FETAL 25 años (y 3) / I+D+i

Ilustración “No lo soñaba ni Magritte”, realizada por RAMÓN.

Tercera y última entrega del homenaje que TAM TAM PRESS rinde al Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (Valladolid) –FETAL– al cumplir su cuarto de siglo de vida. En estas líneas se analiza el escaso compromiso de la Junta con esta singular cita teatral y se ponen de manifiesto los equipamientos surgidos en estos años así como el valor añadido que supone la irrupción de esta cita cultural con los habitantes de Tierra de Campos.

FETAL 25 años (y 3)

I+D+i

Relato de dos décadas y pico de cultura en tres actos y quince cuadros

Por ISAAC MACHO

ACTO TERCERO
CUADRO UNDÉCIMO

A lo lejos, Raúl Gómez y Alex Rodríguez caminan en dirección al paraje de Caño Valverde del término municipal de Urones. Una pareja de avutarlas pastan en la llanura a cierta distancia sobre un terreno de colores ocres. Van despacio. Repasan la experiencia vivida con FETAL en este tiempo, valoran qué y cómo se hizo.

Han caído tantas hojas del calendario, en 25 años, que no es fácil entrar en detalles ahora sobre el comportamiento de este bólido de carreras lentas que es FETAL, diseñado y construido de manera artesanal. Algunos aspectos generales no pueden pasar desapercibidos en relación con la influencia del festival. Para Raúl Gómez, padre de la criatura, el certamen “sembró y despertó en otros municipios las ganas de programar cultura como necesidad vital”. Ese hábito por abrir las ventanas del teatro a un público poco acostumbrado a recibir ofertas artísticas trajo “múltiples propuestas cada año para hacer más real el derecho de los ciudadanos del medio rural a la cultura”, apunta también.

En esa misma línea, Alex Rodríguez, director del festival en los últimos nueve años, asume como propia esa necesidad existencial que implica “compartir, disfrutar y exhibir en comunidad” los hechos artísticos. Rodríguez considera que FETAL es un mero canalizador y provocador de esas acciones artísticas contemporáneas sin salirnos del territorio ni de su identidad. “Es importante provocar encuentros con las artes”, advierte, “y todavía más hacerlo con respeto desde espacios como sus calles, paneras, antiguas escuelas, teatros de construcción humana ya que eso es el Corral de Anuncia, un teatro construido con el recurso humano de la comarca, con personas del propio pueblo”.

A lo largo de esta etapa abundan los gestos, las palabras, los wasaps, las llamadas de móvil y aliento que han alertado a los directores de que la programación iba por el buen camino. De esos guiños, Raúl Gómez resalta, sobre todo, las señales que le hizo llegar el público. “Gente de Urones y de la comarca que me agradecían personalmente cada año la organización del festival, más al comienzo, por supuesto, cuando la estructura del festival no estaba consolidada y el trabajo era duro, incluso físicamente”, señala.

Y al dar un paso más, echa mano de la hemeroteca. En concreto de un artículo firmado por Fernando Herrero en El Norte de Castilla que tituló “El ejemplo de un pequeño pueblo”, el mismo año de 1997 en el que arrancó la fiesta teatral en Tierra de Campos.
“Los vecinos de Urones de Castroponce y pueblos aledaños vieron teatro de múltiples formas y estéticas: monólogos, teatro de gestos o mimo, teatro de calle, especial para niños, crítico y festivo, con un remate muy impactante en el que los espectadores y actores formaron un solo espacio en un espectáculo que bebía, con originalidad y personalidad, en las fuentes creadas por un Ronconi, una Arianne Mnouchline, Comediants y La Fura dels Baus, escribió entonces el crítico.

