Andrés Sánchez Robayna: “La poesía propone un mundo esperanzador”

Andrés Sánchez Robayna. © Fotografía: Eloy J. Rubio Carro.

Andrés Sánchez Robayna. © Fotografía: Eloy J. Rubio Carro.

Con motivo del ‘Encuentro de Traductores y Escritores’ celebrado recientemente en la localidad maragata de Castrillo de los Polvazares (León), el profesor de filosofía astorgano entrevista a Andrés Sánchez Robayna, ensayista, traductor y poeta.

Por ELOY J. RUBIO CARRO
Desde el suplemento Contexto Global de astorgaredaccion.com

Con motivo del Encuentro de Traductores y Escritores celebrado en la localidad leonesa de Castrillo de los Polvazares (a 5 kilómetros de Astorga), hemos entrevistado a Andrés Sánchez Robayna, ensayista, traductor y poeta. Nació el 17 de diciembre de 1952 en Santa Brígida (Gran Canaria). Ha sido conferenciante y profesor en diversos centros y universidades de Europa y de América. Es catedrático de Literatura Española de la Universidad de La Laguna. En 1976 funda y dirige la revista Literradura (Barcelona)2, de la que salieron doce números. En 1983 funda la revista Syntaxis que se publicará durante diez años en Tenerife, hasta 1993. Fue director de la sede canaria de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, así como director del Departamento de Debate y Pensamiento del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), de Las Palmas de Gran Canaria, a raíz de su fundación. Dirige el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna.

En el preliminar de su trabajo ‘Tres estudios sobre Góngora’ afirma que Góngora sea tal vez el más moderno de los poetas en lengua española pues ‘Las Soledades’ dice, “son una versión de la metáfora del mundo en un proyecto de hacer del texto un universo autónomo el cual rehace el mundo en su escritura”. ¿Hallaríamos en la poesía de usted un proyecto similar?

Salvadas las distancias con respecto a don Luis de Góngora, en efecto, habría una comunidad de planteamientos en cuanto a la idea de que el mundo puede ser leído como un texto. Esto es una metáfora clásica y periódicamente tiene nuevas manifestaciones en la historia de la literatura, y es una metáfora que a mí me interesa mucho y creo que mi escritura la ha desarrollado en varias direcciones, de modo que veo la naturaleza y el mundo en general, todo lo existente como si fuese un texto y la función del poeta fuera leer correctamente ese texto; y no sólo la función del poeta, sino la de cualquier ser humano. De hecho se dice incluso desde la biología que nuestras vidas no son sino el desarrollo de un código ya establecido, un código que por tanto sería leíble, interpretable, claro. De modo que incluso desde la biología se plantearía un paralelismo con respecto a esa visión del mundo como escritura o como texto. El mundo, la idea clásica del ‘liber mundi’, libro del mundo. Es una metáfora bellísima.

También conoce usted lo que se ha denominado ‘Él círculo hermenéutico’. Así, cualquier interpretación del mundo entra a formar parte del mundo, abre el mundo en este andar al siguiente paso interpretativo, a una nueva lectura siempre pendiente y desde ahora ya de la recién realizada.
Si su poesía expresa tal lectura del mundo, una lectura que va comprendiendo e incorporando el mundo, y si está claro que no toda comprensión del mundo lo es a la manera poética, ¿cuáles son las especificidades de esa comprensión poética del mundo?

