Topacio Fresh: “Los artistas no necesitan premios, sino trabajar y exponer”

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La galerista celebra el quinto aniversario de la Fresh Gallery, un espacio madrileño que ha logrado atraer a los jóvenes a sus exposiciones y se ha convertido en una plataforma de lanzamiento de nuevos talentos y redescubrimiento de otros. En esta entrevista Topacio Fresh se muestra crítica con algunos museos de arte contemporáneo: “falta riesgo en las propuestas y apoyo al talento español emergente, sobran exposiciones obsoletas importadas de otros museos”. También se arrepiente de haber presentado la polémica gala de los llamados Goyas del Arte (Premios RAC) y asegura que “los artistas no quieren premios, quieren trabajo”.

Por GERARDO LÓPEZ LÓPEZ
@gerloplop

Cinco años, para un proyecto relacionado con el arte contemporáneo en España, es tiempo suficiente para hacer balance de lo realizado hasta el momento, de los objetivos cumplidos y las ilusiones de cara al futuro. Con esa intención entrevistamos a la galerista Topacio Fresh, que en un lustro ha conseguido remover los cimientos del tradicional sector del galerismo madrileño con su proyecto, La Fresh Gallery, que responde a un modelo de galería diferente, transgresor y más próximo al público joven.

Ella también es una galerista muy alejada de la seriedad y el elitismo tradicional, pero sin abandonar el criterio y la buena selección de proyectos y artistas. Topacio es divertida, bella y controvertida. Sabe rodearse de buenos amigos y de gente con criterio. Antes de empezar la entrevista comienza la provocación y nos espeta con su dulce acento argentino, “no me hagas preguntas muy inteligentes ¿eh? que yo soy rubia, la gente se piensa que por ser galerista tengo que saber de arte (risas) y está mal que yo lo diga, pero no es estrictamente necesario, para mí la galería es una proyección de mi vida, de mi casa y de mis gustos y no necesariamente tengo que ser una experta para exponer lo que, en definitiva, a mí me gusta”. Se pone seria y explica que en la selección de los proyectos que expone en su galería parte de “lo que me gusta y encuentro más o menos un criterio y un sentir común con los artistas, con mi marido y con la gente que ha trabajado en la galería de comisaria, pero de ahí a que sea una historiadora del arte… y estoy siendo honesta”, avisa. Sin embargo tiene ideas propias sobre el sistema del arte en España, el papel de las ferias y de los museos y la falta de apoyo a los artistas con discursos más potentes.

—La galería acaba de cumplir cinco años, ¿Qué objetivos crees que habéis cumplido en este tiempo?

—Queríamos que la galería se posicionase y que tuviera un nombre reconocido, que la gente la identificase con un espacio, un barrio y una calle y sobre todo con una galerista. Este objetivo nos lo habíamos planteado en los primeros dos o tres primeros años, algo que sí he estudiado es marketing y sabía que lo primero que tenía que hacer era el posicionamiento de la galería y eso lo hemos conseguido con creces, quizás en ocasiones hemos llegado a la sobreexposición, pero la gente ya relaciona la Fresh con este sitio, con venir a las inauguraciones, creo que es un objetivo conseguido.

Otro de los objetivos que nos planteamos hace cinco años era trabajar con artistas jóvenes pero con capacidad y talento para crecer dentro del mundo del arte contemporáneo. Que algunos de mis artistas hayan entrado en colecciones de algún museo o institución, que algún coleccionista potente se haya interesado por otros, que muchos de ellos hayan podido publicar un catalogo o incluso que alguno haya sido cogido por otra galería, hasta el punto de haber sentido que me los robaban (aunque –explica seria– si se trata de una galería mejor, es mejor para los artistas), creo que todo eso es el cumplimiento de ese otro objetivo. Sin ir más lejos Gorka Postigo, uno de los artistas de la nómina de la galería, es ahora mismo uno de los fotógrafos más reconocidos y que no para de trabajar y ha hecho su primera exposición conmigo, a Nacho Torra lo sacamos prácticamente de la facultad de Bellas Artes de Cuenca cuando tenía 19 años y hoy que tiene 23 es suya la primera obra que llevo a una feria internacional. Mis artistas son gente que ha crecido.

[Pero entre los artistas de la galería además de talentos emergentes también hay otros que ya eran admirados por la galerista como Juan Gatti o Bruce Labruce. La exposición BIG, con la que se conmemoran los cinco años de la galería, es una muestra de los ocho artistas que según la galerista “han dado un paso firme y sólido en estos cinco años, por ejemplo con Fabio McNamara ha vuelto a renacer el interés por su obra pictórica, a Juan Gatti en estos cinco años le han dado la Medalla de Oro a las Bellas Artes, ha publicado su libro en La Fábrica y ha hecho la exposición en el Canal de Isabel II, todo después de nuestra exposición, y yo por supuesto no he sido la autora de esos éxitos pero sí he sido la promotora y me siento un poco parte de todo eso, no soy la dueña de ninguno de sus éxitos, pero sí he estado ahí acompañándolos y haciendo mi trabajo como galerista”.]