En esta ordenación de mensajes laudatorios, Gómez también cita a José Gabriel López Antuñano que publicó en el ABC una opinión tras este encabezamiento: “Urones, fin de la utopía”, coincidiendo con la inauguración del teatro Corral de Anuncia (2001). En su argumentario, el crítico tras reconocer las dudas iniciales nada más conocer el proyecto de la mano del actor-director, –“me pareció el más difícil todavía de las funciones circenses”–, se entrega a la causa cultural terracampina y aplaude la iniciativa que tendrá dos consecuencias añadidas. “Una, la posibilidad de recuperar una zona con una versión, modesta pero posiblemente eficaz, de turismo cultural; la otra, porque estas actuaciones contribuyen de manera eficaz a fijar la población. El camino recorrido hasta aquí es tan loable como fatigoso: ahora, una vez demostrada cómo la utopía se convierte en realidad, necesitaría esta iniciativa de algún padrino más”.

Alex Rodríguez admite que la intensidad del día a día le impide, en ocasiones, recoger “tantas cosas bellas como escucho”. No obstante, se detiene en dos momentos especiales que sí le vienen a mano. “Uno de ellos ocurrió hace dos años, justamente la víspera de la edición número 23 del festival. Recibo la llamada de una persona muy importante en mi vida para decirme que me deje llevar cada día, que observe las personas que se acercan hasta Urones y así pueda valorar el hermoso trabajo que hago porque todas las personas que acuden al FETAL lo hacen porque le dan un gran valor al trabajo bien hecho”. Es un aviso a su conciencia individual, a no perderse en aspiraciones de altos vuelos, sino “que me agarre a la labor que realizo cada día, a esa construcción con barro y paja como se levanta en cada edición del FETAL”. En resumen, piensa en voz alta Rodríguez, “debemos estar enraizados y pendientes de lo que hacemos y desde dónde lo hacemos”.

El segundo de los testimonios fue el año de la imprevista pandemia, en 2020. “Al finalizar la primera representación que hacíamos en la extensión de Medina de Rioseco”, recuerda, “se acercó Rosa, una vecina de Villavicencio con lágrimas en los ojos y abrazándome me dio las gracias por mantener el festival y porque, según me dijo, echaba mucho de menos ir al teatro. Tras ese efusivo intercambio de palabras nos dimos un enorme abrazo”, mascarilla en ristre.

El pasado verano concluyeron las 2 galerías del teatro. Foto: Raúl Gómez.

CUADRO DÉCIMOSEGUNDO

Urones de Castroponce cuenta con un censo de 108 habitantes y una superficie de 18,61 km² repartidos entre 298 propietarios. Produce cebada, trigo y girasol. Tiene dados de alta 31 tractores, 85 coches y 16 motos. Cuenta con 750 cabezas de ganado lanar. Dispone de 48 casas abiertas y otras 28 son segundas residencias de uso vacacional o estival. En 1997 puso en marcha el Festival de Teatro Alternativo, en 2001 inauguró el teatro Corral de Anuncia y ofrece una programación estable en la red de Circuitos Escénicos que congrega a miles de espectadores de la comarca de Tierra de Campos.

Aunque el alcalde de Urones de Castroponce, Basilio Ignacio Castañeda, se ha encontrado con el motor en marcha, él no lo ha parado, sigue con la llave en el contacto y acelerando. A veces, el cuerpo y la mente le piden más velocidad, pero comprende de mala gana que es una marcha excesiva para la carretera por donde circula, que no puede pasar de 80.

Nacho Castañeda considera que “el Corral de Anuncia es una infraestructura multifuncional: lo mismo puede utilizarse para sensibilizar a la sociedad sobre el problema de la violencia de género como servir de espacio de animación en la fiesta del pueblo o lugar de encuentro entre los habitantes de los 36 pueblos de la Mancomunidad Zona Norte” a la que pertenece la localidad. Es la casa de los paisanos y paisanas de toda la comarca. De ahí, su interés en concienciar a los organismos oficiales, a entidades públicas y privadas para que arrimen el hombro y se pongan el mono de trabajo para contribuir a su puesta en valor.

