Mestre: “Los poetas no queman bosques”

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Versos en Nogarejas (León):
un bálsamo sobre las cenizas de lo ardido
~

Por ELOÍSA OTERO

©Fotografías de:
AMANDO CASADO (en la Casa de Cultura, blanco y negro),
MARI LUZ DOMÍNGUEZ (incendio),
KOKOTERA (retratos)
y MURCIEGO (pinares calcinados)

En Nogarejas los pinos han dejado de llorar lágrimas transparentes y pegajosas de resina. Quienes lloran ahora son sus casi 300 habitantes, aunque las suyas son lágrimas de desesperación e impotencia ante sus pinares y bosques devastados. Sin embargo, en medio del desastre, los vecinos de este pequeño pueblo leonés  también han sido capaces de llorar, esta vez de emoción, ante la palabra y la música vertidas como un bálsamo por Juan Carlos Mestre el pasado fin de semana, siete días después del terrible incendio que destruyó la riqueza y el patrimonio forestal de esta zona del suroeste leonés.

“Los poetas no queman bosques”, afirmó Mestre el domingo, 26 de agosto, en una Casa de Cultura que, tanto ese día como el anterior, se quedó pequeña para albergar a un pueblo entero que cree en la cultura como motor de progreso y esperanza. “Hace acaso 75 años fueron plantados los pinos que ahora han ardido tal vez en el descuido, tal vez en la ira, tal vez en la depravación de los que piensan que la tierra está ahí para ser usada a nuestro antojo y no para ser cuidada y trasmitida como una herencia digna, justa y bella desde nuestros antepasados a los que algún día serán nuestros descendientes cuando nosotros seamos sus antepasados. Pero si algo es también la poesía es la voz de la tierra, la memoria de la tierra. Y en la memoria de la tierra, hace 75 años, acaso ocurrían cosas como esta, cosas como una tarde en la que la hija de un sastre contemplaba crecer un árbol que tardó 75 años en rozar con sus ramas las nubes últimas del tiempo, del porvenir…”.

Y el poeta de Villafranca empezó así a recitar sus versos combativos y hermosos, demostrando que la poesía es “la voz del cuidado”, pero también “palabra libre y desobediente frente la soberbia obstinación del poder para mentir”.

Un día antes, el sábado 25 de agosto, la poeta Carmen Busmayor y quien esto escribe llegamos a esta pedanía en compañía de Juan Carlos Mestre, como miembros del jurado encargado de fallar el II Certamen de Poesía de Nogarejas. Durante dos días pudimos contemplar de cerca la magnitud de la catástrofe y descubrir cómo el incendio que alguien provocó a unos pocos kilómetros —en los montes del vecino Ayuntamiento de Castrocontrigo, en torno a las dos de la tarde del domingo 19 de agosto, y que en las horas sucesivas se fue extendiendo hasta Tabuyo, Quintana, Congosto, Morla…— había calcinado ya entre 10.000 y 15.000 hectáreas de montes y pinares, convirtiendo en paisaje negro y arrasado todo cuando alcanzaban a ver los ojos (se habla de que este incendio ha devastado los montes en un perímetro de unos 60 kilómetros).

“Pese a que las llamas han asolado a Nogarejas y pueblos de alrededor, desde la Junta Vecinal pensamos que con la poesía y su hondo sentir quizá también se pueden paliar de alguna forma los efectos del fuego, sirviendo este Certamen como un agua que apague el último rumor de las llamas y disuelva el último humo y las cenizas en el corazón de la tierra, para que puedan volver a resurgir algún día, con su fuerza inagotable, el pino resinero, el brezo, la urcina, el tomillo, el codeso y las múltiples formas de la flora, que junto con el corzo, el jabalí, el zorro plateado, la perdiz y la fauna autóctona nos volverán a ofrecer toda su belleza y riqueza, sin pedirnos nada a cambio, con su perdón incondicional al hombre que, en su ignorancia, no sabe, no puede, o no quiere mantener el esplendor natural de una naturaleza siempre agradecida, pese al fuego asesino, o fortuito, que los hombres puedan originar, o no puedan controlar”. Son palabras de Estrella Fuente, miembro de la Junta Vecinal, previas al fallo del II Certamen de Poesía de Nogarejas al que este año se presentaron más de 200 originales procedentes de numerosos lugares de España, Europa y América.

