Sol Gómez Arteaga presenta «Trazos de sombra» en León

Sol Gómez Arteaga. Foto: Luisiten.

El nuevo libro de Sol Gómez Arteaga titulado Trazos de sombra (Marciano Sonoro Ediciones), se presentará este jueves 30 de diciembre en el Salón de Actos de Ayuntamiento de León (Entrada por Alfonso V), a las 19:00 h. Acompañarán a la autora la periodista Eloisa Otero, el fotógrafo Óscar García Bárcena, la cantautora Isamil9 y el poeta Marcelo O. Barrientos Tettamanti.

Los cuarenta relatos que conforman “Trazos de sombra” permiten a Sol Gómez Arteaga dibujar una personal cartografía literaria en torno a los desórdenes de la mente humana. Las experiencias vividas en su actividad profesional como Trabajadora Social, en el contexto de la salud mental, alimentan muchas de las historias que se narran en este libro. El anonimato de los personajes que pueblan estos relatos y la cotidianidad de muchas de las vivencias descritas, sumergen al lector en los entresijos dispares y sobrecogedores de cada una de las historias.

El libro, que se abre con un prólogo del psiquiatra José Jaime Melendo Granados, contiene fotografías del leonés Óscar García Bárcena que se articulan, en esta obra, como puertas de acceso al universo narrativo de Sol Gómez Arteaga. La mayoría de los relatos, además, fueron publicados en en su día en Tam Tam Press, dentro de la sección específica Trazos de sombra, entre 2017 y 2019.

Publicamos un texto sobre el libro, de la profesora y lingüista leonesa afincada en Madrid Margarita Álvarez Rodríguez:

Trazos de sombra llenos de luz

Por MARGARITA ÁLVAREZ RODRÍGUEZ

Ha sido para mí un regalo conocer a Sol Gómez Arteaga: conocerla como escritora y, posteriormente, como persona. Una persona en que destacan: su tenacidad para defender aquello en lo que cree (rebelde con causa), su entrega, su equilibrio, su serenidad… Sol es una persona que observa con mirada incisiva, pero serena, el mundo que la rodea. Es una persona que escucha. Escucha los problemas que tiene la gente, escucha el español conversacional, y de ello hace literatura. Decía en un artículo reciente que el escritor tiene que estar atento, como un cazador de mariposas, a lo que pasa fuera y lanzar la red, cuando algo, como un aleteo, brilla en el aire. Y desde ahí, desde ese aleteo, lanza la red y consigue crear belleza, la belleza de lo sencillo, de lo cotidiano, y consigue arrastrarnos en pos de su mirada.

Despacio, sin hacer ruido, pero con todo merecimiento, Sol Gómez Arteaga se está ganando un puesto destacado entre los escritores leoneses. Su forma de aproximarse a la vida de la gente sencilla o diferente nos recuerda a otros escritores de la tierra como Julio Llamazares, que hablan con frecuencia de soledad y desarraigo. Son escritores que consiguen la belleza más difícil: la de la sencillez. Y, además, Sol es siempre una escritora y una persona de luz, aunque hable de sombras, porque es capaz de iluminarlas a través de la narración. Todos sus libros destilan verdad (sea historia real o inventada) y visión crítica de la realidad. Así lo vemos en sus anteriores libros de relatos Los cinco de Trasrey y otros relatos y Del sol a la tinaja y en su novela breve El vuelo de Martín. Y también en sus artículos y poesía.

Su última obra, de reciente publicación, es Trazos de sombra, un libro formado por cuarenta de relatos. Tuve el privilegio de ser lectora anticipada de esta obra cuando era aún un manuscrito sin pulir. Y ya supe desde ese momento que en él había literatura: buena literatura. También tuve el honor de participar en su presentación pública en Madrid.

Trazos de sombra es una obra de relatos. Se trata de relatos inspirados en hechos y personajes que se han entrecruzado en su vida, por su dedicación profesional. Son personajes de sombra, de sombra porque algo hay en su mente escondido tras un tupido velo, que no es fácil sacar a la luz, aunque Sol ha conseguido hacerlo patente magistralmente. Y es que ella narra desde la luz y brilla como aquella “señora de rojo sobre fondo gris” de la famosa novela de Delibes, porque   ha sabido de manera certera, y a la vez delicada, ponernos delante de las enfermedades mentales, situaciones que, a veces, no están muy lejos de nuestra propia realidad. Y lo hace desde la verdad y desde la literatura.