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—Precisamente quería preguntarte sobre eso, ¿cómo te planteas tu trabajo como galerista y como está organizada la galería?

—Mi marido (Israel Cotes) lleva la parte comercial de la galería y yo llevo la parte artística. Yo me encargo de la curatoría general de los proyectos expositivos, cuando no contamos con algún comisario que nos eche una mano, y en general estoy detrás del artista en sus proyectos. Los artistas me llaman por teléfono y me dicen “mira Topacio me ha llamado tal institución, o tal revista o he hablado con un coleccionista”, y yo aporto mi opinión, colaboro en todo lo que necesitan y estoy detrás de su trabajo. Luego, si se vende o no se vende, ya depende de muchos factores, no solo de nuestro esfuerzo, pero hacemos un trabajo intenso también en ese sentido, mandamos ofertas a las instituciones, a colecciones importantes y estamos muy pendientes de cualquier oportunidad para ellos.

—Si posicionar la galería y lanzar nuevos talentos son objetivos cumplidos ¿cuáles son los retos que te planteas para los próximos años?

—A partir de la exposición BIG hay un punto y aparte. Vamos a comenzar a ir a ferias internacionales, los primeros cuatro o cinco años sabíamos que eso era imposible, que íbamos a perder más que a ganar, pero a partir de este momento necesitamos arriesgar fuera de la galería. Trabajamos con artistas españoles que necesitamos mostrarlos fuera, porque en España la situación es bastante crítica. El otro día leí un artículo de Estrella de Diego que terminaba con la frase “menos Siria y más Soria” y estoy de acuerdo, hay que rescatar el talento español, buscar ese talento que tenemos porque existe, hay mucha gente con talento, muchos artistas buenos y con ganas de trabajar y eso es lo que queremos trataremos de representar fuera. Por supuesto esto es un negocio, yo no estoy aquí sólo por amor al arte, si yo los represento bien fuera significa que también los vendo bien y eso es bueno para el artista y es bueno para la galería porque sino no podríamos seguir adelante.

La primera feria en la que vamos a estar presentes es arteBA en el mes de mayo en Buenos Aires, es nuestra primera incursión internacional, pero también hemos aplicado para Colombia y vamos a aplicar para México y a Miami, esos son los proyectos para los próximos dos años.

—¿Qué tiene que tener un artista para entrar a formar parte de la nómina de la Fresh Gallery?

—Desgraciadamente aunque me interesan muchos artistas, por tiempo o por espacio no puedo tener más. En estos momentos creo que tenemos cerrada la convocatoria para poder trabajar con artistas nuevos.

Los artistas que tengo han llegado a mi por distintos caminos, por ejemplo con Brian Keny y Slava Mogutin compartí la iniciativa Globos Sonda en el MUSAC, uno es ruso y otro es americano, uno trabajaba el dibujo y el otro la fotografía, son muy contemporáneos a mí y estaban empezando conmigo, surgió una gran afinidad, compartimos gustos y proyectos. También tenían un discurso LGTB muy transgresor, uno había sido expulsado de Rusia precisamente por su poesía gay, no te olvides de que yo soy un personaje también muy implicado en este aspecto y vi que estábamos en la misma época, hablando del mismo tema y trabajando en cosas diferentes pero al mismo tiempo similares.

Juan Gatti, es otra historia, aparte de ser argentino, lo perseguí durante mucho tiempo y era como un ídolo para mí y al final se dejó atrapar. A Fabio lo convencieron Mario y Alaska para trabajar conmigo, yo no conocía la movida madrileña porque vine en el 2001 y no sabía todo lo que él significó, lo descubrí después, pero descubrí a un personaje fascinante y ahora entiendo porque es tan mítico y todo el mundo habla de él, es capaz de convertir una tarde aquí tomando un té y unas pastas en algo trascendental.

Alberto de las Heras sin ninguna duda por el talento, tiene una maestría con el lápiz como nadie, cuenta una historia con un dibujo, hace unos bocetos que son una maravilla, sueña con un cuadro y se levanta en mitad de la noche y lo dibuja, y cuando te lo cuenta, te enamoras de su trabajo. Nacho Torra es prácticamente el niño de la galería, lo descubrimos como te he comentado en la Facultad de Cuenca a los 19 años y nos lo presentó Rafa Doctor y desde que vimos su trabajo ya no lo soltamos… y así fuimos creciendo, conociendo a artistas nuevos, unos se fueron y otros se han quedado. Hay muchos que nos los presentan artistas o comisarios en los que yo tengo plena confianza.