Apasionada y generosa, Estrella Fuente es la impulsora de las actividades culturales que dotan de otra calidad a la vida en el pueblo, y alma mater de este concurso de poesía que arrancó el año pasado con carácter local y que este año se ha convertido en internacional, premiando a un poeta argentino, otro cubano y a un joven hispano-palestino (Gregorio A. Echeverría Vidal, Alian Cárdenas González y Sami Halawa, respectivamente). Gracias a ella, los tres miembros del jurado pudimos conocer de cerca a los vecinos del lugar, que nos narraron la odisea de su lucha contra el fuego y su desesperación ante la falta de medios y la descoordinación por parte de las instituciones.

“Cuando arde un bosque, arden también con él una farmacia, una biblioteca, un museo…”. Hay demasiada certeza en estas palabras cuando se pasea sobre los restos carbonizados de lo que fue un inmenso monte lleno de vida, en el que ya no se escucha un solo ruido. Acompañados por personas luchadoras como Mari Luz Domínguez, Rafael Meno o Rosa Teruelo, visitamos los pinares calcinados, caminando sobre las cenizas de lo ardido.

Tres días de pesadilla

En Nogarejas fueron los propios vecinos los que, durante tres días y dos noches interminables, se echaron al monte para luchar contra la voracidad de las llamas. Sin medios, con garrafas de agua y ramas, a golpe de angustia y desesperación, pelearon contra el fuego mientras esperaban por unas brigadas antiincendios que no aparecían, mientras reclamaban una ayuda que llegó demasiado tarde. Capitaneados por el presidente de la Junta Vecinal, Olivio Campo Diéguez, los vecinos velaron en el monte, por turnos, para intentar cortar el paso de las llamas, en hermandad ante el peligro.

Olivio Campo conserva todavía viva en su memoria, y en la de su teléfono móvil, la pesadilla y la crónica del incendio, minuto a minuto. “Hacia las 14.30 horas del domingo, 19 de agosto, observé la columna de humo entre Torneros de la Valdería y Castrontrigo. Inmediatamente llamé al 091, y me dijeron que ya estaban sobre aviso y que había medios para atajarlo. A las 15.30 horas el fuego seguía su curso y subí con un vecino a Castrocontrigo, nos dirigimos hasta la cabeza del incendio y cuando llegamos había acabado de pasar la calle de Castrocontrigo. Nos dimos la vuelta y fue cuando nos cruzamos con el alcalde, serían las 16.10 horas, y él nos dijo que ya había hablado con el subdelegado del Gobierno, y que no había medios disponibles para enviar al incendio. A las 17.15 horas, aproximadamente, el fuego empezó a entrar por Nogarejas, por la zona de La Infiesta, y todos los vecinos fuimos allí. Seguimos llamando por teléfono a Subdelegación, a la Junta de Castilla y León, a la Guardia Civil, solicitando medios. A las 17.3 horas teníamos el fuego encima y allí no había ni un solo medio actuando”, recuerda Olivio, que fue brigadista durante cinco temporadas en Tabuyo, desde 1997 hasta 2002.

“Los vecinos nos pusimos a trabajar en la extinción. A las 21 horas conseguimos  una promesa de un  forestal, que nos dijo que nos enviaban una máquina bulldozer. Pero llegaron las 9 de la noche, las 10, las 11… y la máquina no aparecía, llegó a las 1.30 horas aproximadamente, junto con la UME. A  las 7 de la mañana del lunes entró una máquina desde Castrocontrigo, estuvimos intentando cortar el incendio por la zona repoblada (a finales del siglo XX otro incendió provocado por un obús de los militares del Campo de Tiro del Teleno llegó también hasta estas tierras, destruyendo parte de los pinares). Aparecieron los soldados de la UME, que nos decían que ellos no podían hacer nada hasta que no hubiera una orden del Jefe de Extinción de Incendios. Pregunté quién era el Jefe de Extinción y no conseguí que nadie me dijera su nombre. Sigo sin saberlo. Y continuamos intentando cortar el fuego hasta el lunes, casi 24 horas sin los medios necesarios, porque el viento seguía propagando las llamas…”.

