David Crosby, memoria de una época en la que importaba la música, no el famoseo

David Crosby, uno de los últimos de una época en que lo que importaba era la música, no la propaganda escandalosa.

Por CARLOS DEL RIEGO

Acaba de fallecer otro de los históricos del rock clásico, David Crosby. Van cayendo los que se iban inventando el rock & roll hace no menos de sesenta años. Crosby estuvo en el lugar oportuno en aquel momento irrepetible, cuando todo estaba surgiendo y, por encima de todo, lo que contaba, lo que era apreciado era el talento, y él lo tenía por toneladas, ya fuera como compositor o como cantante, pero siempre yendo un paso más allá.

Es conocido por todos los que tienen interés por este negocio que David Crosby formó parte de los seminales The Byrds y luego del primer supergrupo estadounidense, Crosby, Stills & Nash (luego & Young); también se sabe que siempre aportó canciones excelentes, que era un grande a la hora de diseñar armonías vocales, que estuvo décadas consumiendo cocaína, marihuana, LSD, alcohol… Trasplante de hígado, diabetes, hepatitis, infartos, cirugías cardiovasculares y 81 años fueron, en conjunto, la causa de su muerte.

David Crosby brilló en una época en la que lo más valorado era el talento, la capacidad para idear música y canciones que emocionaran al público, que movieran, que provocaran sentimientos. Pero esa época parece haber pasado. Hoy, a diferencia de entonces, quienes más venden no son los que hacen mejores canciones, sino los más famosos, los que están siempre dando la nota en las redes sociales, los que airean a voz en grito sus problemas sentimentales, sus cambios de pareja y sus traiciones, los que hacen alarde de dinero, lujo, sexo, despilfarro… Ya no importa la música sino la exposición pública. Ya no se consiguen éxitos y grandes cifras de ventas en función de la calidad artística sino de lo mucho o poco que se sale en las pantallas y mensajes. Actualmente da igual el ingenio que demuestren letra y música puesto que el gran público sólo hará caso al más famoso, al que más salga en los medios y redes, al más ruidoso y escandaloso.

David Crosby pertenecía a aquella época en la que los músicos (los artistas en general) se estrujaban el cerebro para escribir y cantar buenas canciones, y lo lograban, como demuestra el hecho de que aquellas melodías perduran. Hoy  sólo preocupa figurar, sólo vende salir y dar que hablar, ser el ‘prota’ para bien o para mal ante el foco y la cámara. Crosby dejó maravillas impagables, de esas que siempre sientan bien, como la deliciosa ‘Guinevere’; la autoafirmativa ‘Almost cut my hair’, en la que cuenta cómo estuvo a punto de dejarlo todo, de cortarse el pelo y hacer vida ‘normal’, aunque finalmente se mantuvo en su vida de músico de rock (al parecer fue la muerte en accidente de su novia la que le hizo planteárselo); o la irresistible ‘Long time gone’ con esas guitarras y esas armonías vocales, escrita a raíz de los asesinatos de John Kennedy o Martin Luther King; o la pacifista ‘Wooden ships’ (Barcos de madera).  

David Crosby podría haber dado lecciones de escándalo y exposición pública: mujeres, drogas, armas de fuego, cárcel… Él nunca usó eso como propaganda para vender más, sólo le preocupaba hacer buena música. Y lo consiguió.

Visita el blog de Carlos del Riego.   

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