“Investigo cómo modificar las historias, todo se puede transformar”

Rosa Barba, en el exterior del Musac. Foto de Eloísa Otero.

Por CAMINO SAYAGO

La italiana Rosa Barba, especializada en el lenguaje cinematográfico, nos cuenta en esta entrevista con TAM TAM PRESS cómo ha concebido ‘Un lugar para un único individuo’. Un proyecto realizado expresamente para el MUSAC, en el que entrelaza su obra con la particular arquitectura del museo a la vez que se refiere de forma poética a la topografía de la región en la que este se encuentra.

Su particular uso de la imagen, la luz, el texto, el sonido e incluso de  los proyectores de 35 y 16 milímetros, en sus instalaciones, dan una vuelta de tuerca al lenguaje cinematográfico. Y como resultado un montaje que se estructura como una “novela proyectada” que debe ser leída como un texto-paisaje. Los personajes: ciudades de trailers (camiones-caravanas) en Estados Unidos y voces en gallego-leonés.

—’Un lugar para un único individuo’ da nombre a la muestra. ¿Este montaje concebido específicamente para el MUSAC es una metáfora del individualismo?

—El título de la exposición está ligado al trabajo con imágenes de las ciudades de trailers que hay en Estados Unidos. La gente allí elige esta forma de vida, una forma de sociedad que gira entorno al trailer. Es un tipo de anarquía, hasta en el posicionamiento de sus trailers, porque no existe una regla definida. Si lo ves desde el aire aparece como una especie de texto en su estructura, un texto que ha sido escrito por la posición y la formación de su modo de vida. Por eso elegí este título, porque es un tipo de individuo único, pero que unido a otros crean una voz colectiva, también muy única.

—¿Cómo recibe el proyecto y cuál es el punto de partida y cómo se plantea el diálogo con el espacio del Musac?

—El proyecto surgió hace dos años y medio cuando la institución me invitó a hacer una exposición aquí, a partir de una propuesta del comisario Juan de Nieves. Hace ya un tiempo que realicé la visita para ver los espacios de exposición y me intrigó bastante la arquitectura del museo, especialmente los patios, porque vi una similitud entre la arquitectura del museo con los patios y mi manera de trabajar. En mi obra, también intento crear huecos. Y lo hago a través de piezas bastante abstractas, como una de las que se exhibe y que utiliza sólo imagen blanca con sonido para crear esos huecos, otras veces es tan sólo luz. Vi los patios como una posibilidad de espacios de exposición que podían crear una nueva capa narrativa y decidí usarlos para activar la muestra; utilizarlos como una nueva capa narrativa. Los tres patios del Musac son parte de la arquitectura de la exposición.

—¿Qué relaciones se establecen entres las cinco piezas que presenta, y qué punto de encuentro hay entre ellas? Imágenes, texto, luz y sonido son los elementos que componen su discurso…

—No hay un punto de encuentro obvio, pero sí hay unas relaciones de encuentro al margen de los métodos de trabajo que utilizo. Cada uno tiene que ver con los otros, de alguna manera u otra. La primera pieza, ‘Voces’, ubicada en uno de los patios, es como un “chinese wishper”, una historia de voces, como un rumor constante de voces que nunca se han escrito. Está relacionado con la película principal que da nombre a la muestra -albergada en la primera sala-, porque también son signos, voces que no forman parte de algo preestablecido, algo escrito, lo mismo que los trailers que no son parte de una organización. Son algo temporal y no fijo, porque no están escritos. La pieza de fieltro, ‘Lo contemplativo o lo especulativo’, también crea un nuevo espacio de lectura, como un espacio secreto. El texto que está recortado en el fieltro está relacionado también con la película principal porque es una especie de “road movie”, una película de carretera. Las otras dos piezas son más abstractas, es mi trabajo más escultórico y se trata de una aproximación más estructuralista.

 —¿Qué le llamó la atención en la forma de hablar de ‘Voces’, el pequeño pueblo de Las Médulas que inspiró su pieza sonora? Esta pieza es casi como un cadáver exquisito, en ella varias personas se van susurrando historias pertenecientes a la tradición oral y al final resulta una totalmente nueva.