La poesía proporciona una lectura esperanzadora del mundo. Por un lado la poesía, al menos la que a mí me interesa, no sólo critica el mundo existente, no solo denuncia sus aspectos negativos, no sólo denuncia el dolor del mundo, por ejemplo las guerras, el hambre, la injusticia, sino que propone un mundo esperanzador. Por tanto una de las funciones de la poesía es ofrecer la imagen más esperanzadora del ser humano. A mi modo de ver ésta es una de las grandes lecciones de la poesía en la historia. La poesía mejora, perfecciona nuestra imagen del ser humano, la lleva hasta un punto en que es capaz de acercarla a una visión utópica, hace que la utopía se convierta en algo viable, factible, visible. Y en esa medida la poesía tiene una aportación específica que hacer a la comprensión del mundo. No es la visión científica, no es la de la filosofía, se trata de una visión propia, específicamente suya, en la que interviene por un lado el pensamiento mágico, heredado del pensamiento antiguo y al mismo tiempo incorpora poco a poco las visiones que se van produciendo en cada época histórica; así en el renacimiento con las ideas del humanismo, en el siglo XIX con las ideas propias del romanticismo y  del positivismo etc. De modo que esa es mi idea de que la poesía tiene una función específica propia, exclusiva de ella.

Sería algo así como con una utopía realizada en el lenguaje, una utopía realizada no una posibilidad utópica.

Sí, está muy bien observado, en efecto, la poesía no nos propone, digamos, como el marxismo un mundo mejor en el futuro; nos lo propone en el propio lenguaje que estamos leyendo, en la propia imagen del mundo que está ofreciendo cada poema, en ese instante; de manera que sí es una realización concreta de la utopía en el momento de la escritura y en el momento de la lectura.

Andrés Sánchez Robayna. © Fotografía: Eloy J. Rubio Carro.

Andrés Sánchez Robayna. © Fotografía: Eloy J. Rubio Carro.

Aunque yo no posea una visión histórica del cambio en su poesía, sí que parece que ese cambio existe. Su primera poesía yo la veía como una luz que iluminara un espacio utópico, sin embargo luego va incorporando, creo yo, el tiempo. El tiempo y en los últimos poemas mucho más humanos, si cabe la expresión, en el sentido de que aparece la muerte, se manifiesta ese tiempo como límite.
¿Cuál es el extraño mecanismo por el que la poesía puede escapar a la contradicción de llevar el sentimiento y el conocimiento humanos hasta la representación de una imagen del mundo, sin dejar de ser ella misma una parte del mundo que ella va representando. La pregunta a mí me surge de aquella imagen que daba Borges cuando él dice que en la infancia cobró conciencia del infinito a través de una lata de Colacao. En esa lata una recolectora de cacao llevaba un niño en brazos, el cual portaba la lata de Colacao en que se le representaba. Entonces si esa lectura que desentraña el mundo tiene que ser desentrañada ¿No hay aquí una petición de principio? ¿No hay una contradicción en el hecho de que esa representación del mundo que va a realizar la poesía forme a partir de entonces parte de ese mundo?

—Ahí hay un problema, digamos, de realidad y de representación. Es evidente que la poesía como cualquier expresión artística es una representación del mundo pero al mismo tiempo es el mundo. Es decir la poesía es un hecho del mundo, no es una cosa distinta a él. Un filósofo está hablando de un modo de entender el mundo, de una forma incluso de actuación sobre el mundo, evidentemente depende del tipo de filosofía que sea; pero la poesía es una manifestación misma del mundo, no está separada de él. Y digo la poesía en un sentido amplio, no ya la poesía escrita desde unos códigos estéticos, etc. Sino al modo en que una madre cuando toma a su niño en brazos y le dice ‘mi cielo’ está haciendo una supermetáfora, incluso sin ser consciente de ello, al decirle ‘mi cielo’. Es evidente que ahí el lenguaje está realizando el mundo,  forma parte del mundo, es indistinto del mundo; en ese sentido yo decía que la poesía no puede verse como algo aparte, sino que es una expresión perfectamente ligada, indisociable a la experiencia del mundo, a la experiencia de la realidad, a la experiencia de la vida.

José Francisco Ruiz Casanova dice en la introducción a la antología de la poesía de usted, ‘El espejo de la tinta’, que “para Andrés Sánchez Robayna la obra se constituye como un todo en el que la poesía, las versiones de autores extranjeros, los estudios filológicos, la crítica literaria y los diarios establecen entre sí corrientes de comunicación y correspondencias internas que espejean unos textos en otros”. Si esto fuera así, ¿cómo se favorecen o dificultan estas corrientes internas cuando nos referimos a un ensayo o a un poema? ¿Cómo se ayudan o impiden mutuamente un tipo de escritura y la otra?