—Las inauguraciones de la Fresh Gallery se han convertido en todo un acontecimiento en las que te puedes encontrar desde con Pedro Almodovar hasta con la Baronesa Thyssen, pasando por cientos de jóvenes que nos son habituales visitantes de las galerías de arte. ¿Qué estáis haciendo para crear nuevas audiencias para el arte contemporáneo?

—Nos hemos quitado los prejuicios, yo trabajaba antes en una galería que era muy seria y muy conservadora, no por la galería en sí que es una maravilla, sino porque había un ambiente demasiado serio y aburrido, no entraba nadie, tenías que traspasar una puerta de cristal que infundía mucho respeto y daba la impresión de que tenías que saber mucho cuando entrabas allí… y yo he querido romper aquí ese prejuicio, romper las barreras, tú no tienes que conocer ni el trabajo del artista, ni siquiera el nombre ni la técnica, pero sin embargo tienes que venir a observar, a pasar un buen rato, estar dispuesto a contemplar, incluso hay gente que no viene ni siquiera a ver las obras de arte, simplemente quedan aquí como un punto de referencia, me gusta decir que esta galería ha abierto las puertas a la desfachatez, no tiene ninguna barrera de entrada. Yo quiero que esto sea un paseo libre, un espacio dinámico.

Yo también interacciono mucho en las redes sociales, Internet me ha acercado a un público más joven y a otro que no había ido nunca a una galería y entran aquí por primera vez preguntado cuánto cuesta la entrada (risas). Eso es magnífico porque una vez que han entrado en ésta, pueden atreverse a entrar en otras galerías y a descubrir este mundo maravilloso.

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—El uso de la redes sociales, que acabas de mencionar, y la presencia on line de la galería son otras dos características diferenciales de La Fresh, ¿crees que son imprescindibles en este momento para una galería de arte contemporáneo?

—Es una herramienta gratuita y creo que la persona que no lo usa a su favor, se está creando un prejuicio y un perjuicio. Yo gracias a las redes sociales he conseguido que artistas de mi galería hayan expuesto en Italia, como los Rubenimichi, que Gorka Postigo trabaje en Francia… gracias a estas redes todo el mundo está comunicado y se abren muchas posibilidades, de pronto al otro lado del ordenador puede estar un director de un museo o una persona que tenga contacto con un coleccionista…

—Y en la web de la galería también tenéis tienda on line…

—A partir del día siguiente a la inauguración de una exposición todo se puede comparar en la tienda on line y desde el punto de vista del negocio de la galería supone un 20 o un 25% del total de las ventas. Tendría que ser algo más, pero al menos una o dos veces al mes tenemos alguna sorpresa, hemos vendido obras de Fabio, de Gatti o de Artefacto… hay artistas que se venden muy bien, tanto en la galería como en la web, aunque muchos coleccionistas consideran que para comprar una obra es necesario estar frente a ella físicamente.

—Cambiando de asunto, vamos a dar un repaso al actual panorama artístico de Madrid ¿qué te sobra y que echas en falta?

—No me sobra nada, puede que haya alguna cosa que no me interesa, algunas ferias en las que no me interesa participar o ni siquiera asistir, pero me gusta que se celebren. Lo que echo de menos dentro de las ferias son propuestas de artistas con más riesgo, con discurso político, porque ahora mismo estamos en una época en la que el discurso del artista es muy importante, algunos están gritando con lo que crean y me gustaría que las ferias y las instituciones dieran cabida a estos artistas con un discurso potente. Un artista que tenga un discurso fuerte o haga un juicio, o lo echan de la feria o de la institución, y eso no tiene que ocurrir, al artista nunca hay que cortarle el trabajo. El sistema del arte se ha vuelto políticamente correcto y conservador y eso tiene que ver con la endogamia que hay en este mundo, todos son amigos, pertenecen a los mismos círculos y están condicionados por sus relaciones, lo que provoca que todos trabajemos para volvernos más conservadores.

—En la última edición de ARCO, según dicen, se ha vendido más que en los dos últimos años, ¿crees que el mercado se está recuperando?

—Parece que se ha recuperado un poco sobre todo respecto a los últimos años. Yo he pasado por varias galerías que han vendido, no sé bien a quién porque a mí me resulta un milagro, pero lo cierto es que se ha vendido, ha habido museos e instituciones extranjeras que estaban comparando. Pero no es menos cierto que han vendido las cinco grandes, tampoco te creas que han vendido todas ni mucho menos. También es cierto que, con respecto a las grandes y poderosas ferias internacionales, ARCO se ha convertido un poco en feria low cost, tenían unos precios muy inferiores a los que se encuentran fuera. Ya no están esas galerías clásicas que vendían obras carísimas. Yo recuerdo que en ARCO se vendió hace unos años un Pollock, ahora absolutamente nadie va a comprar un Pollock o un Picasso en ARCO. En todo caso y con respecto a los dos años anteriores que no había vendido ninguna galería, creo que es un cierto alivio. ARCO me ha gustado más que el año pasado, aunque sigo echando de menos propuestas con un poco más de riesgo.

