La pupila de Nefertiti

Primera entrega de la serie navideña «Figuritas de Navidad»:

Por LUIS GRAU LOBO

Luis Grau Lobo.

En 1912 el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt halló la más bella escultura del antiguo Egipto y uno de los retratos más famosos de todos los tiempos, el de la reina Nefertiti, hoy en el Museo Nuevo de Berlín. Fue localizada en Amarna, en las ruinas del taller donde su autor, Tutmosis, posiblemente enseñaba a sus discípulos, pues allí guardaba vaciados y patrones, muchos incompletos. En aquel entonces se vivió como una tragedia la falta de una de sus pupilas, una incrustación de cuarzo que creyeron extraviada y nunca apareció pese a denodados esfuerzos, incluida una sustanciosa recompensa de mil libras. Desde entonces se tiene por penosa pérdida, lo que ha dado y ha de dar lugar a multitud de interpretaciones.

Como sucede con todo vestigio del pasado, no podemos evitar las especulaciones y cada punto de vista aporta una solución distinta y también parcial al enigma. Para el biógrafo, puede que el artista muriese repentinamente antes de completar su obra. Lo que terminó de forma abrupta, arguye el historiador de la política, fue el reinado del faraón, de hecho Nefertiti desaparece de repente de la crónica histórica. Puede que la crisis política afectara a las importaciones y estas a las existencias de cuarzo, razona el economista. La estatua fue reservada como un modelo de un único perfil o para ilustrar la técnica de incrustación a los alumnos del escultor, pensaría un pedagogo; o simplemente se trata de una falsificación de hace un siglo en busca de la veracidad de lo dañado, para el arqueólogo iconoclasta o el expertizador suspicaz. Puede incluso que un sociólogo especulara con algún tipo de moda fugaz y bizarra y algún médico creyera que la reina era en verdad tuerta. Hasta que, en alguna versión de género, se imaginase a la propia Nefertiti en desacuerdo con su efigie, mutilándola. Rizando el rizo, como en el cuento de Blancanieves la obra alcanzó mayor perfección que la modelo –cuyo nombre significa «ha llegado la hermosa»– quien se encargó de ‘corregir’ ese exceso del lenguaje artístico. Y hasta pudo ser una rival o sucesora, envidiosa, quien se ocupase de esta damnatio memoriae tan peculiar.

Solo unos pocos pensarían que el propio artista, en un gesto que atribuimos a la estricta modernidad, dejó incompleta su obra para provocar el desasosiego que nos produce contemplar la sutileza de la perfecta imperfección, el despeñadero de una hermosura malograda. Esto último atribuiría una voluntad singular y contemporánea y gran independencia de criterio a un escultor egipcio de hace tres mil trescientos años.

Quién sabe. Ver con un solo ojo proporciona solamente una realidad bidimensional, roma, sin profundidad. Así el pasado para nosotros. Felices días.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 12 de diciembre de 2021)

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