—Porque el lenguaje se manifiesta de múltiples maneras y están todas esas formas unidas por una desconocida raiz común. Todas son expresiones del lenguaje. Eliot, el gran poeta Eliot decía que escribíamos ensayos cuando no escribíamos poesía. De modo que son manifestaciones distintas de una sola cosa, diría yo. Son realidades del lenguaje. Unas veces el lenguaje se manifiesta de una manera y otras veces se manifiesta de otra; por ejemplo en la traducción; que para mí es inseparable de la poesía; al traducir un poema estoy haciendo poesía. O incluso cuando en algún ensayo estoy reflexionando sobre el fenómeno poético, es decir examinando la poesía desde el ángulo de una cierta reflexión crítica, de modo que todo eso está encadenado, diríamos que son distintas manifestaciones enlazadas de un único fenómeno que es la experiencia del lenguaje. El lenguaje digamos como fenómeno total, el lenguaje, a decir de Heidegger, como ‘Casa del Ser’. Así unas veces escribimos poesía y otras veces escribimos una reflexión sobre el fenómeno poético o sobre el fenómeno literario, otras veces traducimos un poema…

Portada de la antología "El espejo de tinta".

Portada.

—Entonces no escaparía de hecho, creo que no escapa a esa comunidad o a ese modo común originario del lenguaje, el lenguaje de la ciencia, el lenguaje empirista que suponíamos totalmente objetivo, también estaría preso de ese encantamiento. La metáfora abunda ahí tanto…

Por supuesto que sí. La ciencia posee mecanismos de imaginación, eso ya lo decía Einstein, que son propios de la poesía y, resulta curioso además que haya subrayado la importancia del sentimiento del misterio, y cada vez que se menciona esta cuestión de cómo el misterio es una parte connatural del ser humano es importante recordar lo que decía Einstein, que también para la ciencia, la imaginación y el sentimiento del misterio son esenciales en todos sus procesos de conocimiento del mundo como hecho. Por tanto también la ciencia y la poesía se comunican, y lo hacen a través del elemento conector del sentimiento del misterio.

Tan acostumbrados estamos a esas separaciones radicales que nos suena esto muy extraño.

—Hay que recordar que la poesía y la ciencia eran comunes en la Grecia clásica; no digamos en el mundo latino con Lucrecio. Y de hecho hasta siglo XVIII la literatura englobaba también la ciencia y esto es un fenómeno que conviene recordar. Solo a partir del XIX se produce esa especie de disociación de caminos que no se corresponde con la realidad, digamos, de todas estas expresiones del ser o del conocimiento que coinciden en que quieren ser conocimiento. Conocimiento del mundo, y experiencia del mundo.

Usted ha dicho del lenguaje de la poesía, que encarna un más allá del lenguaje en una conciencia religiosa. ¿A qué se refiere cuando señala que sus poemas están investidos de un sentido religioso en el estricto sentido filosófico del término?

Esta cuestión es para mí absolutamente esencial, porque tenemos una experiencia y una interpretación del hecho religioso desde la confesionalidad, y la confesionalidad no es más que una de las formas de manifestación del sentimiento religioso. Y es que el sentimiento religioso es absolutamente connatural al ser humano, y las confesiones religiosas no son más que codificaciones de ese sentimiento. Las confesiones religiosas tienen una aparición histórica y tendrán en su día una desaparición histórica. Sin embargo el sentimiento religioso permanecerá. Es lo que decíamos hace un momento acerca del sentimiento de misterio que expresaba Einstein. Nacemos con ese sentimiento, morimos con ese sentimiento. Son las grandes preguntas; no saber quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Por tanto la poesía redescubre en el ser humano ese sentimiento, le da un nuevo impulso más allá de toda categoría confesional y nos acerca a nuestras verdades profundas; y cada vez que leemos un poema tenemos un reencuentro con nuestra naturaleza profunda y ello nos permite conocernos más y mejor a nosotros mismos.

