“El rock debe participar en la agitación, no ser fondo para anuncios estúpidos”

Por SERGIO JORGE

Icono del rock español, la trayectoria musical de Enrique Villareal ‘El Drogas’ dio un giro inesperado hace más de un año cuando se confirmó su salida de Barricada. Después de 30 años siendo uno de los compositores y alma máter del grupo navarro, el bajista encabeza la banda de Txarrena, proyecto paralelo origen de los problemas con su antiguo grupo, ahora con su propio nombre y con la vista puesta en un nuevo disco, que saldrá en el otoño de 2013. Será un triple álbum en el que estarán presentes temas de Txarrena, La Venganza de la Abuela y nuevas composicioines.

—¿Cuál es la principal diferencia entre los dos proyectos, Txarrena y El Drogas?

—Antes de empezar por las diferencias, la unión de las dos historias es que sigo con las mismas personas que con Txarrena. Para mí eso es lo más importante, las personas con las que sigo en el proyecto [Brigi Duke, El Flaco y Txus Maraví]. No quería hacer que Txarrena fuera un grupo que versioneara canciones de Barricada. Y si a la historia le llamo El Drogas, es porque es un recorrido por las canciones en las que yo he compuesto la letra y que me apetece hacer. En El Drogas tienen cabida temas de Barricada, Txarrena y La Venganza de la Abuela. Luego seguramente cuando me dé por versionear canciones de gente que a mí me guste, pues también. Pero Txarrena yo no lo veía como una banda que versioneara canciones de Barricada.

—¿Va a ser por tanto más personal, se podrá identificar más el proyecto contigo?

—Es posible, porque tiene cabida todo lo que he ido haciendo, aunque para mí lo más importante es las personas con las que pones en común el proyecto, porque en La Bajera cada uno aporta sus historias y los arreglos en terrenos que incluso no sean de sus instrumentos.

—¿Cambia la composición para este proyecto respecto a la que tenías para Barricada?

—No tanto la mentalidad, lo que cambia es la gente con la que trabajas, sobre todo porque mi manera de trabajar no es que yo llegue con la canción redonda, con la batería o el bajo ya grabado. Estoy con esta gente porque me aportan. Para esto soy muy egoísta, estoy con ellos como un vampiro, aprendiendo de verles tocar, de oírles hablar de sus gustos.

—¿La composición por tanto va a ser entre los cuatro?

—Es fundamental, sí que está claro que El Drogas es el mote que tengo desde hace muchos años, pero para mí es muy importante que detrás haya gente que te dé seguridad.

—Que Brigi Duque haya dejado Koma, ¿es un espaldarazo a tu proyecto?

—No, porque él ya me había confirmado antes que va a estar todo 2013 con nosotros tocando la batería, antes de todo lo de Koma. Pero soy el primero y el que más claro lo tiene que Brigi es un animal de escenario y se terminará haciendo su banda y saliendo a tocar la guitarra y cantar. No digo que la batería no sea lo suyo, pero es un cacho bestia que hará su propia banda.

—¿Saldrá a cantar en algún tema durante esta gira?

—No, lo tenemos atado al bombo y sujeto a las baquetas [afirma entre risas]. No lo sé si más adelante, pero, ¿me voy a poner yo a tocar la batería? En este proyecto es la batería y él disfruta mucho tocando. Es así como lo conocí, siendo un chaval de 16 años, tocando la batería y me dejó flipado desde el primer momento. Es lo que me empujó un poco para este segundo proyecto de Txarrena, sobre todo juntarme con él, él batería y yo cantando. Luego dimos enseguida con El Flaco y Txus. Pero antes fue las ganas que tenía de enredar con él.

—El inicio de la gira es en salas pequeñas. ¿Supone para ti volver al inicio?

—A lo largo de mi carrera siempre ha habido salas pequeñas, porque es donde más a gusto me encuentro o donde doblemente a gusto me encuentro. Es donde me gusta batallar, tienes a la gente pegada y tu sudor se confunde con el de ellos. Es otra historia, a mí me parece como un acto más íntimo. Esta historia que estamos haciendo sería muy complicado hacerlo, incluso en la plaza de un pueblo, donde sería un repertorio de dos horas y ya está. En salas sí se puede hacer. Mi intención es tocar en lugares como Guadalajara, donde hemos empezado la gira, porque es un sitio de paso. Parece que Barcelona, Madrid, Bilbao o Pamplona, que es jugar en casa, son los grandes sitios. A mí realmente me gustaría ir a un montón de lugares donde tengo recuerdos acojonantes, como Teruel, Cuenca, León. Sobre todo porque parece que a festivales o conciertos de rock en lugares grandes es menos complicado que te vaya gente. Pero también estoy convencido de que en estos otros lugares que han desaparecido del mapa hay gente que le interesa la historia. Si nosotros también los tomamos como lugares de paso es un poco triste. No te van 600 personas como te pueden ir en Madrid a una sala, pero me lo paso bien con 200, con que dé para los gastos, que es todo una cuestión económica, porque nos movemos 11 personas.

