua puede hervir, puede congelarse, pero sigue siendo agua tanto si es un iceberg lo que contemplamos como si es una ebullición. Es decir que el agua tiene muchas maneras de ser, muta, pero conserva siempre el hecho de que es agua. Pues yo creo que la poesía muta igual que lo hace el agua, es decir podemos llevarla a punto de ebullición, podemos congelarla, pero acaba siempre volviendo al lenguaje, al lenguaje poético.

– En otro lugar dice: “un tipo de escritura que queda cerca de la existencia sin que la vida devore a la escritura, sin que la escritura devore el fluir de la vida”.

– En muchas ocasiones te preguntan: ¿y usted qué elige la vida o la poesía? A mí me parece que la poesía es una manifestación de la vida y que no está en contradicción con ella. Un poeta puede dejarse llevar por un exceso tremendo hacia lugares muy curiosos y complicados para volver de ellos, pues la poesía de alguna manera también es un trance. Pero a menudo hay que tener cuidado con la vuelta, no te fueras a quedar allí. Eso tal vez no llegue a enfermarte pero sí perturbar mucho las relaciones cotidianas con la vida. Si tú estás muy ida en ciertos momentos después tienes que volver para trabajar y ganarte la vida. Dado que no vivimos de la poesía, el poeta debe de guardar un equilibrio que le permita vivir en lo cotidiano, ganarse la vida, tener amigos, amar, etc. No es bueno que el poeta esté siempre en la estratosfera, pues eso acaba perturbando, le acaba perturbando.

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