KUKUprojekt: arte y cultura en Aguilar de Campoo

Proyección de cine en el baño de la casa. Foto: Andrea Milde.

Proyección de cine en el baño de la casa. Foto: Andrea Milde.

Por LAURA FRAILE
(ultimocero.com)

“El nombre de KUKU es una mezcla de dos palabras en alemán: kunst (arte) y kultur (cultura). También es el nombre de un pájaro que, cuando canta, anuncia la primavera. Con este proyecto la palabra adquiere una nueva connotación: la de dar una nueva vida a un espacio y a lo colectivo”. Así define Andrea Milde el KUKUprojekt, una iniciativa que el próximo 15 de diciembre cumplirá su primer aniversario y con la que pretende dar salida a una amplia variedad de propuestas culturales nacidas desde el ámbito rural.

Andrea nació en Alemania, pero en su juventud viajó a Francia para formarse en el arte del telar pictórico y narrativo. Desde allí viajó en varias ocasiones a Latinoamérica para participar en varios proyectos, aunque ahora reside en España, país en el que lleva viviendo desde hace veintiséis años. Según cuenta, llegó a Madrid en el año 1987 guiada por su sueño de entrar en la Real Fábrica de Tapices. El sueño no se cumplió, pero aun así se quedó en la ciudad. Allí estuvo residiendo durante veinte años, tras los cuales se planteó que era un buen momento para buscar un nuevo lugar en el interior de la península desde el que iniciar un taller de telares. Eso sí, este nuevo lugar debía cumplir al menos dos requisitos: estar abierto a la formación y contar con un espacio en el que también pudiera establecerse una residencia artística desde la que fomentar un punto de encuentro entre todo tipo de gente interesada en acercarse al arte y la creación. Tras una serie de contactos con diferentes agencias de desarrollo local, al fin llegó la respuesta de una persona interesada en alquilar su casa. Fue así como Andrea y Juan José Sánchez (la otra pata del proyecto) llegaron a la localidad palentina de Aguilar de Campoo, un municipio de 7.000 habitantes donde se instalaría el KUKUprojekt.

Así explica Andrea este proceso: “Llegamos hace seis años a la zona de Aguilar de Campoo. Desde allí iniciamos la búsqueda y nos pusimos en contacto con las entidades del entorno. Paralelamente empezamos a hacer acciones, entendiéndolas como una forma de tejer una red social de KUKUS en el territorio. El primer año hicimos cuatro quedadas en diferentes puntos del norte de Palencia y del sur de Cantabria, lugares que escogimos con el objetivo de ir más allá de los límites de las autonomías. Desde allí elegíamos un día y un sitio determinado para hacer un proyecto creativo con el que interactuar con el territorio. En una de esas acciones usamos objetos encontrados para plantarlos en la naturaleza y hacer una galería de arte. Fueron acciones puntuales y esporádicas”. Poco tiempo después encontrarían la casa de Aguilar de Campoo en la que están situados actualmente. “Nos trasladamos allí el año pasado. Es una casa que está en la misma plaza de Aguilar. Estuvo cerrada veinte años, así que tuvimos que rehabilitarla”, continúa. Según dice, no hubo ningún problema con los dueños del edificio para llevar adelante este proyecto, aunque generalmente el contexto es difícil. “Faltan espacios en alquiler en las zonas rurales”, añade.

Salón de la casa, donde se hacen algunas de las actividades del KUKUprojekt. Foto: Andrea Milde.

Salón de la casa, donde se hacen algunas de las actividades del KUKUprojekt. Foto: Andrea Milde.

Tal y como explica Andrea, su idea inicial era establecerse allí dos meses, tras los cuales su intención era la de seguir buscando otros espacios en los que dar continuidad a su proyecto. Sin embargo, los meses fueron pasando y pronto cumplirán su primer año. Su inauguración oficial tuvo lugar el pasado mes de diciembre. “Decidimos hacerla por curiosidad colectiva. La gente del pueblo nos había visto con piezas de telares, sacos de escombros… Hasta un amigo del dueño le llamó un día para decirle si sabía que se habían metido unos okupas. La gente del pueblo estaba interesada en saber qué se iba a hacer en la casa tras veinte años de abandono”, comenta Andrea.