El regidor se mata por hacer entender a la Junta que una cosa es predicar y otra dar trigo. Y cuando el gobierno regional dice que apoya a FETAL, lo que espera él es “replantear un nuevo convenio más acorde con el gasto general del Festival teniendo en cuenta la alta respuesta del público”. Una aportación, señala, que esté a la altura del acontecimiento.

En esa senda de ampliar horizontes, a las extensiones inauguradas hace más de una década por el Festival para llevar la programación a otros pueblos de la zona, Castañeda quiere ahora explorar nuevas fórmulas para ampliar las audiencias. Se trataría de facilitar “el desplazamiento de los aficionados que no pueden trasladarse por sus propios medios a otros lugares donde hay teatro, a través de una ruta de transporte”. Sería otra manera de dinamizar la vida cultural de estas poblaciones.

Mientras el intendente de Urones encuentra la vía adecuada para aumentar recursos que sirvan como reclamo cultural y turístico para dinamizar Tierra de Campos, da también vueltas a su plan para que FETAL se convierta en “un Festival de la provincia, mantenido por la propia Diputación, como ocurre con el Museo del Pan de Mayorga”.

Donde cree que el acuerdo está cercano es en la negociación con la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) al objeto de que los décimos de lotería recojan el nombre y la hazaña de FETAL y de ese modo sea conocido en todos los rincones de la geografía española.

Después de tres años de gestiones, Nacho Castañeda pone en la lista de nuevos proyectos la rehabilitación de una inmueble destinado a Casa de Arte, Ocio, Cultura y Lugar de Encuentro. Sus instalaciones serán la futura sede del festival desbancando al Corral de Anuncia, base natural de operaciones hasta ahora. El ayuntamiento establecerá dos museos en este espacio: uno etnográfico (en el patio exterior) y otro de teatro (interior) dedicado a FETAL, además de zonas para el uso y actividades de los vecinos. Albergará también un lugar para residencias artísticas y dispondrá de un área para la realización de talleres.

Escultura “El Busto” de Vicente Pérez Alejos. Foto: Inés Rodríguez.

CUADRO DÉCIMO TERCERO

En la primera fila de la platea del Corral de Anuncia aparece una butaca vacía. Está destinada al representante de la Junta. Nadie ha llamado para reservarla, pero los organizadores del Festival no pierden la esperanza de que algún día un alto cargo decida ocuparla por decisión propia. En 25 años solo dos altos cargos del gobierno regional –Alberto Gutiérrez Alberca y Raúl Fernández Sobrino– asistieron a esta singular cita con las tablas.

En las diez primeras ediciones de FETAL, conseguir apoyo económico de las administraciones resultó ser un intrincado reto solventado a base de robar horas al sueño y entregar arrobas de dedicación a destajo por parte de su creador, Raúl Gómez.

Diputación, Junta y Ministerio de Cultura no se sentían aludidos. Las cosas empezaron a cambiar en los despachos de la Diputación con la concesión al festival del premio a la Programación más Innovadora de España por parte de la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca en 2007.

Este aldabonazo alertó al organismo provincial de que algo importante se cocía en Urones como para prestarle más atención. A partir de ese instante, la Diputación de Valladolid, consciente de su alcance, fue comprometiéndose cada día más con el certamen hasta alcanzar los 25.000€ actuales que puede considerarse un razonable ejemplo de acción política en favor de las gentes del medio rural.

Tampoco el Ministerio de Cultura se ha tomado excesivamente en serio este suceso cultural, extraordinario, que cada verano se presenta en los escenarios de Tierra de Campos. Ha habido altibajos y su aportación deja dudas sobre sus obligaciones públicas.

Pero a la vista del respaldo económico de unos y otros, el gran cráter se encuentra sobre el tejado de la Junta. Los bandazos del desafecto gobierno regional con este Festival le dejan en mal lugar: contradicciones y falta de implicación con un territorio desasistido de entusiasmos culturales.