—Dos canciones del EP, que ya aparecían en La Venganza de la Abuela, son muy reivindicativas. ¿No ha cambiado nada en España desde entonces?

—Ni en España ni el mundo. Sí que ha cambiado, pero en muchos aspectos a peor o sigue igual. El tema de la primera multinacional, que es el hambre, ahí continúa. Como las cosas vergonzantes que están pasando con la educación y la sanidad pública, con los recortes a la dependencia…, todo esto que estamos viviendo no está mejor que hace 20 años, desde luego. La actuación policial en las concentraciones populares que puede haber en la calle tampoco veo yo que haya cambiado.

—Parece que es un acto de valentía manifestarse cuando tendría que ser una forma de expresión.

—Sí, pero así es. Tampoco es que haya confiado nunca en que la Policía vaya a entender todo esto. Ahora se ve más de forma masiva, con internet. Pero yo vivo en un barrio de Pamplona, La Txantrea, donde durante muchos años ha habido redadas y se han llevado a gente detenida de 18 años simplemente por pertenecer a organizaciones juveniles, por ser gente joven que se mueve con historias que ellos creen que son justas. Estoy cansado de verlo a lo largo de todos estos años.

—¿Sigue siendo La Txantrea un barrio conflictivo?

—Tiene todavía ese sabor a barrio que cada vez se echa más en falta en otros sitios. Ahora con el tema del boom inmobiliario aparecieron nuevos barrios con jardines donde no se puede jugar al fútbol, con el suelo de corcho para que no se den coscorrones los críos. La Txantrea ha cambiado porque la parte nueva se ha tragado mucha gente de antes. Pero sigue habiendo mucho asociacionismo, y eso permite que haya un sentir de barrio, que en estos tiempos permite que se pueda sacar una revista con las noticias del barrio, con la gente que ves por la calle que te interesa su vida, con los baches de una calle o si se circula a mucha velocidad…

—Cuando hablamos de lo que no ha cambiado, ¿es porque los políticos viven en otra realidad?

—Sí, está bastante claro. Los políticos viven en una especie de ente, que cuando se toca poder, ahí están. No sólo estar en el gobierno, tocar el poder es estar viviendo en la política. Es una especie de élite, como el ejército, la jerarquía eclesiástica o los bancos, que terminan siendo un puño que va a dar a la cara de los que podemos estar yendo de aquí para allá.

—¿Desde la música, sobre todo desde el rock, se puede hacer algo por arreglar la situación o para crear conciencia?

—Participar de la agitación, así de claro. No queremos ser fondo musical para anuncios estúpidos, y esto cada vez se ve más con el mundillo del rock.

—¿No falta que muchos grupos del rock den un paso adelante y hablen de cómo solucionar los problemas para que la gente tome conciencia?

—Más que de cómo se pueden solucionar, de cómo reflejar lo que está pasando, que ya es bastante. Por ponerte un ejemplo, el tema del alzheimer, que me afecta mucho por mi madre. Me he ido metiendo mucho dentro de la historia. No sé cómo se puede solucionar el alzheimer concretamente, el tema del cerebro, de las neuronas. Pero sí sé que hay mucha gente que lo está padeciendo y sé lo que padecen los cuidadores. Si hago una letra sobre esta temática, más que solución lo que intento es que la gente que está viviendo esta problemática sepa que estamos otros también, que no se encuentren perdidos, que recurres a las instituciones o a organismo oficiales y toman como al pito de un sereno a estos enfermos y a otros. Gente que ha estado luchando por sacar adelante a las familias, al país, como son nuestros padres, viviendo la posguerra, no otra gente. Ahora que no son productivos, se les aparta de mala manera. SI nosotros no tenemos empatía con esta problemática y con lo que nos rodea, con los vecinos de al lado, es muy jodido que lleguemos a algún lado. Porque al que no le afecta una cosa, le afecta otra. Me gusta ver a la gente que se mueve alrededor del 15M y otros movimientos, con la respuesta que están dando, encima de manera pacífica. Y eso que yo suelo discutir con alguno de ellos, porque yo vengo de los 80 y a nosotros no nos entraba en la cabeza lo de las manifestaciones pacíficas. Se ha estado poniendo a la juventud de estúpidos, de que se les ha dado todo. Yo tengo dos hijos y veo la problemática que hay para tener un proyecto de vida que sea digno. Y encima les están diciendo que es la generación perdida.

—Como antes se decía que era el botellón.

—Sí, exactamente igual. En mi época nos llamaban pasotas y que estábamos fumando porros. Siempre ha sido lo mismo. Siguen las mismas tertulias, los mismos tertulianos, que son encima los que dirigen los periódicos. Es lo que hay. Nos ha tocado vivir esto pero no estamos a gusto, patalearemos para intentar cambiar.

—¿Por eso tus temas van a ser más reivindicativos?