La crítica coincide en señalar tres momentos en su poesía, una etapa que va desde 1970 hasta la publicación de ‘La roca’ y ‘Triptico’, en la cual se proponía una creación de un mundo textual en el espacio del lenguaje; una segunda etapa con ‘Palma sobre la losa fría’ de 1989, en la que se produce una poesía más reflexionante, y un tercer momento que iniciándose con ‘Tras la duna’ de 2001, nos trae hasta aquí mismo con ‘La sombra y la apariencia’. ¿Cómo influyen las enseñanzas de la edad en los cambios que se van produciendo en su poesía? ¿Cómo se va enseñoreando el tiempo y sus límites a partir de la segunda etapa, o es que esa conciencia que ya estaba a cada golpe de escritura y lo único que hiciera es hacerse más explícita?

Son preguntas muy complejas, necesitaría bastante más tiempo del que disponemos aquí. En esencia se trata de lo siguiente; a diferencia de otros poetas, que tienen una obra digamos más en bloque, más cerrada, digámoslo así, Jorge Guillén o Paul Valery y tantos otros, yo creo haber tenido una cierta evolución; y dentro de una unidad esencial yo creo que esa evolución va desde la conciencia del espacio a la conciencia del tiempo. Del espacio al tiempo. Pero en los últimos años y especialmente en ‘La sombra y la apariencia’ bueno, a partir sobre todo del libro ‘Tras la duna’, que es un largo, larguísimo poema unitario, hay una especie de síntesis, una síntesis espacio y tiempo, una mayor interdependencia y conjugación de ambos. Es decir, que al paso de los años, las enseñanzas de la edad no nos permiten ser aquella persona que escribía a los 15 años. Ahora con 60 cumplidos, el drama del tiempo, el drama de la impermanencia del ser humano, el drama de cómo nos enfrentamos a una realidad esencialmente desconocida que es el paso del tiempo y sobre todo la memoria, el acrecentamiento de la función de la memoria, esto va adquiriendo un relieve infinitamente mayor que el que tenía cuando empecé a escribir. Hay un verso de William Wordsworth que decía que el niño es el padre del hombre, un verso bellísimo; somos hijos del niño que fuimos. Nosotros no somos padres de ese niño, es ese niño el que es nuestro padre. Estamos aprendiendo constantemente de él, pero eso sólo se sabe con los años, conforme se avanza en el tiempo.

Portada de "El libro, tras la duna".

Portada.

—También en su poesía el niño es la propia poesía que al principio era espacio puro casi inmóvil, pero que ínsitamente en ella y de ella el tiempo se echa a andar. Ya lo encontramos en el primer momento cuando el espacio se está haciendo. Algo que se hace tiene ya un recorrido aunque como usted dice sea aún un recorrido sin memoria, digamos sin conciencia; pero también parece cierto que el tiempo es tiempo de antes y tiempo de después. Entonces aparece el temor, la conciencia del límite…

—…y la idea de la finitud que también es connatural al sentimiento del tiempo, y como dicen los físicos teóricos el tiempo tuvo un origen y el tiempo tendrá un fin,  algún día. Es una perspectiva aterradora la idea de que el tiempo tendrá fin. Esencialmente somos un accidente. Polvo de estrellas. Polvo de estrellas.

Pero polvo enamorado, que decía Quevedo.
Se ha dicho de su poesía que es una poesía del silencio. ¿Cómo se articulan lenguaje y silencio en sus poemas? ¿Quién llevaba la pauta en esta danza? ¿Cómo se hace un silencio que sea poema?