—¿Y vuestro mercado concreto también se ha reactivado?

—El mercado de la Fresh es un mercadito… (risas), nosotros hemos nacido en plena crisis y siempre he vendido, porque mis artistas suelen ser jóvenes talentosos con mucha proyección y eso les hace muy atractivos para el comprador. Cuando otras galerías tenían problemas para vender una obra por 30.000 euros, a mí se me hacía más fácil vender una de 300, y es ahora cuando se me está nublando un poco el panorama, porque las demás galerías están pisando la realidad en la que yo siempre he estado, optan por artistas jóvenes con precios razonables. Creo que en general ha habido un cierto ajuste en el mercado real del arte.

—¿Cómo valoras el papel de los grandes museos de arte contemporáneo en España?

—Se trata de grandes instituciones que tienen un presupuesto anual y no entiendo que se lo gasten en traer grandes exposiciones arcaicas del extranjero y no inviertan prácticamente nada en artistas jóvenes emergentes. En mi opinión se ha hecho una buena labor en La Casa Encendida y la está haciendo ahora, por ejemplo, el Centro de Arte La Térmica de Málaga, pero del Reina Sofía yo hace años que no veo una exposición de artistas jóvenes emergentes españoles. No entiendo porque en vez de trabajar con ellos, traen la japonesa Yayoi Kusama que es número uno del mundo, superventas y que su trabajo se puede ver en los escaparates de las tiendas de Louis Vuitton. Yo prefiero ver el trabajo de diez artistas nuevos.

—Para terminar hablemos de la polémica gala de entrega de los premios Reconocimiento del Arte Contemporáneo (RAC) que tú presentaste. Has recibido muchas críticas y ha provocado incluso la dimisión de Miguel Cereceda, presidente de la Asociación IAC, organizadora de la iniciativa. Me gustaría que nos dieras tu propia versión de lo que pasó y cómo valoras, una vez apagados los ecos de la polémica gala, estos premios.

—Primero quiero aclarar que yo, aparte de tener una galería, trabajo en programas de televisión, hago de presentadora de eventos, trabajo en algunas ocasiones como curadora, por ejemplo presentando una colección de videoarte en el MUSAC, en fin que diversifico lo más posible mi actividad profesional porque me doy cuenta de que viviendo sólo de la galería no cumplo completamente mis expectativas, a veces gracias al trabajo de la tele puedo mantener la galería.

La propuesta para presentar la gala me llega de la empresa contratada por IAC para organizar el evento, por lo que no quiero dejar claro que no tengo ningún trato directo con IAC. Me entregan un guión la tarde antes de la gala y nada más verlo me di cuenta de lo que iba a pasar. La misma tarde que leo el guión hablo con Cereceda y le comento que el guión es un poco fuerte, pero él considera que lo tomarán con humor aunque yo no lo veía muy claro. Decidí hacerlo porque me habían contratado y era un compromiso profesional, pero al día siguiente de la gala me di cuenta de que había sido un error, que yo como galerista, que represento a artistas, no debía hacer leído aquel guión, pero en el momento no pensé que iba a ser tanto lío. La verdad es que la gala fue casposa por demás, los discursos se alargaron, el guionista no tenía nada que ver con el mundo del arte, en fin, repito que me he arrepentido, no estaba cómoda, pero allí yo no estaba como galerista sino como presentadora, y como presentadora tenía que leer correctamente, cambiarme de ropa y hacerme la guapa, ese era mi papel y lo hice, creo, correctamente. Ha sido una equivocación aunque no entiendo porque me criticaron tanto a mí. Por otra parte considero que la dimisión de Cereceda estuvo bien, asumió su responsabilidad ya que se trataba de un proyecto muy personal que trató de sacar adelante y fracasó.

—Pero como agente del mundo del arte contemporáneo ¿los premios te parecen una buena idea?

—Considero que es absurdo hacer un premio tal y como está el panorama. Yo haría una convocatoria para artistas, sacaría un catálogo, trabajaría de otro modo con los artistas, no premiaría nada en un momento en el que los artistas lo que necesitan no son mimos sino trabajar y exponer. Yo creo que el mejor reconocimiento del artista es el trabajo y eso es lo que les falta, habría que generar algo para mostrar y estimular el trabajo de los artistas, ese sería el mejor premio.

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