Los responsables del Ejecutivo castellanoyleonés escriben textos esperanzadores como que el compromiso de la Administración Autonómica con las artes escénicas y musicales se manifiesta en la colaboración con diversos festivales de artes escénicas regionales como Titirimundi y el Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (FETAL). Pero no es la realidad, amigo Sancho.

Es más, el último titular de Cultura del gobierno regional, Javier Ortega Álvarez, dejó constancia en sus planes de que “dentro del compromiso de acercamiento de la cultura a todos los rincones de la Comunidad, desde la Consejería se ofrece una destacada programación cultural en el medio rural…”. Fantasías. Y por si fuera poco, sacan pecho con el informe del Observatorio de la Cultura 2020 que sitúa a Castilla y León en los primeros puestos a nivel nacional. Las cifran cantan, sin embargo, y que la Junta dedique al Festival de Urones un año, 4.000 euros; otro, 6.000; uno, 10.000; el siguiente, 1.200; a veces, 12.000… En la última edición, 8.433,57 euros, lo que traducido a porcentajes significa que el 39% del presupuesto de los 2021 correspondió a la Diputación; el 16% fue del Ministerio de Cultura y la aportación de la Junta quedó helada en el 13%. Simplemente, una tomadura de pelo. Se trata de un presupuesto tacaño, con ribetes cómicos si no se tratase de una obviedad profundamente turbadora.

Cerrar cada edición de FETAL suele ser una montaña rusa con altas cotas de desasosiego. Porque los responsables de Cultura no suelen dar la cara y hasta última hora no confirman el dinero con que cuenta el festival: hablamos de mayo, junio y, a veces, incluso julio cuando la celebración del festival es inminente, en agosto. Tan corto espacio de tiempo obliga a hacer malabarismos al ayuntamiento y al equipo de dirección del Festival, de tal manera que les resulta imposible realizar una labor verdaderamente profesional.

A la vista de esta forma de actuar, a la Junta que gobierna Castilla y León de poco le sirve que el Estatuto de Autonomía recoja que los castellanos y leoneses tienen derecho a acceder a la cultura o que es necesario atraer población articulando medidas de carácter institucional.

Esos vaivenes con FETAL, impropios de la máxima institución de la Comunidad, parece que obedecen a que sus responsables no se creen las propias normas que ellos mismos aprueban en Las Cortes. Porque mientras en la sede del pueblo se dice que se garantiza la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos en el acceso a la cultura, esa proclama no se hace efectiva en Tierra de Campos, ni de lejos.

El Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce nace en un pueblo alejado de los circuitos culturales, una localidad que es capaz de construir un teatro que da vida y acompaña a los ciudadanos de la comarca. Un pequeño núcleo que presta un servicio público impagable a los habitantes de la zona, que corrige desequilibrios territoriales, cohesiona y ofrece posibilidades de desarrollo que no atienden los responsables públicos.

Y es que la vida en esta comarca, como en otras, no se reduce únicamente a la actividad agraria. Sus ciudadanos necesitan participar en la cultura como elemento que une a la gente, señal inequívoca de tolerancia, aumento de autoestima, salud, mejora de la calidad de vida y ayuda al bienestar general de las personas y de las comunidades.

El teatro y la cultura integran a las gentes y municipios de la comarca sacándolos de su aislamiento. A la luz de la razón no se entiende cómo el gobierno regional solo conceda al festival -tarde y a regañadientes-, unas migajas de su presupuesto por el sobresaliente esfuerzo que realiza Urones, año tras año. Y eso sin entrar a escudriñar los habituales sermones sobre la España vaciada. O ¿practica la propaganda?

Quizá la explicación a este desconcierto la encontremos en el mismo organigrama de la Junta, estos días de vorágine electoral, donde al mostrar los nombres de los titulares de las consejerías, en la de Cultura y Turismo, han colocado esta palabra: “vacante”, y a continuación señalan, “asume funciones la consejera de Educación”. ¿No será que la actividad de la Junta en relación con FETAL lleva 25 años ausente?