Todo lo que escribe la autora está pegado siempre al día a día. Consigue con su cercanía que reflexionemos con ella, que nos pongamos de su parte. Nos convence. Son textos que con frecuencia reflejan situaciones problemáticas, incluso dramáticas, tomadas casi siempre de la realidad, relatos que tienen vida en su interior. Y a pesar de que a veces presentan situaciones duras o personajes que nos producen inquietud, casi siempre aparece la ternura o el bien como un contrapunto. Domina a la perfección la técnica del relato y consigue atrapar al lector desde las primeras líneas y, casi siempre, rematarlos con broche de oro, unas veces con finales intuidos por el lector y otras con unos finales sorprendentes, por lo inesperados.

El libro tiene un sugerente título: Trazos: dibujos, rayas, bosquejos, (de) sombra: algo escondido que la mente consciente no puede ver del todo o quizá comprender. Hermosa e inquietante metáfora. Son personajes diferentes a los ordinarios, y la autora nos sumerge en la profundidad de los trastornos mentales de sus mentes y saca al exterior esas obsesiones que los atenazan. Son relatos breves, de 3 o 4 páginas, pero de gran intensidad dramática: relatos con fuerza. Esa brevedad condensa el problema que vive el personaje, nos hace enfocar nuestra visión lectora más intensamente sobre él y así consigue que la situación planteada produzca un mayor impacto emocional en el lector.

Por estos relatos pululan seres humanos que se creen perseguidos, adolescentes con rebeldía causada por falta de afecto, trastornos obsesivos, miedo al deterioro cognitivo, problemas de autoestima, bulimia y anorexia, celos, miedo a envejecer, violencia de género… En definitiva, son “trazos de sombra”, historias diferentes a las vividas por cada uno de nosotros, pero que, en realidad, no son tan extrañas como pueda parecer: la incomunicación, el sentirse en un mundo hostil con lo que les rodea, une a la mayoría de los personajes. Con pinceladas rápidas y con distintos procedimientos narrativos se nos presenta la personalidad de un ser humano desvalido, incomprendido, débil… que, con frecuencia, nos produce ternura.

Ternura nos produce esa mujer que contrata un viaje en taxi solo para poder mantener una conversación con el taxista, ese chico abandonado por el padre en un bosque al cuidado de una abuela que no conoce o ese otro discapacitado que se convierte en asesino de palomas porque no sabe canalizar la agresividad que siente, a causa de los celos. O esos dos Pececitos, ancianos con demencia, que en un descuido de su hija provocan una inundación mientras se bañan. Y otros varios.

Fotografía: Óscar García Bárcena.

Los títulos de los textos de los relatos ya merecen por sí mismos una observación. Algunos quedan reducidos a un adjetivo o a un solo nombre acompañado por un artículo: Atrincherada, Desfondada, Mi caja, La gotera, Una maleta… Una palabra nos da a conocer ya el tema del relato y fija la atención en ese elemento que se convierte en sombra en la mente del personaje.

Trazos de sombra nos atrae también por la forma de contar, que se corresponde con las inquietudes y nubes que nublan esas mentes alucinadas. La autora usa distintas técnicas narrativas. Se usa poco en estos relatos la técnica omnisciente del autor que sabe todo de los personajes y narra en tercera persona, más bien aparece en ellos la narradora observadora que, cuando usa  la tercera persona, no sabe todo del personaje, solo conoce lo que observa. Eso se ve muy bien en el relato titulado  El hombre que tocaba las esculturas, uno de los más bellos y conmovedores, y que, además, condensa el estilo y la visión crítica de la autora.