La poesía del silencio no es más que un marbete crítico para denominar a un cierto tipo de escritura poética. El silencio es inseparable de cualquier experiencia del lenguaje y fundamentalmente es inseparable de cualquier experiencia musical. Si sólo existiera sonido, si no existiera silencio el sonido tendría un sentido totalmente distinto. Lo que para la música son las pausas, lo que algunos técnicos de la música llaman las playas, es decir los momentos en que el sonido desaparece, ‘las playas de silencio‘ tienen idéntico valor en la poesía, ese espacio en blanco que va entre estrofa y estrofa. Dámaso Alonso decía que Fray Luis de León había conseguido hacer expresivo ese silencio, que ese silencio fuese, dijese algo; y en efecto, la gran poesía y no sólo la llamada poesía del silencio vuelve expresivo ese espacio interestrófico, y lo vuelve algo muy relevante desde el punto de vista de la expresión verbal; de modo que silencio y lenguaje son inseparables, no existen el uno sin el otro; es más en poesía el silencio es el punto de partida. Aquel poema que no logre ser más importante que el silencio debe omitirse, debe suspenderse.

—Es una danza entonces de silencio y de palabra.

Sí, por supuesto que sí, una danza.

—Esta mañana leyendo un poema suyo al azar, de la antología ‘El espejo de la tinta’, se mencionaba ‘la nube del no saber’ como una manera de acceder al conocimiento ¿Ese no saber es el que danza en el silencio de la poesía?

Por supuesto que sí. El silencio es uno de los aspectos más queridos por la mística, y ‘la nube del no saber’ es un gran texto místico, es un clásico de la mística que asocia el conocimiento al silencio, de modo que una vez más todo está relacionado con todo, todo es una especie de tejido, todo está en todo. Otro gran principio filosófico.

...

Portada.

—Anaxagoras dixit, pero a mí  me viene recordando más a Leibniz y al mundo al que puede llegarse con solo asomarse a la ventana de uno mismo.

Pero eso que se ve desde la ventana se ve mejor a la manera de Spinoza, un filósofo esencial para entender la naturaleza como un dios, ‘Deus sive Natura’. Por eso se dice que Spinoza es el filósofo preferido de todos los poetas. El poeta ve en cada cosa, en cada elemento de la realidad una forma sagrada y ese es el sentido que Espinosa daba la naturaleza.

El entorno físico parece relevante en su poesía, siendo la experiencia de la insularidad el detonante de la revelación poética. Resulta extraño para un mesetario entender el significado de todo ello. ¿Podría explicar el sentido de una experiencia de ese tipo y cómo viene a concretarse en sus poemas?

Para un mesetario y para cualquier persona en general la experiencia del espacio es esencial. Para todo ser humano es esencial, ya que estamos ligados espacialmente al mundo.

Pero no de la misma manera.

No de la misma manera por supuesto. Lo que hace la experiencia de la insularidad es subrayar la experiencia del espacio; porque precisamente al insular es lo que le falta, espacio. Es un espacio limitado, por eso para los insulares de islas pequeñas lo importante es que el espacio tiene un límite. Entonces la dimensión y la experiencia del espacio son muy intensas, ya que la tierra acaba y comienza otro espacio distinto con el cual se establece una comunicación diferente. La experiencia de la insularidad ante todo nos viene a decir que hay una dimensión del ser humano esencial que es la dimensión del espacio y en ese sentido mi escritura trata de subrayar ese elemento y de hacer lo posible para que el lector tenga esa dimensión espacial muy viva, muy directa, muy inmediata…

(Señalando al título de una antología situada encima de la mesa:) Ahí tenemos esas ‘ínsulas extrañas’.

—Esa es una expresión de San Juan de la Cruz, bellísima, ligada a lo desconocido. Y para la imaginación medieval que luego heredaron los renacentistas y los barrocos, las islas remotas eran la expresión perfecta del misterio, las islas extrañas. Ya todo ser humano aspira a esa especie de beatitud de lo desconocido representado por las ínsulas extrañas.

—Que acabaría siendo representación de las poesías y de la inaccesibilidad que pueden tener y de esa extrañeza que provoca un lenguaje que revela… 

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