El siguiente mensaje viene a cuento de esta lectura. Hace más de una década, parece que fue ayer, espontáneos de la zona sembraron de letreros reivindicativos los carteles de algunos pueblos de la zona –de Becilla a Valderas, con parada en Urones– reclamando el arreglo de las carreteras. Aparecieron varias misivas y una de ellas rezaba: “Los que vivimos en esta comarca tenemos los mismos derechos que los de la capital. ¡Señores de la Junta!, nos echan de nuestros pueblos”.

Alex Rodríguez considera que las administraciones de gestión directa –Ayuntamiento y Diputación– sí “se han ocupado, implicado y responsabilizado” de FETAL. “Nos sentimos apoyados”, asegura. Nos previene, sin embargo, frente a la administración regional, legislatura tras legislatura. Admite que en esta que acaba de terminar ha sentido “más apertura”, le han escuchado más y ha habido “soluciones reales”. Sus estructuras, acepta, no obstante, se encuentran estancadas, pese a tener transferidas las competencias de cultura desde 1994.

Su propuesta es que la Junta “debería trabajar por vertebrar mejor la región con las delegaciones provinciales y no por un control geopolítico desde las consejerías que viven un poco al margen de la realidad y de las necesidades territoriales”. Para él, la Junta “tendría que pegarse más al músculo cultural, humano y creativo existente y resistente en cada punto de la región”.

Cuando a Raúl Gómez le preguntamos qué le pide a las administraciones en relación con FETAL, su receta es simple: “que se dejen de hipocresía y digan la verdad, no solo en lo que respecta al Festival, sino también en lo que tiene que ver con la política: que nos digan qué quieren hacer con los pueblos”. Que cumplan la Constitución y que garanticen el derecho de los ciudadanos a vivir en el medio rural, señala también.

El que fuera creador de este encuentro escénico de Urones está cansado de que “vengan a pedirnos nuestro disputado voto cada 4 años y que luego hagan promesas que no cumplen”. Aspira igualmente a que los responsables públicos “no tengan tanta amnesia: cada administración no va a inventar la historia de la cultura cada 4 años”.

Reconoce que, a lo largo de su trayectoria, ha visto pasar a “unos cuantos consejeros, diputados de cultura, directores o subdirectores generales…”, y le agota que cada año tenga “que demostrarles, de nuevo, la calidad y validez de los proyectos que tenemos en marcha”. Concluye con el deseo de que las administraciones consoliden “un compromiso real y definitivo con un Festival de Teatro Alternativo que hace posible el derecho de los ciudadanos y ciudadanas al acceso a la cultura en el medio rural”.

Inauguración del mural en la fachada del Corral de Anuncia. Foto: Gerardo Sanz.

CUADRO DÉCIMOCUARTO

Alex Rodríguez y Raúl Gómez entran con largas túnicas en el anfiteatro natural de Los Almendros. Es el espacio que inauguraron a mediados de los 90 provocadores actores y actrices con “Lisístrata” de Aristófanes. Esparta contra Atenas y la abstinencia sexual de las mujeres –huelga de amor– como plan de choque contra sus maridos para acabar con las guerras. “Provocación y denuncia, en una mezcla constante entre el amor y la violencia, el poder y el juego, lo mágico y lo grotesco, que los combates entre hombres y mujeres, entre ciudades o países vecinos, entre seres humanos en definitiva, siguen siendo hoy, como hace XXV siglos, igual de absurdos y gratuitos”. Así lo dejó escrito el llorado Ricardo Vicente, director del espectáculo.

¿Los ciudadanos de Urones son hoy más o menos libres que hace 25 años? El “ateniense” Gómez precisa: son igualmente libres. Únicamente que “el teatro y la cultura, ofrecidos desde el Festival, han sido una vacuna que amplía nuestras defensas contra el populismo y la ceremonia de la confusión que nos rodea”.

