
Pintar es una forma de mirar y de mantener a raya al cerebro. Atreverse a levantar cientos y cientos de carteles, de contenido muchas veces social, es estar hecho de otra pasta. Pero meterse en el mono de trabajo de la demanda/sugerencia/exigencia de un millar de colectivos, asociaciones u organizaciones que te imploran que les eches una mano para cambiar el rumbo de las cosas, eso lo puedes intentar si te llamas Manuel Sierra. Una exposición de carteles del artista leonés en el edificio de Chancillería de Valladolid nos acerca a su figura, a su pensamiento y a la calle.
El combate del centauro de Manuel Sierra, puede visitarse, hasta el 30 de septiembre de 2023, en la sala de exposiciones del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (C/Chancillería, 4). Horario: Martes a domingo: 11-14 y 17-20 horas.
Por ISAAC MACHO
Fotografías: JUAN A. BERZAL
Los alrededor de mil carteles, se dice pronto, que Manuel Sierra habrá producido a lo largo de su trayectoria artística, si por algo se caracterizan es por “tomar el pulso a la sociedad”, según sus propias palabras. Este voluminoso trabajo se ha llevado a cabo, casi siempre, a petición de colectivos o iniciativas sociales que se preocupan por buscar la transformación social. También figuran en este vasto mapa de carteles muchos ejemplos que no guardan relación alguna con las cuestiones sociales como pudieran ser la convocatoria de fiestas populares, el deporte, las mascaradas o los carnavales.
Es una manera de devolver a la sociedad “los lamentos o preocupaciones” que marcan la existencia de los seres humanos y que, en unos casos, son “laudatorios”; en otros, a modo de “recordatorios” o, simplemente, de “repulsa”, apunta su autor.
Teatro, cine, fiestas, música, “sindicatos rojos” del campo o sindicalismo de clase, agitación social, enseñanza, sanidad, represión, ecología, solidaridad, colectivos concretos de desfavorecidos, en riesgo de exclusión social o contra el olvido, temas de maltrato, libros, editoriales, lucha vecinal, librerías o ferias son algunos de los motivos y diseños de la cartelería de Sierra.

“Mi compromiso con las cuestiones sociales viene de lejos porque mis padres nos inculcaron ya de pequeños, tanto a mis hermanos como a mí, esta preocupación por los contenidos de ámbito comunitario, pero para mí también fue decisiva la entrada en la Universidad”, señala el artista leonés.
Menciona, a propósito, que además de la marcha habitual de la actividad académica, su pronta adscripción al departamento de actividades culturales del campus vallisoletano le permitió entrar en contacto con los planteamientos de izquierdas y también “escuchar todo lo que se movía” entre aquellas paredes, un auténtico “hervidero político”.
“No seas náufrago…”
En la exposición El combate del Centauro que reúne a 208 carteles en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, promovida por el sindicato Comisiones Obreras de Castilla y León, con motivo del su 45 aniversario, no aparece, sin embargo, el primer cartel editado de Manuel Sierra. Se trataba de llamar la atención a los posibles alumnos en una academia de idiomas en la calle López Gómez de Valladolid, cuyo propietario era Alfonso y cuya edición correspondió a la imprenta Manolete. El eslogan, dice su creador, advertía a los futuros aspirantes: “No seas un náufrago, aprende idiomas…”
La vigencia del régimen de la dictadura, todavía en los últimos coletazos del franquismo, hizo que Manuel Sierra se implicara en la lucha sindical en el llamado Proceso 1001. A finales de junio de 1972 fue detenida la mayor parte de la cúpula de los dirigentes de Comisiones Obreras por los agentes de la temida Brigada Político Social. Esa detención terminó con un mediático proceso judicial y el posterior encarcelamiento de toda la dirección en la cárcel de Carabanchel. El estudiante y joven cartelista, Manuel Sierra, diseñó y editó un grabado con ese motivo reivindicando la libertad de los detenidos y también para lograr fondos con destino a los abogados de los procesados.
La tendencia del creador leonés por defender “causas perdidas” le ha llevado con frecuencia a participar en cuantas acciones se encaminaban a ayudar a los sindicatos que asisten económicamente a los afiliados en dificultades ya sea por huelga, represalias, sanciones u otro tipo de errores profesionales. De ahí sus carteles que recorrieron todo el país para apoyar las cajas de resistencia, una de cuyas ilustraciones figura igualmente en esta muestra.

Una de las batallas que Sierra atendía a la hora de lanzar un nuevo cartel era que el procedimiento para concebir y ejecutar estos diseños tuvieran un precio asequible. Para ello ha tenido presente que los útiles de trabajo partieran de esas premisas: apostar por ideas claras, rotundas, partiendo de herramientas cercanas como son el corazón y las manos, sin perder de vista materiales eficientes como la tinta, los lápices de colores o la técnica artística del collage, “de corta y pega”.
Con este fondo, han podido estar presentes en la calle campañas contra la OTAN, contra el desfile de las Fuerzas Armadas celebrado en Valladolid en 1984, algunos de los carteles nacionales de la CNT frente al poder de la banca, la policía y la iglesia o las reivindicaciones pacifistas opuestas a la guerra de Irak.

Ante todo, efectividad
Característica fundamental de un cartel, apunta Sierra, es su brevedad. “El cartel es una herramienta de difusión de un deseo colectivo, muy perentorio y circunscrito a una realidad en el tiempo. Es decir, que la vida de los carteles es muy corta, convocan a un acto o a una acción en una fecha muy concreta para llevarla a cabo en un momento muy definido. Estos productos son una obra finita, caduca y, por lo tanto, muy circunscrita a la realidad, mucho más que un cuadro”, matiza. “A la hora de confeccionar un cartel”, concreta, “me interesa mucho más la efectividad de la proclama que la pura innovación”.
Porque “un cuadro puede estar circunscrito a la realidad, pero se construye en el marco de un espacio aislado, en la línea de un mecanismo subjetivo”, indica este artista. “Pintar un cuadro surge de un capricho personal, de una escucha que tienes sobre tu discurso íntimo con respecto a la realidad, con respecto a un sueño, a un ideal, a las alegrías o a las frustraciones. Sin embargo, el cartel es todo lo contrario. No puedes aislarte a la hora de plantearlo, tienes que estar oyéndolo todo, recabando información y si no la consigues, de primera mano, tu obligación es buscarla. El cartelista ideal, que no digo que yo lo sea, tiene que estar conectado con la realidad de la que va a hablar. Difícilmente, puedes encargar un cartel comprometidísimo a una agencia de publicidad porque, aparte de que no tendrás dinero para pagarlo, no sueles recurrir a estas empresas ya que ellos no tienen por qué conocer el intríngulis del quehacer político y social de las calles”.

Cuestión aparte es dominar las particularidades que debe contener un buen cartel. Cuando las organizaciones que están en la pelea social por un mundo más justo y mejor te encargan un cartel, lo que te piden es que armes las imágenes de la mejor forma posible para lanzar el mensaje que quieren lanzar. Si, al final, ese mensaje es aceptado por quien te lo encargó, y comprendido por la sociedad, entonces el cartel es acertado”.
Pero no siempre es así, reconoce Manuel Sierra. A veces, por prisas; con frecuencia, por cansancio; en ocasiones, por falta de inspiración. Si no procesas lo suficiente y no logras conectar con la idea central del colectivo demandante, entonces, admite este pintor, estamos hablando de “un cartel fallido”.

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