«Diccionaria una»: un corpus léxico para nombrar el mundo en femenino

Diccionaria una
Asociación Genialogías
Ed. Tigres de papel, Madrid 2021

La asociación feminista Genialogías, formada por más de 60 mujeres poetas, lanzó en 2017 un audaz proyecto para nombrar algunas de las realidades sin nombre que viven muchas mujeres. El resultado es «Diccionaria una», un nuevo glosario con 181 palabras, algunas nuevas y otras que “re-definen» conceptos siempre a partir de la visión de las mujeres y de su necesidad de reapropiación del lenguaje. La escritora y poeta María Ángeles Maeso (Valdanzo, Soria, 1955) reseña este libro creativo y singular:

Por MARÍA ÁNGELES MAESO

Diccionaria se presenta así: “Recolección y siembra de palabras con que las mujeres nombran sentimientos, experiencias y saberes silenciados o no expresados antes de forma satisfactoria para ellas” y nos entrega un puñado de palabras para nombrar el mundo en femenino. Diccionaria no ha nacido a tontas y a locas ni de la noche a la mañana, viene de la propuesta lanzada en un encuentro de la asociación Genialogías, en 2017 y de una frase: “Mi mundo está lleno de cosas que no tienen nombre”, que se expandió en ondas como la piedrecita que Gianni Rodari lanzara al estanque. A partir de ahí, iniciaron un trabajo colectivo para revisar qué palabras de uso contribuyen a mostrar o a ocultar realidades que importan a las mujeres. La apuesta fue la elaboración de este corpus léxico desenfadado, levantado, onda por onda, en femenino. Las autoras manifiestan que “quedan por nombrar, para hacerse presentes, muchos huecos y diversidades”, muchas palabras por nacer y muchas a las que incorporar nuevos significados, porque la lengua es un organismo vivo, que da cuenta de los diversos modos de ver el mundo.

Nos echamos al agua de cabeza con Adamar, palabra, que conocemos por el Cántico espiritual, de Juan de la Cruz, que fue quien la desenterró y quien nos aclaró su significado: Es mucho amar; es más que amar simplemente; es como amar duplicadamente. El DRAE nos dice que sus significados, tanto en uso escaso como ya en desuso, son: Cortejar, requebrar; amar con vehemencia y añade el uso pronominal: enamorarse de alguien o de algo. Sin embargo, esta Diccionaria incorpora el término muy ingeniosamente con valor reflexivo y lo define como sigue: Vivir activamente la espiritualidad, mujeres y hombres, de acuerdo con las propias necesidades y deseos fuera del patriarcado, con la misma libertad con que podría vivirse la sexualidad.

Es de suponer que muchos de los neologismos aquí propuestos se abrirán camino por razones de economía lingüística, como la palabra amaternar: cuidar y nutrir a tu bebé, parido por tu compañera; en otros prevalece la poética del ingenio que, ante la pregunta: ¿Cómo llamar al amigo que ha crecido junto a ti ofreciendo resistencia al patriarcado?, responde: Damado, no Domado. Y si no sabemos qué nombre dar a la que todo el mundo acude en momentos de apuro, buscando consuelo y apoyo, Diccionaria nos remite al bello neologismo, Balsarrama. El uso de la palabra cabra, lanzada como una piedra, para señalar y castigar a la mujer libre, es tan viejo como el mundo. Carmen Laforet lo recoge como insulto que llega hasta hoy: Tú misma madre ha sido siempre una cabra loca, para que te enteres, y andaba en amores con José… (La isla y los demonios, 1952) Pero la mujer cabra ya no será la alocada y de ligera conducta que se echa al monte, porque Diccionaria la define así: Muchacha que, dueña de un espíritu libre, gusta de subir a los árboles, saltar vallados y participar en los juegos y las actividades consideradas de chicos, ignorando así costumbres y prejuicios locales.

La palabra clave en esta historia es genialogía, este nombre designa un lugar imaginario donde se preserva del olvido lo que una generación de mujeres ha aportado a la literatura, para cuidarlo y traspasarlo a la generación siguiente… Algo que, de momento, no sucede. Entretanto el ingenio para designar lo que carecía de nombre queda sobradamente demostrado: De ahí que palabras como hermanario, hermosoridad, insendable, femirada, liverdad, patriascazo y tantos otros neologismos tengan justificada su presencia en este corpus de Diccionaria, de tan cercano parentesco con la greguería. De esa raíz, la desafiante fuerza con la que muestra su libertad, su poética del ingenio y su audacia expresiva. Pero nada aquí tiene que ver con una concepción ecléctica de la literatura como juego verbal y mucho menos con el escepticismo radical de la greguería. Aquí hay audacia expresiva cargada por la gravedad del patriascazo: Palabra escuchada en las calles como un clamor; hay denuncia y hay propuestas para que una Lázara no sea una muerta, sino la mujer que se levanta y anda porque le da la gana.

En esta Diccionaria hay un valioso traspaso de otros modos de ver y nombrar el mundo que, en algunos casos, viene desde muy atrás. Digo esto porque mi hermana y yo nos desesperábamos leyendo las recetas de la madre cuando, al lado de algunos ingredientes, veíamos anotado por ella: Loquetepida. El mismo que acabo de encontrarme en Diccionaria definido así: Medida infinitamente precisa de cantidad o tiempo que transmiten las mujeres a quienes quieren aprender sus recetas. Se aplica en el ámbito culinario y en otras artes de la vida.

Recomiendo releerlo con luzhura desde atrás, sonriendo ante el acrónimo: No Omitas Mujeres Busca Representaciones Adecuadas: Nombra. Y regresar en zigzag.

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