El teatro es una escuela tanto para el espectador como para los organizadores. Partiendo de la base de que “es muy importante saber que trabajas para un territorio y un paisanaje que confía en ti”, señala el “espartano” Rodríguez, “las creaciones artísticas vienen cargadas de procesos, ensayos, errores, aciertos y todo un mundo construido por cada compañía”.

Estos equipos artísticos “vienen cargados de enseñanzas internas porque, en unos casos, desarrollan una nueva técnica en el manejo de hilos, por ejemplo, o, en otros, introducen nuevos pasos de danza en su forma de bailar…”. Por eso, dice,“valoro las aportaciones de cada espectáculo pensando tanto en la compañía como en la persona expectante porque, de algún modo, forma parte de mi propuesta como responsable de programación: compartir los procesos creativos con los públicos que descubrirán nuevos recursos escénicos y creativos”, matiza Alex Rodríguez.

Los primeros pasos en la puesta en marcha del Festival estuvieron llenos de incertidumbre, obviamente. La principal: “cuál iba a ser la reacción del público al programar en menos de un mes, 7 compañías de teatro, un concierto de música clásica y un grupo de danza”, recuerda Raúl Gómez. Propuestas a las que había que sumar exposiciones de pintura, escultura, grabados, un certamen literario, y una mesa redonda sobre “Teatro Alternativo y Arte contemporáneo”.

Venía a ser un “empacho cultural” en la historia de Urones con el añadido de que iban a concentrarse iniciativas de carácter contemporáneo y alternativo. Y, ¿cómo fue la reacción de la gente del pueblo? “Excelente”, confiesa ahora el mentor del arriesgado proyecto teatral. En la segunda edición, 1998, solo se pudieron programar cinco compañías, un concierto y dos exposiciones. Fue un momento crítico, nada más brotar, pero la respuesta de los aficionados resultó favorable, de nuevo.

Tras esas dos ediciones, la moral está al alza. Se amplía la programación y participan compañías de referencia del ámbito nacional como Teatro Paraíso y la Cuarta Pared. FETAL empieza a asentarse. Con esa acogida, nace el primer proyecto de campanillas: la construcción del Corral de Anuncia, futura sede del Festival.

En su trayectoria, una pregunta sobrevuela los campos castellanos: ¿El número de espectadores que asisten a una función o al conjunto de las representaciones en un Festival como FETAL es el termómetro que debe medir la aceptación popular? “En absoluto”, cierra filas Alex Rodríguez. Y amplía su relato: “no es válido para una ciudad y mucho menos en el medio rural”, sentencia.

“Yo trabajo y me ocupo de gestionar dinero público destinado al paisanaje con todo el valor creativo que pueda aportar por mi parte”, comenta. “En el medio rural y mucho más en Castilla y León por su configuración geográfica y por tratarse estadísticamente de personas de edad avanzada, lo que nos debe preocupar a los gestores es atender a los ciudadanos que viven en su entorno, gestionar bien los recursos y hacer que estos lleguen a sus poblaciones igual que pasaría en el medio urbano”.

Rodríguez arriesga en sus vaticinios y pone sobre la mesa su tesis: “Mi tarea nunca debe ser preocuparme por que los espectadores llenen la sala ni tampoco, por supuesto, buscar menor audiencia, lógicamente. En mi opinión la pregunta debe ser: ¿cuál es el precio público razonable que debemos invertir en el medio rural para realizar las actividades que nos han encomendado? He vivido en ciudades medias de 100.000 habitantes y en ocasiones, al acudir al teatro, me he encontrado con menos público del que hay un día de programación en el FETAL”, denuncia. “Mi vara de medir para comprobar la temperatura teatral es muy sencilla: abrir Corral de Anuncia y luego que pasen los aficionados que lo deseen”.

