Algunos poemas dedicados a la escultora Castorina

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Este verano se han sucedido los homenajes de amistad a la escultora astorgana Castorina, que a sus 85 años atesora una rica trayectoria vital y artística.
Reproducimos aquí algunos de los poemas que le han dedicado sus amigos Antonio Gamoneda, Manuela Bodas Puente, José Luis Puerto, Toño Morala, Eloísa Otero…

— — —
Castorina

De los abismos castigados por las tormentas y los vientos,
del sílice obediente a la incandescencia volcánica,
de la congregación de los basaltos y los mármoles
y de los cantizales ocultos en los ríos, casi una eternidad
que acarician las aguas,
con sus manos visitadas por la luz, Castorina
rescata las profundas esferas maternales
y las entrega suavemente
al espacio.

Ah ternura terrestre, acumulada
pulsación de materias levantada por el amor,
ahora semejante a la majestad giratoria
que al filo del crepúsculo establecen los pájaros.

Como a un reino perdido, mis ojos invernales
regresan a su infancia.
Ah, creadora de albas,
labradora del aire, escultora del tiempo,
vidente serenísima de un pasado sin lágrimas.

ANTONIO GAMONEDA

— — —
CASTORINA, TE LLAMARÉ CAS-MATER-INA

Hay una piedra escondida en tu alma.
Una piedra fértil
que madura en tus manos.
Es una piedra gozosa, abierta a dar vida.
En los ojos de esa piedra
habitan las pupilas del inicio.
Sus manos de humanidad,
vuelan en una infinita caricia.
Hay una piedra nacida en mañana
que lleva semillas a la buena orilla.
Con esa piedra has edificado,
la esencia de las ganas, del amor,
de la entrega al juego más hermoso:
La existencia.
Madre es una palabra tan llena,
tan poderosa y grande,
como el viento que mueve
las luces de la tierra.
Como el sol, que amanece sin fronteras.
Como el agua, que purifica los sentidos.
Madre, madre, madre,
quise ser ese niño
que sostiene la piedra para siempre.
Piedra, piedra, piedra,
quise ser esa madre eterna y verdadera.
Esa madre guardiana para siempre
del fecundo secreto guardado en su útero,
que ya no es de piedra. Ya no es de piedra,
tú le has dado aliento. Tú le has dado nacimiento.

Dedicado a Castorina por su MATERNIDAD.
También a Amancio González que ayudó a la piedra en su alumbramiento.

MANUELA BODAS PUENTE. Veguellina de Órbigo.

— — —
Maternidad, Castorina

La piedra calla,
Tú despiertas sus sílabas.
La piedra duerme;
Un silencio de siglos late en su corazón;
Una cartografía
De vetas y de enigmas
La recorre y la sella.
Pero tus manos abren sus secretos
Hasta el fondo gozoso del amor:
Una maternidad, un abrazo perenne
De la madre y el hijo
Y todo se hace luz,
Y el sentido recobra su existencia.
La melodía clara de tu ser,
La melodía clara de tus manos
Transfigura la piedra, Castorina,
Con el cincel de la delicadeza.
Y el alma de la piedra
Se hace maternidad
Y se hace protección y casa para todos,
Porque el amor impulsa
Golpe a golpe tus manos
Para darnos a todos
Esa belleza clara y sanadora
Que alberga la materia
En el secreto corazón del mundo.

JOSÉ LUIS PUERTO

— — — 
CASTORINA, la mujer que pone corazón y alma a las piedras

Entre la humildad del silencio y la sencillez de unas manos cálidas y fuertes, el cincel  y la maza se sienten a gusto. El frío de las cosas y su entorno valoran la mirada limpia de una creativa llena de arte y sabiduría.

Recala con sus imágenes llenas de sobriedad y pensamiento sobre lo que produce el vivir tan fuera de lo natural, tan a la orilla de la nada, y en ese mundo maravilloso de creatividad y pensamiento crítico, va encontrando las claves para sobrevivir, quitando el maquillaje de lo superficial y monótono.

Destinada al perfecto tiempo creativo, Castorina se deja llevar por las formas y los sentidos naturales; por esa llamada amplia de la belleza, y de esa manera austera y humilde, va encontrando la forma perfecta de expresión para llegar, a través de los sentimientos, a la pasión por la emoción tranquila y reflexiva.

No necesita pedir permiso al espacio común, pues deja a sus obras al libre albedrío de ellas mismas, y al de todo aquel o aquella que admira tanta sensibilidad.

Sus obras se  mimetizan entre el tiempo encontrado entre árboles, hierbas, y arquitecturas suaves, inventadas para la admiración.

Y de su trabajo, de esos miles  de golpes secos y precisos, de entre sus manos, también salen los silencios intermedios para el descanso de las herramientas fieles… gradinas, bailarinas, bujardas…

Y así pasa un tiempo habitado de duro trabajo, de compensación y admiración por lo bien hecho, por lo bien traducido.

La humildad de esa mirada, y esas manos soldadas a la belleza, dejan un legado inmenso de creatividad y humanidad; así queremos que sigas: fiel a las piedras a las que haces hablar, y a ese corazón tan lleno de vida.

TOÑO MORALA

— — —
(Para Castorina y Amancio)

En la gran piedra de mármol negro de 14 toneladas apareció una veta fallida.

“Desbastar puede parecer que sea
trabajar en falso”, dijo Amancio.

“Entre más piedra se quite,
más queda”, sentenció Castorina.

Sucede igual con las palabras:
Cuantas más quitas,
más queda.

ELOÍSA OTERO

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Ver también:

Un Comentario

  1. Pingback: Faro Gamoneda :: ‘Castorina’, un poema de Gamoneda :: September :: 2013

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