El París de Boubat

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Por JOSÉ RAMÓN VEGA

Mi primer viaje fuera de la península fue a Paris. Con 18 años recién cumplidos, ganas de ponerme el mundo por montera y una chaqueta de pana marrón claro, estaba dispuesto a estirar las vacaciones estivales bastante más allá de lo que las posibilidades económicas pudieran sufragar y a hacer de aquel viaje algo más, algo así como una experiencia juvenil que no se pudiese olvidar, algo que recordar. Lo conseguí, aquel viaje me marcó para siempre.

Nunca planifiqué un viaje con tantas ganas y tanta entrega, creo que conocía de antemano el callejero mejor que muchos taxistas, aunque no lo pude comprobar porque en aquella ocasión no había dinero casi ni para el metro. En aquellos años yo no pensaba en la fotografía. Había visto, cómo no, fotos que me gustaban, pero no apreciaba la técnica, el momento, ni el significado de las imágenes, no conocía el nombre de ningún fotógrafo importante, ni mucho menos su obra. Por prosaico que parezca, empecé a valorar la fotografía, no en los museos ni en los libros al uso, sino en los puestos de postales y souvenirs. Me quedaba ensimismado dando vuelta a aquellos expositores, a aquellas viejas reproducciones que vendían en los puestos de “les bouquinistes”. Acostumbrado a la pobre iconografía de las postales turísticas que en aquel momento se estilaban en nuestra tierra, llenas de tópicos made in spain, costumbrismos y generosas tomas estivales, me sorprendieron aquellas imágenes en blanco y negro llenas de narrativa visual. Poco a poco me fui enterando que aquellas escenas respondían a obras de artistas como Kertesz, Atget, Doisneau, Brassaï o Eduard Boubat. Aquel lenguaje caló profundamente en mí y en mi manera de apreciar el lenguaje fotográfico. Eran imágenes simples, alejadas de cualquier complejidad, escenas robadas en calles adoquinadas, reflejos en charcos de lluvia, mesas de café, animales de compañía vagando por tejados, amantes abstraídos, mujeres sugerentes llenas de belleza y atractivo, la ciudad, París por sí misma, la “joie de vivre”.

Boubat fue uno más de estos grandes maestros y su obra completa daría para una mayor extensión, pues fotografió desde muy joven y tuvo una fructífera vida, tanto en lo artístico como en lo personal. Poeta de lo cotidiano, fotógrafo de la sencillo, muchas de sus imágenes forman parte del patrimonio intemporal de la fotografía y se han convertido en iconos perfectamente reconocibles. Hoy sólo saborearemos las fotos que tienen como hilo argumental a la ciudad de La Seine, París, esa ciudad hermosa, libre, unas veces alegre y otras triste y sentimental como pocas, a la que una vez fui sin darme cuenta de lo que una imagen puede contar y que tanto contribuyó a que hoy estemos hablando de fotografía.

Fotografías de José Ramón Vega en:
http://maqroll.shutterchance.com/photoblog/

  1. victor

    Gracias por este precioso postalero parisino, Vega. Se queda uno mirándolo como esa niña que desde el puente ve pasar las barcazas en el Sena. Boubat, un verdadero poeta.

  2. Pingback: José Ramón Vega recoge el premio de fotografía del Museo de León y estrena página web | Tam-Tam Press

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