En el caso de Raúl Gómez, la respuesta inicial a si el número de asistentes a una función teatral es determinante para valorar su aprecio es: “depende”. A continuación presenta su alegato. “Muchas veces técnicos y políticos de administraciones superiores miden los datos de público, como se calculan las cifras de los pacientes en la sanidad del medio rural o los habitantes y usuarios de carreteras y servicios de telecomunicaciones para justificar o no las posibles inversiones y su rentabilidad económica”, explica. Y reafirma sus argumentos: “se pasan por el forro, perdón por la expresión, la Constitución Española que debe garantizar el derecho al acceso a la sanidad, a la educación, a las comunicaciones, a la cultura…”

Si se parte de la idea de que los ciudadanos del medio rural tienen derecho a vivir en el campo con las mismas oportunidades que los habitantes de las ciudades, “los números de espectadores en los pueblos, en términos porcentuales, echan por tierra cualquier dato de los mejores teatros urbanos”, advierte.

“Urones tenía, según el censo de 2018, 102 habitantes. Una función normal en invierno en los Circuitos Escénicos del Corral de Anuncia puede reunir a 40 espectadores el día de menor afluencia de público. Es decir, el 40% de la población de Urones acudiría al teatro”. ¿Qué ocurre en la ciudad de Valladolid?

De acuerdo al censo de 2018, el padrón de Valladolid sumaba 298.000 habitantes y para que “la capital llegara a reunir al 40% de espectadores en una obra tendría que recibir a 119.000 personas en una sola función”.

Con los números de FETAL pasaría lo mismo, argumenta el actor y director. Los asistentes a las representaciones, en términos absolutos no son abrumadores frente a otros festivales de núcleos urbanos, pero “en porcentaje siempre saldremos ganando”.

Sin duda, asume convencido, el éxito de un Festival como FETAL en el medio rural es otro: “Mantener vivos los pueblos. Yo estaría encantado de hacer un festival para el Sr. Cayo y sus dos vecinos”.

Llegados a ese punto es oportuno plantearse qué caminos elegirá el Festival de cara a los próximos años. ”Un equilibrio entre los procesos creativos y la pura exhibición”, propone Alex Rodríguez. En su opinión, se trataría de “dar espacio y valor a las creaciones no finalizadas que necesitan de mostrar el proceso y tras esa reflexión volver a los ensayos para continuar creando”.

Es consciente de que “las residencias creativas que se realizan en las últimas ediciones del FETAL van a contracorriente con el mercado establecido de las artes escénicas donde prima poder rellenar unas fechas y ver una representación”.

Reconoce que, en ocasiones, “las compañías entran en ese círculo con demasiada ligereza sin que esté cerrada la propuesta creativa porque lo que realmente prevalece es sacar el bolo adelante e ingresar el caché de la representación lo antes posible”. En esa línea, “El FETAL debe estar atento a las producciones que necesitan de un escaparate como el nuestro para mostrar procesos creativos. Eso el público de nuestro Festival lo está viviendo de forma positiva”.

Los raíles por los que, a juicio de Raúl Gómez, deben circular las programaciones del Festival de Urones pensando en sus bodas de oro son “los mismos por los que ha caminado hasta hoy: buscar un equilibrio entre las nuevas y las compañías consolidadas”. Y la segunda premisa, teniendo en cuenta los tiempos que corren, “más presencia de compañías de la propia Comunidad Autónoma”.

Mural “El hilo de los sueños” en el polideportivo. Foto: Alex Rodríguez.

CUADRO DÉCIMOQUINTO

Me invitan a escribir unas líneas sobre qué queda de FETAL después de 25 años. Agradezco el detalle y me pongo a ello desde dos perspectivas, la de la memoria y la de la ilusión.

Es el testimonio de Marga Fernández Paniagua, nacida en Urones, que se gana la vida fuera del lugar donde creció y no se pierde el Festival, salvo causa de fuerza mayor. “Me emociono recordando lo que nos trajo el nacimiento del Festival en este recóndito lugar donde no había ninguna manifestación pública de cultura. De repente, se vio invadido por un sinfín de propuestas de grandes profesionales, de todos los ámbitos de las artes, que mostraban sus trabajos como lo harían en los escenarios más prestigiosos”.

