El veintiuno por ciento de cero

iva21no

Por MIGUEL Á. VARELA

Buena parte de los beneficios obtenidos por las representaciones en los corrales de comedias barrocos se destinaban, obligatoriamente, a obras de caridad. Era el IVA de la época y también una forma de suavizar lo que para el poderoso estamento religioso significaba ese teatro, de enorme éxito popular: ya que lo que hacen los cómicos es pecado, al menos que con el producto de ese pecado se haga caridad.

Ese concepto se mantuvo en el sustrato escénico español hasta bien entrada la democracia a través del llamado impuesto de menores que se recaudaba en teatros y en otros espectáculos públicos. Se mantenía este gravamen a una actividad que seguía siendo considerada por el poder como disolvente. Desapareció en 1986, con la entrada en vigor del IVA, que redujo del 10,5 al 6% la carga impositiva de las entradas del teatro, incrementada posteriormente hasta al 8%.

Paralelamente a la estructuración asociativa del sector escénico que se produjo en España a partir de los años noventa, una petición recurrente a los diferentes gobiernos fue la de reducir el IVA de las entradas, al menos, al mínimo del 4%, similar al de otros sectores de la cultura como el libro. Siempre se encontró una respuesta más o menos abierta en el área de Cultura y una tajante negativa en el Ministerio de Hacienda.

A mediados del año pasado, todo el sector contaba con un incremento de dos puntos, del 8 al 10%, en el IVA de las localidades. Nadie entendió el castigo a la escena con una repentina subida de trece puntos, hasta el actual 21%.

Y así estamos ahora, haciendo figuras entre literarias y matemáticas con un aumento inaudito en el entorno europeo, incluyendo en países cuya economía está peor que la nuestra. La más afortunada es esa tan repetida de que “el veintiuno por ciento de cero es cero”.

El mismísimo Ansón (perdón: Anson) titulaba el otro día un artículo Rajoy o el desprecio por la cultura. Boadella comparaba que “las revistas porno tienen el 3% de IVA y representar a Lope de Vega, el 21%”. El director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero, habla de “un torpedo a la línea de flotación de las empresas teatrales” que provoca la amateurización de los profesionales y las productoras han aportado los primeros datos, demoledores: el teatro ha perdido más de un 31% de espectadores y la recaudación ha disminuido un 33%.

Se pregunta uno ante la contundencia de estas cifras si detrás de esta medida no habrá una intención bien alejada de lo fiscal y más cercana a la venganza. Eso, o que hemos vuelto a los tiempos en que el poder consideraba pecado la libertad de los cómicos en un escenario.

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Miguel Á. Varela es gerente del Teatro Bergidum de Ponferrada.

prog

Un Comentario

  1. pepe

    Miguel está haciendo una labor de mucho calado desde el Bergidum, Una reflexión interesante y pegada al mundo actual; la cultura sigue en el territorio del desprecio institucional

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