Sol Gómez Arteaga quiere bucear en la mente convulsa de esos personajes diferentes, captar sus desequilibrios, sus vaivenes emocionales, y para ello maneja con mucha soltura distintas técnicas narrativas: el monólogo interior, el estilo libre indirecto y la narración en primera y en segunda persona, con frecuencia mezcladas en el mismo texto. En A través del espejo, que trata el tema de la anorexia y bulimia, utiliza la primera persona para introducirnos con mayor intensidad en el problema que vive la narradora: Tenía dieciséis años cuando empezó todo. Me miraba en el espejo, me veía gorda, entonces empecé a no comer. Hay textos en que narra en segunda persona con una especie de diálogos de interlocutor “mudo” que interpelan al propio lector con la verdad que desprende el personaje. Eso ocurre en Desfondada, que termina con estas palabras: ¡ Qué más le puedo contar yo, señor juez! Que creo que la mente es el mayor de los misterios, y que mi señora —Dios sabrá por qué, eso no le toca juzgarlo a una ignorante criada— se dejó ir sin enfermedad, pero también sin alicientes, exhausta de vida, desfondada, desfondada.

A veces, incluso, cuenta “sin contar”. Eso ocurre en Adelfa, relato en que se presenta una particular técnica narrativa (la autora juega con varios tiempos): pasado lejano que se narra, presente que no se narra, pero se intuye, pasado cercano que no recuerda la enferma… Pero el diagnóstico nos revela el pasado no narrado: amnesia psicógena compatible con asfixia erótica tras supuesta y desafortunada y brutal… práctica sadomasoquista.

Es una obra innovadora también en la estructura interna. Hay textos que adoptan forma de carta: Carta al rey, otros de diario, incluso aparece la visión caleidoscópica, con narración a varias voces, como ocurre en Hermanos de leche. Algún relato tiene estructura dramática: Señorita corazón solitario. En general, son puntos de vista muy originales, en los que un humor tierno e inteligente tamiza las situaciones duras o dramáticas…

La autora escribe con un estilo claro, limpio: pocos adjetivos, pero muy certeros, unidos a comparaciones: diestra sagaz, escurridiza como un anfibio (la sombra de una persona). Maneja muy bien el registro coloquial, con toda la riqueza, el dinamismo, la expresividad y la creatividad de este, rasgos que reflejan el desequilibrio mental de los personajes, como ocurre en el relato La maleta.

© Fotografía: Óscar García Bárcena.

En cuanto a los personajes, la obra es un mosaico del género humano, pues hay variedad de protagonistas: niños, adolescentes, personas maduras, ancianos, hombres, mujeres… En algunos relatos aparece más de un personaje, pero el eje de la narración pivota sobre uno solo, en el que se manifiesta ese trastorno que lo aparta de la lucidez. Con descripciones muy breves, conocemos en muchos casos el aspecto externo de los personajes y apenas se muestran, en cambio, otros rasgos de su personalidad que no sean aquellos relacionados con el tema que se plantea en cada relato. Son personajes débiles, inquietantes, sin alicientes, que parecen esconderse en ese trastorno mental. Tal vez esa locura es su escudo protector ante un mundo hostil. Decía un personaje de su obra anterior (un sintecho de El vuelo de Martín): No solo no te dejan morir como quieras, sino que tampoco te dejan vivir. Por eso elegir la locura no me parece la peor opción.

También es interesante la intertextualidad. Añade la autora citas de autores clásicos y contemporáneos al principio de cada relato, que nos ponen en la pista de lo que luego nos va a presentar. El libro  incluye, asimismo, sugerentes fotografías de Óscar García Bárcena. Ponen un contrapunto de color, añaden plasticidad  a los trazos de sombra y les van abriendo puertas de luz. La obra está prologada por José Jaime Melendo, psiquiatra, con el que la autora ha trabajado en los servicios de salud mental de un gran hospital madrileño. «La lectura repetida de estos relatos constituye un tratado del alma, un discurso de las entretelas de nuestro psiquismo»asegura el prologuista. Y Marciano Sonoro Ediciones ha realizado una cuidada edición de la obra.

En conclusión, Sol Gómez Arteaga nos hace avanzar por los relatos sin respiro, porque nos sorprende con cada personaje, con cada situación, con cada problema que plantea. Porque nos hace entrar en la mente de los personajes, en sus zozobras, en sus miedos, en sus soledades. Porque nos hace sentir cercanos a esos personajes. Porque nos descubre otra realidad que está ahí y que a veces permanece oculta a nuestros ojos. Estos Trazos de sombra son pequeñas pinceladas de gran literatura con las que consigue sorprendernos, conmovernos, distraernos… ¿Qué más podemos pedir a un libro? Solamente que caiga en nuestras manos…

Jesús Palmero y Cristina Pimentel, fundadores de Marciano Sonoro Ediciones.

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