Quietud

Gaza.

Gaza.

Por LUIS GRAU LOBO

Las mañanas abiertas en canal con una saturación de oro bruñido y un frescor primigenio prestos a desvanecerse sin aviso, pero al mismo tiempo, sin un mero atisbo de urgencia. Nubes a veces mortecinas y otras gallardas, aventuradas estérilmente contra el destello despiadado y cegador, triunfante en todo horizonte. Calles como mares en calma, provistas de la claridad quebradiza de los sueños, olvidadas al paso, al ritmo de los embates de mareas malogradas por desapercibidas. Tareas absurdas y paradójicas. A cada movimiento, su contrario, a cada lentitud, su diligencia. Allí huellas de cosas extraviadas, tal vez perdidas definitivamente; acá, los indicios de novedades tal vez extrañas, tal vez inoportunas, pero indicios al cabo. Un catálogo inagotable de insectos, sus zumbidos afanosos, sus existencias vigorosas y frágiles. Pájaros aturdidos, a medio viaje hacia destinos asombrosos. Flores y hierbas encendidas por el sol y abrasadas por él. Arroyos mudos. Pieles curtidas, encarnadas. Gritos de críos, silencios culpables de anciano.

Las tardes y su cadencia oleaginosa, su oleaje exhausto, su densidad punzante, febril en ocasiones, hendida de parte a parte por fastuosos, monstruosos epílogos, atardeceres de una demora equívoca. Luces como contraseñas, contraseñas como jeroglíficos, enigmas de tan inocentes e infantiles, herméticos. Promesas. Decepciones. La negrura de la noche. Y, entonces, el firmamento; como un inmenso cedazo inverso, opaco, sólido y cóncavo atravesado súbitamente por ráfagas de pura luz radiante y fugaz, mensajes inescrutables de un dios desafecto y remoto. Fragancias extrañas, irrepetibles y desasosegantes; y, en lo más hondo, resonancias de una ultratumba tan vaticinada como inocua, heraldos aún de un mundo otro. Languidez. Verano: el país de la morosidad, la estación estacionada, estática, la aestas. Y los verbos —todos ellos—, errabundos, detenidos, prescindibles.

Pero, de pronto, la guerra. Y el verano, en añicos. Y… maldigo.

(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 2/8/2014)

Un Comentario

  1. Venancio Iglesias Martín

    Precioso ¿no? Y sobre todo lamento de oportunidades de belleza y placer perdidas con el primer bombazo.

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