Marga da vueltas a la noria de sus recuerdos y encuentra algunos momentos irrepetibles. “A lo largo de estos años he visto espectáculos de compañías que resultaba inimaginable que representasen en Urones, e incluso pre-estrenaban aquí para irse después a otros festivales de referencia nacional”. Son regalos que se desprenden del vaso del recuerdo transparente que deja el poso de FETAL.

Para esta empleada pública, sigue vivo el sueño con el que ha vivido esta experiencia escénica y se agarra “a la esperanza de ver qué nos traerá una nueva edición, qué se sacará el director de la chistera para programar nuevas iniciativas que vuelvan a sorprendernos cuando ya se nos ha mostrado tanto, que consigan conmovernos, y que sintamos emociones aletargadas en nuestro día a día de la vida del pueblo”.

Tras esta introducción emocional por Urones y su Festival, te damos un paseo sosegado por las calles del pueblo. Una caminata que nos permita fijarnos en las huellas que ha dejado todo este tiempo de cultura con mayúsculas. La tranquila existencia de los habitantes de esta pequeña población vestida de adobe y piedra no es la misma desde finales del siglo pasado.

Nada más divisar el núcleo urbano, lo primero que te sorprende es “El busto”, la callada escultura de Vicente Pérez Alejos que vigila desde la discreción las entradas y salidas de los camerinos de los diferentes escenarios que llenan la localidad.

Al recorrer a pie las calles de Urones, nos topamos con el mural que rodea el polideportivo pintado por Zelia González y Manuel Prados con la participación colectiva de numerosos habitantes. Bajo el nombre de “El hilo de los sueños”, las imaginativas pinturas se extienden a lo largo de 35 metros de largo por 2 de ancho. En esta tira imaginaria ha quedado grabada también una de las lecciones de vida del cantante y compositor Pau Donés: “Y en fin, que a la vida le demos calidad, porque belleza sobra”.

El itinerario elegido nos lleva hasta el alojamiento de turismo rural en cuyas instalaciones se alojan los artistas que vienen a actuar al Festival o que establecen su residencia durante unos días mientras crean y terminan de explorar sus obras antes de mostrarlas al público. Es otro de los edificios públicos que se han unido al censo de espacios, herencia de FETAL.

Giramos a la derecha y ahí está, modesto pero trascendente, el Corral de Anuncia. La joya de la corona. Sobrecoge que una localidad, quieta y en miniatura como una acequia de aguas calmas, sea capaz de agitar las conciencias desde un escenario levantado a base de orgullo y decisión. Antes de entrar nos detenemos en el mural “Mujeres que vuelan y florecen”, creado por Elena Mostoenvena e Iracema, poesía que reivindica la vida, el género y la pasión. Mientras subimos las escaleras de este corral de comedias del siglo XXI, nuestra vista recorre el patio de butacas, las recién estrenadas galerías y, al fondo, las señeras tablas que tantas tardes han sembrado de aplausos y gozo a los aficionados.

Nos sentamos en las butacas de este templo contemporáneo y nos detenemos en el potencial que carga en la mochila el Festival de Teatro Alternativo de Urones. Invertir en cultura es hacerlo en futuro. Sus organizadores han percibido que el teatro y las actividades paralelas que ofrece en agosto -y también a lo largo del año en la red de Circuitos Escénicos– es una fuente de riqueza y de retorno económico para la población y la comarca en un tranvía que se llama turismo cultural y de ocio.

Y es que FETAL ya no es “una simpática iniciativa cultural” como bautizaba superficialmente algún cronista al comienzo de su andadura, hoy se ha convertido en un monumento a las artes escénicas y un ritual que forma parte de la vida de las gentes de Tierra de Campos.

(Las cigüeñas vuelan en círculo alrededor de sus nidos y las campanas de torres de iglesias y espadañas de Tierra de Campos tañen al oscurecer)

Telón.

FIN de “FETAL 25 AÑOS”

Vista general de la Casa de Arte. Autores: J. Rodríguez y A. Jiménez.

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