Prácticamente lo mismo cuenta Mari Luz Domínguez, vecina del pueblo. Ella también se hartó de llamar a la Guardia Civil, a Subdelegación, a la Junta de Castilla y León. “Me decían que, como el fuego era de grado 1, mandaban todos medios para aquí. Pero nada. A las 12 de la noche aquí no había llegado nadie. Algunos vecinos, con sus coches, iban y venían del monte al pueblo, y del pueblo al monte, con garrafas y bidones de agua para cargar las cuatro mochilas que teníamos… A las 00.45 horas llegó un land-rover con dos chiquitos. Los brigadistas nos decían que no recibían órdenes de civiles…”.

“El lunes parecía que el fuego estaba controlado, pero lo dejaron salir a las 11 de la mañana y fue cuando se quemó todo Tabuyo, todo lo que quedaba sin quemar en Castrocontrigo, y el fuego se fue hacia Morla. Al no haber previsión, no enviaron medios, y cuando se reprodujo el fuego, el desastre resultó imparable”, continúa Olivio Campos, para quien el fuego “nunca debió cruzar el río Eria, nunca debió salir de Torneros”. A su juicio, además de la falta de medios, también la falta de coordinación y de previsión entre los militares de la UME, la Guardia Civil y las brigadas de la Junta desencadenaron la hecatombe. “Seguimos durante todo el lunes pidiendo medios. Por la noche todo estaba arrasado. Nos pasamos toda la noche del lunes protegiendo el deslinde entre Villar y Morzalete, hasta las 8 de la mañana. No nos enviaron medios en toda la noche. Ha sido un desastre total”, advierte el presidente de la Junta Vecinal de Nogarejas.

El sueño de la resina, calcinado

“Es triste. Como la mayoría de los vecinos, desde niña he trabajado con mi padre en los pinares. A los 14 años ya iba a recoger resina. Vivíamos de aquello. Lo he pasado mal. Siento rabia, y una impotencia terrible. Que no consigas que nadie venga a ayudar, y que cuando vienen no te dejan actuar…”, se lamenta Mari Luz.

Este año, además, Nogarejas había empezado a recuperar la actividad resinera de sus montes comunales, abandonada en 1989 por un problema de precios entre la antigua fábrica y los resineros. Así, a principios de año, la Junta Vecinal repartió parte de los montes de utilidad pública entre cuatro familias, unos 4.500 pinos para cada una (se estima que cada pino puede producir entre 1,3 y 2, 5 kilos de resina al año). “Pero ahora, al margen del desastre ecológico, las expectativas de futuro y de bienestar se han esfumado”, señalan Rafael Meno y Rosa Teruelo, una pareja de 52 años que en su juventud emigró al País Vasco en busca de trabajo, como muchos otros vecinos de la zona, y que ahora, agobiada por la crisis, había regresado a su pueblo natal.

Su hija Saida Pazo Teruelo, de 32 años, decidió convertirse en resinera, con la ayuda de su padre adoptivo. Y en enero recibió uno de los cuatro lotes de pinos que repartió la Junta Vecinal. “Saida se siente desamparada, completamente deprimida. Los tres estábamos en paro y decidimos volver a Nogarejas hace dos años. Recuperamos la casa familiar, que aún seguía en pie, y Saida empezó con la resina. Las perspectivas de futuro eran buenas. La extracción de resina es un trabajo durísimo, pero se puede sacar un sueldo de unos 1.100 euros al mes. La Junta Vecinal nos ayudó con las latas y botes de barro, para poder empezar. Y algunos vecinos nos prestaron otras herramientas. Pero ya véis…”, narra Rafael Meno, a punto de llorar en medio del arruinado y enngrecido pinar sembrado de madrigueras vacías y sin vida.