 —Cuando vine aquí, a León, para visitar los espacios, hice un viaje de un día a Las Médulas y mientras iba conduciendo alguien mencionó que había un pequeño pueblo que se llamaba Voces. Para mí fue una inspiración saber que existía un pueblo con un nombre tan evocador y comencé a pensar si estaba relacionado con que en ese lugar hubiera voces, rumores o historias que se transmitieran de forma oral y que no estuvieran institucionalizadas, es decir escritas. Desde el Musac, Carlos Ordás, que es el coordinador de la exposición, y el comisario Juan de Nieves, empezaron a investigar sobre este tema y encontraron a Fernando Bello, profesor de la Universidad de León, que había estado investigando y grabando sobre estos modos de hablar durante muchos años. Me parecía muy interesante y además me dio la posibilidad de acceder a algo que si hubiera grabado ahora nunca hubiera sido posible, porque no hubiera tenido la continuidad que permite trabajar con varias generaciones. Posteriormente lo edité e incorporé diferentes voces para que hablasen al mismo tiempo y coincidieran en la misma pieza.

—¿El espectador puede apreciar en una primera lectura como se relacionan sus piezas con la arquitectura del museo?

—La relación con la arquitectura no es igual de obvia a lo largo de toda la exposición. Es muy evidente con la primera pieza, porque si quieres no verla pero sí oírla, tienes que entrar en el patio. En el segundo patio la pieza está un poco más escondida; tu ves dos fuentes de luz y te percatas de donde procede la primera, pero la segunda no se reconoce de inmediato. Te preguntas de dónde viene, y compruebas que procede del patio de una caja de proyección, que dentro incluye un proyector que está en marcha. La tercera es quizás la más difícil de ver porque trabaja con la luz del día. Si vienes a ver la exposición durante el día y no te fijas bien, quizás no veas que está proyectándose a través del cristal. Cuanto más oscurece más visible se hace que un haz de luz atraviesa el cristal hacia el patio. Se trata de un juego con la luz del día y la hora en que llega el visitante.

—Pone énfasis en la dimensión de los objetos y además el tratamiento con la luz aporta a su obra cierta atmósfera teatral…

—Sí. Estoy muy interesada en los aspectos coreográficos; colecciono proyectores, diferentes aparatos que modifico con expertos en cine y proyección. Siempre estoy pensando en cómo presentarlos en los espacios expositivos de modo que no es un simple proyector que se ha quitado del cine y se ha incorporado en una exposición, sino que es un objeto trabajado. Esta modificación es parte de mi trabajo.

—Dice que para usted el cine es una extensión del lenguaje. ¿Cómo se introduce en este mundo y cómo lo introduce en su obra?

—Siempre he estado interesada en el cine, desde muy pequeña. Cuando era adolescente no tenía cámara de cine pero si de fotografía, e intentaba hacer imágenes en movimiento a partir de imágenes estáticas. Más tarde conseguí una cámara de Súper Ocho, luego una de 16 milímetros e investigué con ellas. Al mismo tiempo estudiaba y trabajaba en un cine como proyeccionista. Estaba impaciente por saber cómo funcionaba y veía muchas películas. Recuerdo de este trabajo cuando estaba viendo la película y tenía que ir corriendo a la sala de proyección para cambiar la moviola. Estaba absorta, tanto por el mecanismo como por las propias historias que se contaban, y comencé a pensar en cómo modificarlas. Entonces, una película podía constar de seis rollos diferentes y tenía que estar muy concentrada, porque si me despistaba ponía el final antes de tiempo. Para mí, sólo para mí, era muy sugerente cambiar el final porque me daba cuenta que todo se podía transformar. Son experiencias básicas en mi trabajo y lo veo como una investigación que aún no está acabada. Cada pieza es como una continuación de mi anterior trabajo y cuando produzco una nueva siempre estoy dándole vueltas a  cómo se podría expandir, cómo podría evolucionar. Ahora mismo estoy trabajando en cómo una película ya acabada podría alterarse para llevarla después de vuelta al cine.

—¿En qué proyectos está trabajando?

—Tengo tres exposiciones, una en el Turner Contemporany, que es un nuevo museo construido justo donde William Turner estuvo interno. Allí voy a exponer muchas de mis piezas más escultóricas. Y una segunda, también en el Reino Unido, en Cornerhouse, y una muestra más en Noruega, en la Bergen Kunsthalle.

Ver también:

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Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

Un Comentario

  1. j manuel

    De las cuatro la de Rosa es la propuesta que más me gusta…bien

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