Según declara, el apoyo de la gente ha sido fundamental, lo que ha permitido que en todo este tiempo se hayan puesto en marcha muchas iniciativas en la casa. Una de ellas ha consistido en la apertura de una biblioteca, compuesta por una colección de libros de Arte e Historia, a lo que se suma un intercambiador de libros que funciona de igual modo que el Bookcrossing. Otro de los servicios planteados desde el proyecto ha sido la puesta en marcha de una plataforma de coches compartidos. “Con esta idea se trata de facilitar el transporte y de abaratar costes. También es una forma de desprenderse de la propiedad y ponerla al servicio de los demás como un bien común”, continúa Andrea.

En la casa, situada en el número 33 de la Plaza de España, se ofrecen otras actividades que permiten desde aprender alemán de una forma convivencial (yendo más allá de las clases con horarios fijos) a compartir comidas de diferentes lugares del mundo (iniciativa que se organiza mensualmente y en la que pueden participar hasta una veintena de personas).

En breve desean comenzar a hacer ciclos de cine desde uno de los salones de la casa, apostando por una programación distinta a la habitual. “En Aguilar hay un cine comercial pero falta una sala que programe cine-ensayo, películas en versión original… Tras haber ganado un concurso del portal de cine online Filmin, hemos conseguido una suscripción anual a su catálogo de más de 4000 películas. Todas las proyecciones serán los martes y los jueves y se harán en versión original. Serán gratuitas y el aforo será de 33 personas”, explica Andrea.

También organizan tricotadas junto a la puerta principal de la casa. “Empezamos el año pasado tomando la idea de propuestas como la guerrilla knitting o las yarn bombing. También hemos establecido colaboración con otros colectivos de mujeres tanto en Perú, como es el caso de Suma Manuela, como en Madrid, como es el de Teje la araña. Con ello queremos tejer una red e incorporar otras iniciativas, pero también recuperar la autogestión del espacio público. Quedamos cada miércoles a las 17 horas, momento en el que sacamos las sillas del KUKU a la plaza y nos colocamos en el portal. Con ello queremos hacer visible esta actividad”, continúa Andrea.

Taller de arte urbano impartido desde este sábado por José Linares. Foto: Andrea Milde.

Taller de arte urbano impartido desde este sábado por José Linares. Foto: Andrea Milde.

Un servicio de biblioteca, una plataforma de coches compartidos, espacios convivenciales para el aprendizaje de idiomas, ciclos de cine, convocatorias para tejer… son sólo algunas de las propuestas de esta casa. “Está ideada como un centro de encuentro, como un espacio colectivo. Yo no gestiono todos los contenidos. Se trata de buscar una fusión entre diferentes expresiones artísticas, con enfoques distintos y donde puedan caber todo tipo de actividades pero donde también necesitamos la implicación y el compromiso de la gente del territorio. No buscamos tener una programación completa anunciada con unos horarios y contenidos para que la gente se apunte, sino hacerlos partícipes de la soberanía cultural dándoles un espacio para que participen también en la generación de propuestas. Así podremos ir generando una KUKU comunidad. Funcionamos sin subvenciones. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos”, aclara Andrea. Un ejemplo de este modo de funcionar lo ofrece el taller sobre arte urbano que está impartiendo en sus instalaciones el ilustrador José Linares desde este sábado.

El KUKUprojekt, que aunque tiene unos horarios flexibles se abre al público de lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas, es un ejemplo más de otras experiencias similares de recuperación de espacios en el ámbito rural para albergar actividades artísticas. Dentro de Castilla y León existe también otro lugar, llamado El Hacedor y situado en la localidad burgalesa de la Aldea del Portillo del Busto, donde se organizan exposiciones de arte, intercambios artísticos y charlas. Ambos proyectos constituyen dos ejemplos de cómo recuperar, dar una nueva vida y estimular un ámbito que, frente al éxodo y la despoblación, aún tiene muchas opciones por ofrecer y acoger. Sólo es cuestión de atreverse a dar el paso.

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