“Aquí la tierra es dura, no es fértil. Y después del incendió lloverá menos, habrá menos agua”, augura Rosa, su mujer, que advierte cómo “hasta ahora Nogarejas había estado paralizada, pero este año que al fin había arrancado de nuevo con la resina… ¡sucede esto!”. Esta familia, además, tenía otra ilusión que también reporta ingresos económicos: las setas y hongos del pinar, los boletus, los níscalos…

Una semana después del incendio todavía persiste el olor a quemado en los pinares. En algunas zonas aún se ve salir humo, y en los carbonizados barriles donde se recolectan las lágrimas del pino, con capacidad para 200 kilos, la resina se ha convertido en brea. “¡Toda la producción perdida!”, exclama Rafael, herido de tristeza. “Algunos pinos quizá puedan reverdecer, pero esto es una calamidad, no encuentro palabras…”.

Consecuencias catastróficas

Olivio Campo califica de “catastróficas” para Nogarejas las consecuencias de este incendio que ha calcinado tanto los pinares centenarios como las zonas repobladas. “Se acabó la caza por cinco años, que generaba unos 14.000 euros de ingresos anuales para la Junta Vecinal. Se acabó el tema micológico de por vida, ya que no podremos volver a recolectar setas y hongos ni en esta generación ni en la próxima. Se acabó el aprovechamiento de madera hasta dentro de 80 años. Se acabó la extracción de resina, que había arrancado este año. Se acabó el tema turístico y paisajístico, otra de las riquezas de nuestro pueblo”, enumera el presidente de la Junta Vecinal.

Según explica, de las 1.920 hectáreas resineras de los montes de Nogarejas, sólo se han salvado unas 600 hectáreas. “Ahora más que nunca será necesario el Centro de Interpretación de la Resina que se está construyendo en el pueblo”, añade.

Mientras tanto, los casi 300 vecinos de Nogarejas, en su mayoría personas mayores, siguen amando el canto, el teatro, la palabra poética y la música. En este pueblo que llegó a tener 1.200 habitantes ahora solo hay dos bares (el de Manolo y el de los jubilados) y una pequeña tienda, además de una Casa de Cultura llena de vida.

Desde la Junta Vecinal, Olivio Campos y Estrella Fuente siguen empeñados en que “la cultura y el arte formen parte de la vida cotidiana del pueblo, favoreciendo la convivencia y elevando la manera de pensar puramente materialista de los últimos tiempos”. Por eso, ni la quema de sus bellísimos montes, ni las cuantiosas pérdidas que esto ha ocasionado, hicieron desistir a este pueblo orgulloso de celebrar un fin de semana con la poesía como protagonista.

Frente a la rabia y la impotencia, la poesía se transformó en bálsamo y consuelo contra a la adversidad, desbordando en lágrimas emocionadas a los lugareños. Y eso fue precisamente lo que sucedió también cuando Marina Justel, vecina de Castrocontrigo, se subió al escenario de la Casa de Cultura de Nogarejas, el pasado sábado, para recitar esta ‘Loa al pinar’ que acababa de componer, acompañándose de la música de su rabel:

“Por ti lloro resinero, / porque me invade la pena. / Por tu resina y los pinos/ y porque el monte se quema. // Siento una tristeza grande / y por eso canto y toco. / Por mi tierra que lamenta / lo que le hizo algún loco. // Pregunto por tus carqueisas, / por tus piornos y codesos. / Y también aquellos robles / que tanto deseaba verlos. // ¿Qué ha sido de aquellos vasos / que recogían resina? / Desaparecieron todos / y nos llevaron la vida. // ¿Que ha sido de aquellos ciervos, / corzos y de nuestras setas? / Se los ha llevado el fuego / del pinar de nuestras tierras”.

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ÁRTÍCULOS RELACIONADOS:

‘España arde y no en fiestas’, por ANTONIO BERMEJO PORTO.

‘Doce pueblos crean una plataforma por el incendio de Castrocontrigo’, por M.A.R. en La Crónica.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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