—Esto ya es por una manera de escribir. Sí que en estos trabajos una de las partes van sobre temática actual, porque me encuentro desbordado. Un tío que dice que las leyes son como las mujeres que están para violarlas, el Wert que es una auténtica fuente de inspiración… Es alucinante, un personaje que ha sido tertuliano y ahora es ministro de la incultura. Si te pones a mirar, el señor ministro de Defensa, Rajoy con el tema del Prestige, los que acabaron con ese desastre dónde están ahora. Les ha valido, porque ahora salen y los votan. Esto quedará reflejado en una parte del disco, algunas canciones tratan sobre el alzheimer, no sé si directamente o con frases que tienen que ver.

—¿El regalo del EP es una forma de animar a ir a los conciertos?

—Al principio iban a entrar seis canciones, con Quiero que en acústico, de Azulejo frío [Txarrena], y también Matilde Landa, de La Tierra está sorda [Barricada]. Pero si iban seis canciones no es un EP, entonces es un CD y teníamos que pagar más a la SGAE, así que se perdía la historia de vender por un euro más al comprar la entrada de esta gira. Decidimos entonces que fueran cuatro canciones. La idea me gusta. Luego el trabajo de los tres CD, que saldrán juntos. Pero a ver de qué forma. Será sentarse con los de Maldito Records, echar números y ver con qué precio, totalmente asequible. Soy parte de la producción y por tanto me da libertad. Para la reedición del disco de Txarrena igual. Yo quería que la estética fuera como ha salido. Nos sentamos y con este precio había que vender mil discos. Y efectivamente, adelante, hemos vendido 1.200. Prefiero que las cosas salgan como me gusta y que sean asequibles para la gente. 24 canciones y una estética acorde con mis gustos, que salga totalmente asequible. Cada vez voy personalizando más las historias como si yo fuera a comprármelo. Si hay que sacar pocas copias y con ese precio, pues ya está.

—Y con un valor añadido para combatir la piratería…

—Más que combatir, que ante eso no veo que haya solución, es para quien quiera un trabajo hecho a conciencia, no sólo las canciones que van sino también el trabajo de detrás. Quien quiera bajarse toda la discografía de los Rolling, de los Beatles, de Barricada, puede. Si alguien tiene pelotas para escuchar toda la música de una vida… Eso me pasa con los libros, cuando en la biblioteca que tengo en casa tengo casi los mismos libros leídos que no leídos y digo, ‘hostia, algo está fallando’. O me paso poco tiempo leyendo o me he pasado comprando libros. Con la música lo mismo. Compré el último de Tom Waits, me lo pongo, me lo pongo, me lo pongo. No quiere decir que todo el mundo tenga que tener la misma fórmula para escuchar música, pero yo es la que tengo.

—¿No se ha perdido ese aspecto cultural en la compra de discos?

—Es así, ha cambiado la historia en ese aspecto, pero también en el divertimento de la gente. Toca un grupo en el bar debajo de tu casa y no vas. Antes, yo iba con la cuadrilla, el sábado que librabas de tocar, a una sala a 40 kilómetros de Pamplona sin saber quién iba a tocar. Y te llevabas muchas sorpresas, porque he visto grupos que de otra manera… O cuando era todavía un adolescente, con granos en la cara, uno de la cuadrilla se pillaba un disco y pasaba por la casa de todos y te hacías tu cinta. Y luego tú comprabas otro y te hacías tu cinta. Ahora la cosa es diferente. Cuando lo pillabas en vinilo, vuelta, vuelta y vuelta, y te leías las letras, tocándolo… El tacto para mí es muy importante, me pasa con los libros igual. Tampoco podemos pedir que esa historia la tenga todo el mundo. También posiblemente ahora esté viviendo su época y esto forme parte, bajarse de internet u otra forma de escuchar música. Yo veo a mi hija que me pone canciones en el móvil o en el portátil y le digo que me lo quite, que suena horroroso. No puedo escuchar a los Berri Txarrak en el móvil, joder, me los tengo que poner con el equipo que yo estoy acostumbrado a escuchar en la música. Y eso que le digo que se ponga con mi equipo.

—Quizá porque las nuevas generaciones perdemos el gusto por escuchar la música con buena calidad

—Ahí está la historia. En general no importa tanto el sonido, y eso que no me parece mal, sobre todo si se disfruta. Yo de chiquito disfrutaba cuando oía a mi madre en casa cantar las rancheras, me quedaba enganchado a las historias que contaba. La verdad es que cantaba bien, mejor que yo. Mi hija lo mismo, le engancha las historias que cuenta. Hablo de una cría de 15 años. Espero que poco a poco le vaya atrapando también la otra historia, la atmósfera musical que rodea a una canción, y que termine siendo capaz de desguazar las canciones porque para mí ha sido un placer desguazar canciones de otra gente, aprenderte cada paso, cada nota de punteo.

Acerca de Sergio Jorge

Fundador y coeditor de Tam Tam Press. Más en @sergiojorgeLNC.

  1. jmanuel

    Me gusta; buena línea, me gustan mucho tus incursiones al uso del idioma y a la música. Buen tono, está en el buen camino

  2. Rat-zinger

    Ojalá todos los iconos del rock fueran como El Drogas! No kerríamos a ninguno muerto! Zain

  3. Pingback: El Drogas se sumerge en la poesía | Tam-Tam Press

  4. Pingback: El adiós de Barricada | Tam-Tam Press

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: